lunes, 11 de septiembre de 2017

Ara Malikian: Concerto grosso

Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional

La increíble historia del violín. Con la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes / 11 de septiembre, 2017 / 
Función única / 2:20 hrs. de duración / Promotor: Arbici, S.A. de C.V.


Gustavo Emilio Rosales
Es un recital en tono Ara mayor. En compañía de la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes y de un ensamble de músicos cuya sonoridad transpira esencia de rock fuerte, el violinista libanés de origen armenio Ara Malikian acaricia con enjundia y talento las cimas de una contagiosa prosperidad musical.


Hay mucho pelo, muchos temas, mucha apuesta pasional sobre la escena. Frenesí. Malikian corre de un lado a otro del recinto, sin perder contacto con su compromiso artístico cifrado en un instrumento, el violín, que por instantes parece formar parte de su corporalidad, a modo de órgano biológico al viento o bien exoconciencia.

Saltos, extensiones súbitas de piernas, violentos giros de cadera, inclinaciones, remolinos de cabello ensortijado y muecas a destajo que otorgan un aura de lucimiento casi insoportable a la barba de profeta que Malikian ostenta como sello personal. Ocasionalmente, el violinista árabe remite con su inquieto deambular al comportamiento escénico del mítico líder del grupo británico Jethro Tull, Ian Anderson, quien derrochaba energía juvenil bajo un aspecto mágico que fusionaba las figuras del monje errante, el duende y el patriarca.
Malikian, además de trotar y tocar, sabe estar quieto y hablar bien el idioma español. Entre temas apunta, mediante largos trozos de discurso, la historia de su vida. Posee un humor excepcional, mezcla de candidez, invento y burla, que lo perfila como un aspirante ideal para la comedia solista o stand up. De esta manera nos enteramos de cómo su infancia estuvo dividida por los imaginarios de Led Zeppelin y Bach; de por qué su violín es un Alfredo Ravioli original, de su noche oscura en los fosos de orquesta de los teatros madrileños y de decenas de venturas, aventuras y entuertos que ha experimentado a lo largo de un tiempo vivido muy deprisa: Allegro assai.
El repertorio que Malikian brinda en esta noche da cuenta de las contrastantes influencias artísticas que lo han formado como músico: temas emblemáticos de Hendrix, Bowie, Paco De Lucía, Radiohead y Led Zeppelin conviven con piezas de Sarasate, Bach y Vivaldi. Las composiciones propias del afamado violinista proyectan circunstancias de su biografía, como las atmósferas de su barrio de infancia; las danzas judías cuya interpretación en algún tiempo fue su modus vivendi; y el nacimiento de su hijo, Kairo, quien bailaba dentro del vientre de su madre a ritmo de vals.
Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional
Al deambular por la zona de butacas o detrás de los músicos de la orquesta, quienes parecen estar concentrados en levantar puentes de coherencia entre la sonoridad electrificada de Jimmy Page y la imaginación exacerbada de los compositores del barroco, Ara Malikian —con su humanidad tapizada de tatuajes y una sonrisa pícara que se antoja imposible de borrar— podría convertirse de un momento a otro en el niño que hace cuarenta años soñaba con levantar un largo vuelo, agitando su arco de violín cual si de un ala todopoderosa se tratara. Los sueños, es posible afirmar al contemplar este concierto, en ocasiones se cumplen cabalmente.

La canción del mar y la montaña
A diferencia de otros instrumentos orquestales, el violín tiene un espesor mítico conformado por extrañas leyendas. En torno a él se tejen, por ejemplo, abundantes comentarios acerca de las erupciones eróticas que Niccolo Paganini (1782-1840), sin duda el más grande violinista de su tiempo, provocaba entre las damas que colmaban teatros para gozar de este particular hechizo que, se decía, era producto de un oscuro pacto con númenes infernales.
Otro caso famoso es del también intérprete y compositor italiano Giuseppe Tartini (1692-1770), quien sostuvo un duelo en sueños con el demonio; fue tan prodigiosa la sonata con la que lo derrotó Lucifer, que Tartini, al despertar, compuso de un tirón la pieza conocida como El trino del diablo, que según él era el pálido reflejo de la magistral inspiración satánica. En este contexto es menester tener presente la considerable cantidad de películas y series de televisión en las que el violín forma parte de historias signadas por el esoterismo y la pasión sexual.
Además de ser un músico carismático y capaz de abordar con fortuna repertorios diversos, Ara Malikian es un superviviente. Una historia central en su dramaturgia hablada trata acerca de cómo su abuelo logró escapar del genocidio armenio, haciéndose pasar por violinista, miembro de una banda viajera; y de qué manera él mismo, heredero de este salvífico instrumento, utilizó la interpretación musical para huir de un Líbano tapizado por circunstancias bélicas y poder ganarse la vida dignamente en España, donde es un artista muy apreciado.
Ara Malikian tiene cuarenta y nueve años y veinticinco producciones discográficas, contando una caja con tres discos, bautizada como La increíble historia del violín, que es el núcleo de los repertorios de su actual gira. Sin embargo, cuenta que su padre tuvo que dedicar grandes esfuerzos, y en ocasiones hacer uso de la fuerza, para obligarlo a practicar hasta doce horas diarias, cuando él lo único que deseaba era jugar con los chicos de su barrio natal, Bourj Hammoud, en Beirut, capital de un país que en una de sus caras es bañado por las aguas del mar Mediterráneo, mientras que en otras fronteras —hacia Israel y Siria— presenta macizos montañosos donde crece el simbólico cedro, protagonista de la bandera de esta nación oficialmente llamada República Libanesa.

Programa
Voodoo child / Barbastro / Backgammon / Pisando flores / Ay Tikar Tikar / Paranoid Android / Fantasía Carmen / Life on Mars? / Bourj Hammoud / Kashmir / El vals de Kairo / Ziryab / 1915 / La Llorona / Extracto de Las cuatro estaciones de Vivaldi (Invierno) / Aria de Bach (Suite para orquesta núm. 3).


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