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domingo, 11 de junio de 2017

The legend of Zelda: Un mensaje de vida

Foto: Chino Lemus / Colección Auditorio Nacional


The legend of Zelda: Symphony of the goddesses / 11 de junio, 2017 / 
Función única / 1:45 hrs. de duración / Promotor: JMP Entertainment, Inc.  

Alejandro González Castillo
A diferencia de otros primates, el ser humano posee un dedo pulgar de movilidad sorprendente que le ha permitido manipular objetos determinantes para su sobrevivencia, pero no se habla aquí de lanzas ni de flechas, sino de teléfonos celulares, tabletas y, claro, de ese artefacto imprescindible para el hombre moderno denominado joystick. El sofisticado artefacto con palancas y botones que los amantes de los videojuegos operan frente al monitor a lo largo de maratónicas sesiones, jornadas donde el símbolo de la Trifuerza figura como lumbrera en la oscuridad de salas y habitaciones. 
Fue en 1986 que Shigeru Miyamoto y Takashi Tezuka idearon la historia de Link, un joven habitante del reino de Hyrule que sortea toda clase de peligros con tal de rescatar a la princesa Zelda y derrotar al malvado del cuento, Ganondorf. Bajo el nombre de The legend of Zelda, dicho videojuego fue la primera entrega de una saga que con el tiempo generaría una franquicia de libros, juguetes, caricaturas y comics. 
Esta vez, es el propio Miyamoto quien explica en las pantallas del recinto cuál fue el germen de su empresa: “Quería hacer un juego en el que un chico creciera a través de sus aventuras; una historia donde, además, el jugador también pudiera crecer”. Con tal sustento se aclara por qué el rango de edad de los asistentes resulta tan amplio, desde niños que apenas abandonaron la andadera hasta adultos acompañados de sus hijos, muchos de ellos ataviados con un inmenso gorro verde y con una espada aprisionada en el cinturón. 
Para ambientar las excursiones del hyliano, la labor de un músico como Koji Kondo ha sido determinante. Y es que el compositor ideó partituras que esta tarde son atendidas a detalle por la Orquesta Sinfónica Nacional y la directora Kelly Corcoran (fundadora de la Nashville Philharmonic Orchestra), quienes ocasionalmente le ceden espacio a Kondo para que en video subraye la importancia de su trabajo: “La música es un elemento vital para crear una conexión directa con experiencias como el placer y el sufrimiento”. 
Y vaya que hay deleite y tormento este domingo, pues la travesía incluye la exploración de castillos mohosos y sombríos laberintos, pero también apacibles caminatas en valles floridos, entre renos y luciérnagas de amistoso talante, así como vuelos sobre papalotes y cabalgatas en montañas nevadas. Sin embargo, también se abre espacio para defenderse de calamares gigantes y águilas colosales, además de luchar contra dragones y bestias deformes. Una expedición única la que se presenta, retocada por clarinetes y arpas, flautas y violines, coros magnificentes y palmas agradecidas.
Poder, sabiduría y valor, eso es lo que representa el triángulo de la Trifuerza que hoy miles portan orgullosos, un símbolo impreso en camisetas y gorras así como en aretes y collares. Entre los entusiastas, llama especialmente la atención un chico que sopla una ocarina mientras los paisajes de la isla Outset se proyectan en las pantallas. Y una vez que la orquesta abandona sus instrumentos, al tiempo que el adolescente escapa de la sala, éste confiesa qué ha encontrado durante sus extenuantes viajes al mundo de Zelda, cuántos trucos ha aprendido para sobrevivir en la vida real, en la salvaje cotidianeidad que casi exige defenderse con flechas y lanzas. Y resulta ser algo más que una agilidad sorprendente en los pulgares. 
Foto: Chino Lemus / Colección Auditorio Nacional

“Al comienzo de la historia, Link es un Don Nadie —cuenta el joven guardando su boleto en el bolsillo y alistándose para salir a la calle—, un campesino a quien de pronto se le viene la responsabilidad de salvar a todo Hyrule. Desde entonces, tiene que ser muy valiente. Ahí hay un mensaje para la vida, porque todos tenemos altas y bajas, en la escuela, con la familia y los amigos, pero siempre hay que esforzarse, buscar superarse. Como le ocurre a Link, el futuro tiene reservado algo mejor para nosotros siempre y cuando conservemos el valor de la amistad, porque, como sucede en el juego, sin alianzas es imposible avanzar”. 

La genialidad de Koji Kondo 
Desde muy temprana edad, Koji Kondo (Japón, 1961) se internó en el mundo del arte al tomar clases de música mientras cursaba el kínder. En la primaria solía tocar la marimba en la banda escolar y al entrar a la preparatoria sus padres le compraron su primer sintetizador análogo. Después, ingresaría a la Osaka School of Arts, para durante su estancia fungir como tecladista en una banda que integraba con sus compañeros de clase, donde solía tocar covers de Naniwa Express. 
Cuando un amigo le avisó que una compañía de videojuegos estaba a la caza de personal que se encargara del departamento de sonido de los juegos —y esto incluía tanto escribir música como diseñar efectos sonoros para saltos y golpes—, Koji supo que estaba ante el trabajo ideal. En poco tiempo crearía el tema de Mario (a la fecha, la composición más popular en la historia de los videojuegos), inspirado en la obra de Sadao Watanabe y T Square, para finalmente encargarse de la creación musical de la serie Zelda. “Para lograrlo me enfoqué en la atmósfera de la historia. Pensaba en inmensas praderas, en la sensación de correr a toda velocidad por espacios abiertos”, ha dicho el músico al respecto. (A.G.C.



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