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domingo, 2 de julio de 2017

Napoleón: Memorias, poemas y canciones

Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional


Vive-Lo / 2 de julio, 2017 / Función única / 2:00 hrs. de duración / 
Promotor: Universal Music México, S.A. de C.V.

Alejandro González Castillo
Podría pensarse que Napoleón echa toda la carne al asador cuando se atreve a abrir su espectáculo hilando “Ella se llamaba Martha” con “Eres”. Pero a esto se atreve porque sabe que éxitos le sobran, que cuenta con suficientes viandas como para arrojar cortes y más cortes a la parrilla conforme la tarde avance, y todo sin preocuparse por la leña, pues ésta hace tiempo dejó de estar verde. 
“Tendrás para vivir buen alimento”, augura la letra de “Deja”, una composición que su autor recuerda haberle dado a Yuri para que la popularizara. Sin embargo, el cantante tiene que aceptar que tal cosa ocurrió luego de negarle a la jarocha cantar a su lado en algún centro nocturno, pues ella lo hacía tan bien que, dice el de Aguascalientes sonriendo, pudo quitarle el trabajo. “Ha pasado mucho tiempo desde entonces, este año cumplo cuarenta y seis de ser cantante y compositor. Y todo por no estudiar”.
Arrepentido de no haber cursado una carrera universitaria, José María se anuncia al mismo tiempo feliz de ejercer su oficio, de dominar ese “lenguaje que pocos hablan pero todos entienden: la música”. Y es que siendo muy pequeño, sufriendo penurias económicas con su familia, él mismo señala que solía pararse frente al espejo para decirle a su reflejo que algún día protagonizaría un día como éste, sobre el escenario de “un recinto maravilloso”. Tiempo después, apenas terminó de escribir “El grillo”, la primera canción que firmó en la vida, llegaría a la conclusión de que nunca crearía tonadas por encargo, sino por pura emoción. 
Profundizando respecto a los espejos, el intérprete reserva una pareja de temas —“Hijo mío” y “Quién eres tú”— para recordar a sus hijos y contar que en ellos se ve a sí mismo a diario mientras aclara que no es lo mismo vivir la vida que honrarla y que sólo hay dos clases de amores, “los que se recuerdan y los que nunca se olvidan”. Reflexiones que las mujeres celebran echando piropos hacia el escenario, arrumacos verbales que el aludido oye sonrojado y que aprovecha para quitarse la corbata y de una vez la solemnidad, dedicándole así unas rimas a quienes —“¡qué prosaicos, qué horror!”, se queja— adoran hurgar en sus narices. El asunto tiene lugar entre risillas, con pulgar e índice en el aire, juntándose y separándose lentamente al tiempo que la mirada del poeta improvisado se pierde en el cielo y exclama: “Ya lo dijo Rubén Darío, ¡oh, moco mío!”. 
Con la sobriedad de vuelta, los recuerdos vividos al lado de Juan Gabriel, Joan Sebastian y Manoella Torres generan tanto entusiasmo entre los presentes como el dueto que el intérprete conforma con su hijo José María (también telonero de la sesión), teniendo “Hombre” como pretexto. Sin embargo, es cuando se trae a cuento una anécdota que involucra a José José, que los aplausos de pie hacen que el autor de “Compañera” pase su mano por la cabellera, incrédulo tras cantar “Lo que no fue no será” y soltar su respectiva historia. “Hermano, ¿no te sobra una canción para mí?; me preguntó José en 1977, al teléfono desde Londres. Y entonces le di esta composición”, rememora el también actor para luego darle al relato un giro inesperado: “el tema no tenía título entonces, yo pensaba llamarlo ‘Gorrión’, pero El Príncipe decidió ponerle el título que lo haría famoso”.
Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional
En realidad, la cita podría prolongarse al amanecer. Por memorias y canciones el cantautor no pararía hasta pasadas varias horas. Y es así, con el asador repleto de carne, que el secreto para alcanzar el éxito, la clave para “llegar muy lejos”, según el llamado Poeta de la Canción, es revelada. Son dos las palabras que conforman la fórmula: respeto y, sobre todo, humildad. “Porque la verdad es que yo sigo queriendo ser alguien en la vida”, confiesa como despedida el propietario de la receta para después rematar congruente: “quisiera ser un buen ser humano, por ejemplo; o un buen cantante”. 

A ras de suelo 
“Estoy viviendo una madurez llena de satisfacciones. Pues aunque de alguna manera soy el mismo de siempre, cuento con más años, con un poco más de experiencia. Ahora salgo a cantar con un terreno ganado, ayudado de temas ya bien conocidos. Es decir, vuelvo a tener veintisiete años sin tenerlos, porque en realidad tengo sesenta y siete. Por eso pienso que he sido muy afortunado.
“Durante mi carrera, siempre me he mantenido a ras de suelo, caminado muy firme, con los principios que me inculcaron mis padres. Estoy aquí, en el camino todavía, porque jamás he parado de escribir, de hacer canciones por motivo, no por oficio. A nivel físico ha sido muy pesado andar de un lado para otro, pero también muy gratificante. Por fortuna, siempre he llevado una vida ordenada. Qué bueno que me he cuidado, que he tenido respeto por la vida que se me ha prestado. Me da gusto haber corrido tanto disfrutando este don que Dios me dio, el de cantar y hacer canciones”. (A.G.C.

Programa
Ella se llamaba Martha / Eres / Nunca / Amor de habitación / Deja / Quién eres tú / Pajarillo / El grillo / Acéptame como soy / Después de tanto / Leña verde / 30 años / Hijo mío / Corazón, corazón / Compañera / Lo que no fue no será / Y para qué / Aún estoy de pie / Tu primera vez / Atrévete / Hombre (con José María) / Sin tu amor / Vive. 




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