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lunes, 30 de octubre de 2017

Maya y Matan: Corazones cardinales

Foto: Marie Pain / Colección: Auditorio Nacional.


En concierto / 30 de octubre, 2017 / Función única /
1:55 hrs. de duración / Promotor: Orli Beigel.

Julio Alejandro Quijano
Se ponen de pie. Todos. ¿Por qué? Casi seguro porque, como le pasaba a José Vasconcelos con los libros, hay música que se puede escuchar sentado, pero existe otra que, en cuanto se descubre su genio, provoca el impulso de levantarse.


Empieza Maya por el final, con las últimas estrofas del tema que compusieron Agustín Lara y su hermana María Teresa: “Piensa en mí / cuando sufras, / cuando llores / también piensa en mí. / Cuando quieras / quitarme la vida, / no la quiero para nada, / para nada me sirve sin ti”. Su fraseo denota el esfuerzo de quien ha aprendido español con entusiasmo: no es perfecto, pero sí emotivo.

Entra Matan: tom, platillo, platillo, tom, tom. Es la contundencia de quien ha deconstruido la pieza para descubrir los elementos esenciales y presentarlos de una manera simple e innovadora.

Lo que sigue es un aplauso espontáneo y explosivo para este dúo israelí, Maya Belsitzman y Matan Ephrat, al que le gusta definirse como música del mundo. “Es nuestra primera vez en México y por eso quisimos hacer algo especialmente para ustedes”, dice ella en inglés al ver que todos están de pie para agradecer la manera en que convierte el bolero de Lara en un jazz que hasta le permite una improvisación con su chelo.

No es lo único que ofrecen en español. También su corazón. El respectivo tema de Fito Páez se ha convertido en una especie de himno desde su primera gira en Latinoamérica hace dos años, cuando llegaron al Festival de Jazz de Buenos Aires; ahora vinieron al Festival Internacional Cervantino y se presentaron en el Templo de la Valenciana, en Guanajuato.

En el Lunario, Matan inicia “Yo vengo a ofrecer mi corazón” con percusiones que tienen algo de tribal, como llamando a la guerra, y que dan paso a la voz de Maya: “¿Quién dijo que todo está perdido? / Yo vengo a ofrecer mi corazón, / tanta sangre que se llevó el río, / yo vengo a ofrecer mi corazón”. Otra vez el aplauso es de pie.

La sesión en español incluye “Recuerdos de Ypacaraí”, en la que Maya conserva la palabra guaraní “kuñataí” (que significa “señorita”), lo que le da aún más sentido a su ímpetu global, a su idea de ser músicos que hacen de las fronteras una posibilidad de descubrir y reinterpretar: hablan en inglés, cantan en español, pero se comunican con música.

Eso explica que las ovaciones de pie también son para “Mishehu”, popular canción hebrea que condensa un mensaje de sabiduría: “al final de los tiempos alguien me espera para responder a mis preguntas”.

La intención mística es constante. “La siguiente canción es una de las más hermosas que he escuchado en hebreo. Me gustaría traducirles tan sólo los primeros versos. Se llama ‘Become’ y dice: ‘Ahora todo está perfecto. Ahora que estoy bajo la protección de la Madre Tierra, los problemas me parecen oportunidades y las cosas malas encima de mí se convirtieron en flores hermosas’”. Se llama “Hayi Shketa”, en la que mejor se aprecia la fusión de Maya (voz y violonchelo ágiles) y Matan (percusiones fuertes y profundas).

La despedida es de pie. Pero de parte de los músicos que van al proscenio, aplauden y señalan al público para mostrar que la admiración es mutua. “No seríamos nada sin ustedes, seguro que regresaremos”, dice Maya en español. 

Programa

Gipsy / Veshum sela / Mishehu / Tzama Lecha Nafshi / Yellow storm / Yo vengo a ofrecer mi corazón / Recuerdos de Ypacaraí / Hayi shketa / Never / Hayal / Yam yam yam / ladid Nefesh/ Piensa en mí.

Foto: Marie Pain / Colección: Auditorio Nacional.

Foto: Marie Pain / Colección: Auditorio Nacional.

Foto: Marie Pain / Colección: Auditorio Nacional.

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