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viernes, 9 de junio de 2017

Harry Potter y la piedra filosofal en concierto: Un hechizo musical

Foto: Fernando Aceves  / Colección Auditorio Nacional

Proyección de la cinta Harry Potter y la piedra filosofal con la Orquesta Internacional de las Artes. Jeffrey Schindler, director huésped /
 9 y 10 de junio, 2017 / Dos funciones / 2:50 hrs. de duración / Promotor: Generamúsica S.A. de C.V.

Fernando Figueroa
Decenas de niños, adolescentes y adultos llegan al Auditorio Nacional ataviados con una o varias prendas del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, el sitio donde estudia Harry Potter. Muchos portan bufandas a rayas rojas y amarillas que distinguen a los integrantes de la Casa Gryffindor, a la que pertenece el protagonista de la saga escrita por J. K. Rowling, pero no faltan quienes se identifican con los tres bandos restantes: Slytherin, Hufflepuff y Ravenclaw.
En la sala, noventa y cuatro instrumentistas de la Orquesta Internacional de las Artes están listos para acompañar la proyección de Harry Potter y la piedra filosofal (Chris Columbus, 2001), con música de John Williams. Antes de levantar la batuta, el director Jeffrey Schindler pregunta dónde están los partidarios de cada casa y recibe como respuesta fuertes alaridos; luego dice que no se trata de un concierto común y corriente donde haya que estar callados: “se vale apoyar con gritos y porras a sus personajes favoritos”.
Animado y obediente, el público expresa sus preferencias durante toda la proyección, misma que puede observarse en una pantalla gigante de alta definición y dos laterales más pequeñas. Por supuesto, el “gritómetro” alcanza los mayores decibeles cuando aparecen los niños buenos: Harry (Daniel Radcliffe), Harmione (Emma Watson) y Ron (Rupert Grint), aunque el maloso Draco (Tom Felton) también tiene un buen número de fans.
La magia de la novela fluye gracias a los diálogos, las imágenes y la música; esta última en 2002 fue nominada a los premios Oscar de la Academia de Hollywood. La experiencia multimedia genera en el recinto un estado de euforia que carga de electricidad el ambiente. El gozo se multiplica con el sonido en vivo de cuerdas, alientos y percusiones.
El búho Hedwig parece volar más ligero con las notas que surgen de la celesta, un pequeño piano que suena como si tuviera campanitas de cristal en su interior. El arpa mantiene dormido a Fluffy, ese horrible perro de tres cabezas que resguarda el mayor secreto de Hogwarts, y el animal se expresa a través de un contrafagot.
Los juegos aéreos de Quidditch, en los que se trata de meter la pelota en aros colocados entre altas torres, son amenizados con el estruendo de los metales. El ambiente del callejón Diagon, donde los alumnos compran pociones, hechizos, varas y escobas, es enriquecido con una exquisita “degustación de sonidos”, tal como lo definió en su momento el propio compositor.
Aun quienes han visto decenas de veces esta primera entrega fílmica de la saga, sienten que lo hacen por vez primera porque la orquesta les ayuda a ver y oír desde una nueva perspectiva.
El anuncio de un intermedio saca a casi todos del mundo mágico, pero no falta quien sale al vestíbulo y se imagina que ahí expenden bocadillos de comadreja, zumo de diente de león, pastel de calabaza, cerveza de mantequilla sin alcohol, ranas de chocolate y las fabulosas grajeas de tutti-frutti. Sin embargo, los “muggles” (seres incapaces de ver la magia) piden algo más tradicional: refrescos de cola, hot dogs, nachos, pizza, papas fritas, café, etcétera.
De regreso al séptimo arte aderezado con música en vivo, la tristeza invade a quienes saben que varios personajes que aparecen en la pantalla ya no están en este mundo: Albus Dumbledore (Richard Harris), Severus Snape (Alan Rickman) y Ollivander (John Hurt), quienes fallecieron en 2002, 2016 y 2017, respectivamente.
El huérfano Harry Potter supera el maltrato de sus tíos y de su primo, aprende en Hogwarts los principios básicos de la magia e impide que Voldemort se apodere de la piedra filosofal. Luego, como si nada, regresa a su casa con el propósito de poner quietos a sus familiares y esperar el regreso a clases.
Foto: Fernando Aceves  / Colección Auditorio Nacional
Al terminar la función, Cecilia Becerra abandona el Auditorio Nacional con un estuche de violín que le cuelga del hombro izquierdo. Dice que, aunque suene obvio, ha sido una experiencia mágica ser parte de la orquesta esta noche. Le ha divertido ejecutar “una serie de arpegios y escalas muy rápidas”, compuestas por “un genio que está a la altura de cualquier figura referencial de la música clásica”.

Maestros de las bandas sonoras
• John Williams, ganador de cinco premios Oscar, ha musicalizado la saga de La guerra de las galaxias (George Lucas y otros directores), y la mayor parte de las películas de Steven Spielberg: Jurassic Park, E.T., Tiburón, La lista de Schindler y la serie de Indiana Jones, entre otras. Con Oliver Stone trabajó en JFK, Nacido el 4 de julio y Nixon. De la saga basada en la novela de J.K. Rowling participó en las tres primeras: Harry Potter y la piedra filosofal (2001), Harry Potter y la cámara secreta (2002) y Harry Potter y el prisionero de Azkaban (2004), esta última dirigida por el mexicano Alfonso Cuarón.
El compositor es hijo del baterista de jazz Johnny Williams (1905-1985). Nació en 1932, en Nueva York, y estudió piano, trombón, trompeta y clarinete. De 1980 a 1993 fue director de la Orquesta Boston Pops. Ha creado conciertos orquestales para violín, flauta, clarinete, fagot, viola y arpa.
• Jeffrey Schindler, director huésped de la Orquesta Internacional de las Artes, también nació en Nueva York, en 1957; estudió clavecín y órgano. Ha participado en más de doscientas bandas sonoras como orquestador y arreglista: X-men, El hombre lobo, Astroboy, Bernardo y Doris, Supermán (el regreso), La era del hielo, etcétera. Ha dirigido como invitado a las orquestas sinfónicas de Londres, Colorado y Seattle, y las filarmónicas de Puerto Rico, República Checa y Nueva York. (F.F.)


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