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jueves, 10 de agosto de 2017

María Katzarava canta Piaf: Gorriones en libertad

Foto: Carlos Alvar / Colección Auditorio Nacional

Del 10 al 13 de agosto, 2017 / Cuatro funciones / 1:55 hrs. de duración / 
Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional.

Fernando Figueroa
Edith Piaf nació el 19 de diciembre de 1915 en París, apenas una semana después que Frank Sinatra —mitos del canto popular del siglo XX, ambos grabaron por su lado “No me quitte pas”—, y murió el 10 de octubre de 1963, un día antes que su amigo Jean Cocteau (quien escribió para ella el monólogo Le bel indifférent). Más de medio siglo después de partir, la cauda de su legado artístico aún brilla en el firmamento.
Edith Piaf le cantó al amor y al abandono, pero también a la libertad. El mismo espíritu autónomo de La Môme es el que impulsó a la soprano mexicana María Katzarava para hacer un pequeño paréntesis en su carrera operística. Actualmente enfrenta el reto de interpretar temas célebres en la voz de Piaf y otras canciones francesas.
El estreno mundial lo hace en el Lunario, acompañada de cuatro instrumentistas catalanes de jazz (piano, batería, bajo, guitarra), liderados por David Samaniego, quien hizo los arreglos para este espectáculo y toca de manera deslumbrante el piano y acordeón. Las viejas melodías, que parecían intocables, aún son reconocibles por completo, pero se agradecen las variaciones porque implican un exquisito jugueteo sincopado.
Cuando era niña, María imitaba la voz de Ana Torroja en el grupo Mecano. Ahora no trata de copiar al Gorrión sino de rendirle tributo mediante un concepto en el que su voz no es el instrumento principal sino que hace labor de equipo. A final de cuentas sí es el elemento que más luce, pero a ratos le cede el protagonismo al cuarteto y éste se muestra en todo su esplendor. Y no se diga al regresar de un breve intermedio, pues María oye a sus compañeros desde el camerino cuando ellos ofrecen una elástica versión de “Caravan” (de Duke Ellington y Juan Tizol).
Una semana antes de su presentación en el Lunario, Katzarava le dijo a los periodistas que al cantar temas populares se utiliza una técnica distinta a la ópera, sin impostación, “una voz de pecho, natural”. Ya en acción, destaca la potencia de su garganta y la pasión con la que aborda composiciones de Piaf, Jacques Brel, Joseph Kosma y Jacques Prévert, entre otros.
Al igual que la francesa, María viste de negro; interactúa poco con el público porque su energía y concentración las reserva para entregarse plena en cada una de las piezas. La mayor parte del público, que conoce la capacidad artística de la capitalina, ve satisfechas sus expectativas y recibe algo extra. Quienes vinieron atraídos por el nombre de Piaf descubren a una intérprete versátil y de altos vuelos. 
“La vie en rose”, el tema más esperado, se escucha sublime, pero el cenit del show llega con el dramatismo de “Je suis malade” (de Serge Lama y Alice Dona), que produce el silencio más profundo durante la ejecución y los más fuertes aplausos posteriores.
Piaf alimentó su mito al decir que por la miseria había nacido a media calle, pero está comprobado que su madre dio a luz en un hospital parisino de clase baja. Lo que sí es verdad es que creció en un prostíbulo regenteado por su abuela paterna; padeció ceguera temporal siendo niña, perdió a su única hija, fue alcohólica al igual que su padre, tuvo amantes desconocidos y famosos (Yves Montand, Georges Moustaki, Eddie Constantine y un largo etcétera); se casó con el boxeador Marcel Cerdan, quien falleció en un accidente de aviación, padeció artritis crónica y otras enfermedades; con su voz conquistó tugurios parisinos y grandes salas de la capital francesa y de Nueva York. Murió a los cuarenta y siete años con aspecto senil.
María Katzarava tiene padre georgiano y madre mexicana, ambos violinistas. Estudió ese instrumento pero descubrió que lo suyo era el canto; al ganar el concurso Operalia 2008 su carrera despuntó y fue contratada para presentarse —con éxito— en la Royal Opera House de Londres, el Teatro de la Scala de Milán y muchos otros recintos de prestigio. Desde que era adolescente, escuchó a la parisina y se interesó en conocerla a fondo; en 2015 pensó en montar este show y durante dos años hizo todo lo necesario para armar algo digno: “No es que se me haya ocurrido de la noche a la mañana”. Dice que festivales de jazz europeos se han interesado en este espectáculo y es muy probable que el próximo año lo presente en aquel continente.
Roland Barthes escribió de Piaf: “Es una mujer pequeña, no muy joven ni tampoco muy bella, que expresa la tristeza trágica del pueblo, el alma de un mundo sin corazón y el espíritu de un mundo sin esperanza”. Y Jean Cocteau: “No quedará de ella más que su mirada, sus manos pálidas, esa frente de cera que retiene la luz y esa voz que se hincha, que asciende, que poco a poco la sustituye y que, creciendo como una sombra sobre la pared, reemplazará a la tímida chiquilla”.
 
Foto: Carlos Alvar / Colección Auditorio Nacional
En un momento dado, la iluminación proyecta la silueta de Katzarava sobre una pared mientras ella aplica el típico vibrato de Piaf sólo como una pincelada, un guiño para la mujer desobediente que, a fin de cuentas, no se arrepintió de nada: “Non, je ne regrette rien”, título que María tiene tatuado en el brazo izquierdo y en el alma.

Programa
Les feuilles mortes / Mon manège à moi / La chanson des vieux amants / Hymne à l’amour / Je suis malade / Je l’aime à mourir / Non, je ne regrette rien / Millord / Caravan (instrumental) / Sous le ciel de Paris / Mon Dieu / Dans le port d’Amsterdam / Qui a le droit / Je t’aime / No me quitte pas / J’attendais / La foule / / La vie en rose / Non, je ne regrette rien (bis).


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