jueves, 20 de julio de 2017

Grupo Cañaveral: Ritual gótico de tierra caliente

Foto: Sergio Bautista / Colección Auditorio Nacional


Fiesta total / 20 de julio, 2017 / Función única / 2:50 hrs. de duración / 
Promotor: Universal Music México, S.A. de C.V.

Gustavo Emilio Rosales
Todo el espacio es suma de multitudes. Un cuerpo solitario, por ejemplo, se multiplica en el baile sabroso que ejecuta hasta parecer ese monstruo esférico de cuatro brazos, cuatro piernas y dos caras del que habla Platón en El banquete. La quietud es imposible, pues se mueve un universo hecho de afeites brillosos en ropajes de colores chillantes; de dos docenas y media de músicos que entran y salen de escena, que sin cesar se menean al compás de tormentas acústicas; de seis bailarinas insólitas, cuya belleza duele de tan bella; de espectadores rebeldes a comportarse como tales, bajo el hechizo danzante del tumbao; de sabor y olor a carne humana. Es la noche en que Cañaveral e invitados celebran con música propia y ajena lo que el escritor colombiano Álvaro Mutis llamó “los rituales góticos de tierra caliente”.
De gozo en plenitud han de ser los saberes de la cumbia y Cañaveral da cátedra de ello al ofrecer un sonido potente, muy bien organizado en elementos propios de la instrumentación, el baile, los decorados y las actitudes histriónicas de la ejecución. Una big band tiene que sonar como tal, un organismo diverso en su composición pero claro, organizado y coherente en su manifestación, y el grupo encabezado por Humberto y Emir Pabón, padre e hijo respectivamente, demuestra serlo: unidad artística de múltiples vertientes. Los invitados del colectivo, en contraste, son variopintos: dos gigantes, el rapero Big Metra, poseedor de una asombrosa velocidad de articulación vocal, y Jenny, la larga londinense, líder de The Mexicats, que asombra por su porte de modelo y su capacidad de interpretación de la trompeta; también están los cantantes solistas Valentino (puertorriqueño especialista en reggaetón) y Andrés Cabas, de Colombia, orientado al pop latino; asimismo participan los ensambles Matute, Los Claxons y los herederos de la auténtica Sonora Dinamita. Se trata realmente de una fiesta total.
Más de veinte músicos, entre aerofonistas, percusionistas, tecladistas y ejecutantes de instrumentos de cuerdas están dispuestos en formación de herradura, hacia el fondo del escenario. A sus costados y detrás ellos hay enormes pantallas, en las cuales se proyecta una legión de coloridas fantasías florales, geométricas y abstractas, cuya emisión incesante conduce la percepción hacia territorios ignotos para el sosiego. Humberto Pabón, fundador de Cañaveral, está parado sobre un pequeño estrado, tocando todo el tiempo los costados de un tambor —el mítico tambor alegre— dispuesto en posición horizontal y emitiendo intermitentemente los legendarios gritos agudos (¡pipipipipipipí, huipí!) que son la impronta de su estilo cumbiambero. Al frente, su hijo Emir ostenta el liderazgo indiscutible como cantante principal y hombre espectáculo; lo acompañan los también vocalistas Julio González y Salvador Martínez y un ensamble de excelentes e incansables bailarinas.
La larga lista de canciones que conforman esta noche de juerga musical transmite una deliciosa genealogía de los estilos tropicales, también llamados tropicosos, que oscila entre la idea sonora de patriarcas del ritmo, como Rigo Tovar y Chico Che, a fusiones entre la cumbia y estilos masivos recientes, como el rap y el reggaetón; se incluyen por supuesto los himnos del conjunto, como “Tiene espinas el rosal” (originalmente fue llamada “Penitencia”) y leyendas de la tradición centenaria, como “La pollera colorá”. 
Cada gota de sudor de los músicos y bailarinas, cada aliento extra de los cantantes en esta maratón de compases compuestos que no da tregua a las parejas, tríos y danzantes solistas que han vaciado las butacas para tapizar los pasillos del recinto con los caderazos y zangoloteos que son dictados por el canon bailarín correspondiente y ofrecen santo y seña de la pervivencia de la cumbia como matriz de alegría encarnada.
Los invitados también aportan, por su parte, matices específicos: Jenny, por ejemplo, baila descalza, con un dejo somnoliento; Big Metra mueve un magma desde dentro de sí y la vibración acústica erupciona de su boca a ráfagas, cual ametralladora de palabras; Matute, convencido de su poder como conjunto, ofrece la cumbiamba galardonada por la exclusiva voz de su carismática cantante, Tana Planter.
 
Foto: Sergio Bautista / Colección Auditorio Nacional
Hacia el final del concierto protagonistas e invitados se unen, junto a una caterva de danzantes en zancos y a pie, para rendir un homenaje musical a la cumbia colombiana. Campesinos con ropa de manta y machete en la cintura acompañan a mujeres espléndidas que oscilan, cual campanas de piel, polleras magníficas con los colores de la madre patria de este ritmo: amarillo, azul y rojo. Claro, hoy, 20 de julio, se celebra el 207º aniversario de la firma del Acta de la Revolución, que conmemora la independencia de Colombia. El grito siempre sorprendente de papá Pabón —¡pipipipipipipí, huipí!— se convierte en un puente que une los ritmos del campo y la ciudad, los tonos afroamericanos y los pasos europeos, los comunes intentos de los países hoy involucrados por superar su gran problema común y fortalecer los caminos para volver a vivir con alegría, con libertad… ¡Sabor allí! 

Al sonoro rugir del placer
• La cumbia es una tradición colombiana de máxima proyección internacional, en la que son indivisibles las expresiones del baile y la música. Sus raíces culturales entrelazan elementos afroamericanos y españoles cohesionados por la instrumentación, los ritmos, la indumentaria y, por supuesto, las dinámicas corporales de la danza correspondiente. Su carisma arrasador y el inicio de la globalización la llevaron, hacia la mitad del siglo pasado, a encabezar junto a la salsa lo que se ha dado en llamar la “industria mundial de la música tropical”; fenómeno comercial que continúa hasta nuestros días con la inclusión de numerosos géneros y estilos, como el calypso, el reggae, el son, el merengue y las múltiples fusiones con la música electrónica.
• En la cumbia, como en el flamenco, dominan tonos contrastantes: la nostalgia y el éxtasis, lo intempestivo y lo estructural. Cuando en el siglo XIX las letras de la cumbia declinaron el dominio del caló étnico para manifestarse en idioma español, hubo un entendimiento más extendido al respecto de estas fusiones de opuestos: se hablaba entonces del lamento pregonero del tambor, en la noche sin cena, pero con hambre de danzar; se hablaba también de las polleras (faldas) amplias y coloridas, ondeadas por bailarinas de pies descalzos.
• Agustín Teutli nació en el barrio de Tepito y se abrió camino en la vida a través del dominio de la albañilería. Aún joven, comenzó a involucrarse en el universo de la música por medio de la compraventa de discos usados de vinilo, negocio que lo llevó a viajar y así llegó a Colombia, país que le suscitó fascinación y donde residió por cuatro años. A partir de esta experiencia, comenzó una nueva labor como productor musical, presentando en México artistas colombianos de música tropical como la Sonora Dinamita de Lucho Argain. A mediados de los noventa, conoció a un ejecutante destacado del conjunto Los Corraleros del Majagual, don Humberto Pabón Olivares, con quien fundó, en 1995, ya de vuelta en la ciudad donde nació, el original Grupo Cañaveral.
• En esta noche de jolgorio, representantes de la casa discográfica del Grupo Cañaveral, Universal Music, brindaron una placa de reconocimiento a la familia Pabón y sus músicos, debido a los altos niveles de impacto social que el colectivo ha cosechado, y que están reflejados en el volumen de ventas de su más reciente álbum, titulado Fiesta total. (G.E.R.)

Programa
Introducción (instrumental) / No lo puedo negar / Echarme al olvido / Renacimiento / No te voy a perdonar / Traición y olvido / Medley de canciones de Rigo Tovar / Vuelvo a sentir / Mal mala / Pipiripau (con Big Metra) / Medley de canciones de Chico Che / Vale la pena (con Matute) / Nunca fui tu dueño / Cumbia Cañaveral (instrumental) / Quiero ser como tú / Flores en febrero (con Los Claxons) / La ladrona / Matrimonio feliz / Tiene espinas el rosal (con Jenny and the Mexicats) / El Noa Noa / La noche (con Valentino) / Hasta el cielo lloró / Parece que va a llover / Huipipí / Ansioso por verte - Soberana cumbia (con la Sonora Dinamita) / Medley de canciones de Bronco / María de todos los Ángeles / Enamorándonos (con Cabas) / En la oscuridad / Para toda la vida / Medley Fiesta total, con canciones de cumbia tradicional colombiana y Tiene espinas el rosal (con todos los invitados).


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