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sábado, 17 de junio de 2017

Residente: Un país de locos, aguantadores y raperos

Foto: Chino Lemus / Colección Auditorio Nacional


17 de junio, 2017 / Función única / 2:10 hrs. de duración / 
Promotor: OCESA Promotora S.A. de C.V. 

Julio Alejandro Quijano 
Bienvenidos a la fundación de Locolandia, un pedazo de tierra ubicado en un pueblo cerca de la cima. Su capital es la justicia y su población es de anormales.
Residente se hace cargo de liderar la ceremonia de instauración que comienza con el vaivén de cuerpos, todos raros, cada uno diferente, pero unidos por un grito: “¡Aquí todos somos deformes y nos resistimos a usar uniforme!”
Su forma de gobierno es el puño alzado. Nunca se sientan y, por el contrario, brincan todo el tiempo para reforzar cada una de sus consignas, lo mismo “aquí se baila como bailan los pobres” que “aguantamos el capitalismo, el comunismo, el socialismo, el feudalismo”.
Los antecedentes de Locolandia se remontan a dos años atrás, cuando Residente emprendió un viaje desoxirribonucleico. Él mismo lo explica en el primer discurso ante el pueblo de locos-anormales-aguantadores de esta noche. “Para los que no lo saben, saqué un disco nuevo que trabajé luego de hacerme una prueba de ADN. En base a los resultados me fui a recorrer el mundo, visité los lugares en los que, de acuerdo con el examen he tenido ancestros”.
A partir de la música que creó en ese viaje iniciático es que el puertorriqueño convoca esta noche a la fundación del nuevo territorio: “Estoy emocionado de abrir la gira acá en México, al son de la mejor energía y al son de mezcal”. En realidad el lugar geográfico es incidental porque Locolandia carece de fronteras físicas y pueden ingresar todos, aunque no tengan pasaporte ni identidad. “Nómada sin rumbo, la energía negativa yo la derrumbo”, corean los anormales que, si acaso, se identifican porque traen una “R” ya sea en playeras o gorras. Esa es su bandera y la única visa que se exige es seguir el ritmo de los tambores del norte de Ghana cuando se anuncia “Dagombas en tamale”: “Nos inventamos los inventos. Aquí hay que bailar porque pa’ sentarse no hay asientos”. 
Como todo pionero, al lanzarse a la búsqueda de su tierra prometida Residente tuvo que quemar naves. Dejó en pausa a Calle 13, el grupo que tenía con Eduardo Cabra, y se deshizo de lo que lo ataba al mundo material: “Nadie me creía, me decían que estaba loco. Pero yo sabía que tenía que hacerlo, invertí todo lo que tenía, gasté todo mi dinero y me fui a recorrer el mundo”, dice a la población que lo sigue. 
Su principal medio de comunicación es el rap pero coexiste con el pop francés en “Desencuentro” y con las armonías de los “cantantes guturales” que René Pérez Joglar (su verdadero nombre) descubrió a doce mil kilómetros de aquí, en la Siberia de los tuvanos.
Viene entonces la Carta magna. El primer artículo constitucional le da sustento a su comportamiento de fiesteros incansables: “Soy rebelde como una vaca que no quiere dar leche. Esto es una fiesta de locos, pero yo soy el único que no estoy loco”. Es un tema que cimbra el piso por los brincos, retumba en las paredes por los gritos y se convierte en un eco que se escapa incluso hacia la calle. 
El segundo artículo es una lección de ética aristotélica: la felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino lo que conduce al bien de la humanidad. Residente detiene la fiesta para dictar: “Esto va para todos aquellos chavitos que están por ahí rapeando. Hay que educarse. Hay algunos que hacen rap sobre matarse, que se creen muy violentos y no son más que unos estúpidos; quieren llevar a la humanidad a lugares negativos en lugar de colaborar con la evolución humana. Por eso, hay que terminar la escuela, ir a la universidad”. 
La fundación de Locolandia tiene su punto más emotivo cuando se designa lo que será su capital. Recibe a los que son sus primeros migrantes: dos madres que vienen de Ayotzinapa (Guerrero) y una más que llega desde Nochixtlán (Oaxaca). “Yo no voy a hablar”, dice Residente. “Ellas son las que nos van a decir por qué vinieron aquí”. Una de las madres, que porta en su pecho un cartel con la foto de la cara de su hijo y su nombre (Getsemany) explica que hace ya tres años que su hijo despareció. Forma parte de esa tragedia que se llama “Los 43 desaparecidos de Ayotzinapa”. 
Apoyados por el pueblo de aguantadores, las mujeres cuentan del uno al cuarenta y tres, y al final, en un coro que suena a rabia, repiten a gritos una palabra: “¡Justicia, justicia, justicia, justicia!”. Coinciden en que esa petición es la capital de su utopía. 
Para que quede testimonio de la fundación, Residente anuncia que “El futuro es nuestro” se grabará para incluirlo más tarde en un DVD. “Así que por favor armen una fiesta, vamos a brindar por el aguante”. 
Saltan y alzan el puño una última vez para declarar: “En el mundo hay gente bruta y astuta, hay vírgenes y prostitutas pero ¡no hay nadie como tú!”


Foto: Chino Lemus / Colección Auditorio Nacional
Y así, los locos-anormales-aguantadores-fiesteros salen para reintegrarse a ese mundo exterior, convencidos de que ya llevan, como dice la canción “Latinoamérica”, un pedazo de tierra que vale la pena.

Habitante de cinco continentes
Bajo la idea de que dentro de nosotros no hay fronteras, Residente usó la información genética de su prueba de ADN para viajar a los cinco lugares de donde es “originario”. 
Fue a Siberia y encontró el canto difónico, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2009. Pero también entró en contacto con ese vasto territorio cuya fama en el siglo XX está marcada por haber albergado los gulags, campos de prisioneros de la URSS de Stalin.
Viajó luego al Cáucaso en donde su primer hallazgo musical fue con niños tamborileros en una ciudad llamada Vladikavkaz, pero el segundo fue la guerra que ha estado presente en esa región desde la caída del comunismo. 
En China, su tercera parada, fue sorprendido por una nueva tradición de ópera y la multiculturalidad que se está gestando en el país más poblado del mundo: mil cuatrocientos millones de habitantes.
Llegó a África Occidental, donde, según cuenta en su bitácora de viaje, “se atestigua el impacto real de la explotación y la injusticia”. Pero también fue ahí donde más música encontró: “Carecen de agua pero nunca dejan de bailar”. 
Su última parada (y también la primera porque es el país que le da nacionalidad) fue Puerto Rico, en el que redescubrió el folklor de un país que se debate entre la independencia o la integración, ya que es un archipiélago que políticamente es un estado libre asociado de Estados Unidos. 
En cada parada hizo música y eso es lo que presenta en su primer disco solista bajo una declaración de principios: “Todos somos residentes del espacio que ocupamos y en nuestro espacio las fronteras no existen”. (J.A.Q.

Programa 
Somos anormales / Baile de los pobres / El aguante / Desencuentro / Calma pueblo / Pa’l norte / Dagombas en tamale / Adentro / Atrévete / Cumbia de los aburridos / La sombra / Guerra / Fiesta de locos / Muerte de Hawaii / Latinoamérica / Milo / Apocalíptico / La vuelta al mundo / Hijos del cañaveral / El futuro es nuestro / No hay nadie como tú / Vamos a portarnos mal.



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