miércoles, 30 de agosto de 2017

Lindsey Stirling: Una chica y un gran sueño

Brave enough tour / 30 de agosto, 2017 / Función única / 
1:30 hrs. de duración / Promotor: OCESA Promotora, S.A. de C.V.

Alejandro González Castillo
Platicada, parecía que la idea jamás cuajaría. Que una chica tomara el escenario acompañada de su violín para tocarlo de modo impecable y además bailar al mismo tiempo, se asomaba como un concepto un tanto extravagante. Hoy, la dueña del plan cuenta que cuando acuñó aquel proyecto, sobró gente que le dijera justo eso, que el suyo era un plan descabellado.

“Todos me pedían que lo dejara, que nunca lo lograría”, detalla Lindsey Stirling al micrófono para luego solicitar que las luces del foro se enciendan y así, con miles de fans entusiasmados por verla, dejarle bien claro a quienes intentaron desanimarla que los equivocados eran ellos. En la práctica, finalmente la idea cuajó.

Fue en un programa de televisión que cazaba talentos que Lindsey se dio a conocer ante el mundo, siete años atrás. Y cuando esta noche se recuerda dicho pasaje, en el que la participante quedó lejos de alzar el premio mayor, los asistentes sueltan un abucheo que a los jueces del mencionado show —donde sea que se encuentren— seguro deja con zumbidos en los oídos. “Yo sólo era una chica con un gran sueño”, admite la “perdedora” antes de preguntar cuántos de los presentes la vieron debutar en tierras mexicanas, en 2014, y entonces agradecer que esa locuacidad que caracteriza al público nacional, según ella misma refiere, permanezca intacta. Por su parte, la audiencia espera que la californiana ofrezca lo que le dio popularidad: el sonido que David Garrett produciría de ser aficionado a la electronic dance music; lo que las Spice Girls habrían hecho de contar con las aptitudes de Vanessa-Mae.
Adorada en Alemania, Suiza y Austria, la rubia inicia su espectáculo con la mira clavada en el diapasón de su instrumento y los pies pegados al suelo, mientras un cuarteto de bailarinas hace lo suyo. “¿Qué pasa, calabazas?”, pregunta la californiana para emparejarse con sus compañeras en escena, arqueando la espalda hasta que su coleta barre el suelo, dando giros veloces sin presentar mareos, levantando las piernas para que éstas rocen su barbilla e incluso imitando el moonwalk que Michael Jackson patentó y la pose de flamingo que a Ian Anderson caracterizaba; todo sin dejar de pulsar su instrumento con precisión. Podría creerse que una pista musical disfraza los errores de una intérprete que ni siquiera suda al bailar; sin embargo, más allá de las voces grabadas que acompañan algunas canciones, no hay trucos de por medio. Stirling ejecuta con aparente simpleza piezas tan demandantes al violín como “Crystallize” y “The arena” sin que sus respectivas coreografías se vean comprometidas.
Apoyada en sintetizadores y batería, la rubia ofrece intrincadas melodías sin filtros de por medio, apelando al sonido limpio que el instrumento de cuatro cuerdas produce. Y a pesar de que en su discografía las herramientas de la llamada música electrónica son comunes (a su álbum debut de título homónimo se suman Shatter me y Brave enough), en esta ocasión es el rock pop quien reparte las cartas. Un sonido ideal para celebrarse con el puño en alto, por eso unas cuantas filas de butacas frente al escenario fueron arrancadas, con tal de abrir un espacio donde los más fervorosos se apretujan para así entregar los regalos que trajeron para su ídolo: posters, fotografías y hasta un violín de cartón que la halagada recibe emocionada; tanto, que toma aire para soltar unas cuantas confesiones.
Primero revela lo sensible que le resultó la reciente pérdida de Gavi, su mejor amigo, quien solía desempeñarse como su tecladista; luego, describe el dolor que le generó el fallecimiento de su padre tras batallar contra el cáncer. Al borde del llanto, la del arco dice que, lejos de ablandar su fe, luego de vivir esos “días emocionalmente complicados” no tuvo más que echar todos sus miedos al barranco, y ese espíritu valiente —la mujer lleva calcada en su pecho la palabra “brave”— es el que le contagia a sus fans antes de inclinarse agradecida por la ovación final: “Escuchen, habrá mucha gente que les dirá que no valen nada, pero les juro que no es así, no hagan caso. No teman hacer lo que mejor sepan hacer. Por favor, recuerden esto que les digo: no tengan miedo, ustedes son los únicos responsables de su destino”.

Estrella de YouTube
Para comprender el éxito a nivel mundial que Lindsey Stirling ha alcanzado, resulta importante hablar de la labor de la violinista en el sitio YouTube. Su relación con el canal de videos comenzó apenas llegó a los cuartos de final del programa de talentos en el que concursaba, al aliarse con Devin Graham, quien dirigió un puñado de videos cuyo perfil estético —pleno de paisajes oníricos— le otorgaría a la estadounidense una personalidad visual lo suficientemente atractiva como para pronto editar de modo independiente su álbum debut.
Con alrededor de ocho millones de suscriptores en su canal, actualmente Lindsey representa un caso excepcional. Por ejemplo, el video de “Crystallize” (rodado en laberintos de hielo) a la fecha ha sido reproducido más de cien millones de veces y su artífice ha sido calificada por la revista Forbes como una de las más grandes estrellas en la historia del sitio de videos, al generar ganancias por seis millones de dólares a lo largo de 2015 y certificar más de mil millones de reproducciones durante 2016. (A.G.C.)

Programa
Beyond the veil / Love’s just a feeling / Prism / Shatter me / Lost girls / Elements / / Something wild / Hallelujah / Those days / Crystallize / / Hold my heart / The arena / Mirage / Stars align / Roundtable rival - Don’t let this feeling fade.

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