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miércoles, 28 de junio de 2017

David Otero: De paseo por el amor

Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional


28 de junio, 2017 / Función única / 1:55 hrs. de duración / 
Promotor: OCESA Promotora S.A. de C.V.


Gustavo Emilio Rosales
El amor no está exento de rudas travesías, como la que podrían experimentar ahora numerosas personas al tratar de abrirse paso entre la lluvia intensa y el viento trepidante, en esta noche de tormenta que sacude a la Ciudad de México. Por el contrario, sobre un foro apenas vestido con luces de colores, que será su dominio personal durante las próximas dos horas, el cantante madrileño David Otero ofrece una gira tersa sobre la faz pacífica del corazón enamorado; un paseo emocional plagado de dulzura, sensualidad y dicha, en el que la principal preocupación sería dejar de tararear indefinidamente los estribillos de las piezas de quien fuera, durante quince años, guitarrista del conjunto power pop español El Canto del Loco (ECDL).


La imagen de Otero está trazada en armoniosa relación con su propuesta musical. Complejidad sencilla antes que simpleza complicada. Estudiadamente despeinado; barba crecida, pero apenas al filo de lo que indicaría una improbable ley de urbanidad; ropa entallada, mas no ajustada; colores que tienden hacia la gama del gris, con vivos que aportan un aura juguetona y auténtica. Quizá hayamos visto actores de cine que, como David, cerca de cumplir cuarenta años aún pueden interpretar con lujo de verosimilitud a chicos que cuentan con tres lustros menos de edad. “Si Peter Pan no se quiere ir / la soledad después querrá vivir en mí”, reza un tema de ECDL que el protagonista de esta velada pasada por agua ofrece con voz límpida, entonada, y un minúsculo vaivén corporal que no necesita más que un pedazo de cuarenta o cincuenta centímetros cuadrados para florecer en la percepción de un público que despide fragancia quinceañera a través de breves alaridos y brazos levantados, agitándose cual espigas de cebada en campo oscuro.

“Agradezco a quienes están y a quienes van llegando a pesar de los obstáculos del clima”, comenta, y continúa cantando sin especificar si la canción en curso pertenece a su etapa como integrante de un colectivo, si es parte de la historia contenida en los discos que grabó bajo el seudónimo de El PescaoNada lógico, Un viaje nada lógico (reedición CD + DVD + libro), ¡Ciao Pescao! (EP), Ultramar— o si forma parte de su reciente lanzamiento, llamado como él: David Otero. Con seguridad, no necesita brindar aclaraciones al respecto: hombres y mujeres frente a su faz, y frente a los tres músicos que lo acompañan, le arrebatan las entonaciones de los labios, haciéndolas suyas; primero como eco, cual coro; después, como un canto decidido, principal.
El goce aumenta. La tersura musical del repertorio de Otero, conducida por su educada voz y una manera prístina de rasguear las cuerdas de guitarra (eléctrica y acústica), cuenta con sólidos cimientos en el trabajo del baterista español José Antonio Muñoz, también conocido como La Bestia de Almansa, por su porte de fiero gladiador. A todas luces se trata de un percusionista afín al devenir de los géneros pesados del rock que, ensamblado en el estilo pop que domina este programa, resulta capaz de transmitir un romanticismo atravesado por anabólicos del ritmo. El bajista Xavier Orozco logra un discreto pero efectivo papel de acompañante de esta bomba de pulsos, en tanto que el guitarrista Fernando Blu juega a ser la sombra sonora de las estructuras musicales que enmarcan a David como el chico bueno del amor contemporáneo (y lo contemporáneo es, de acuerdo con Giorgio Agamben, aquello que no coincide de manera demasiado plena con su época).
Otero exhibe su ofrecimiento con convicción y poco a poco —como esas lluvias finas que empapan— logra resultados de impacto en lo que se refiere a captar la atención de su auditorio. Dio inicio al concierto interpretando de corrido tres temas, mientras que el resto de las personas que colmarían el recinto ocupaban su lugar, bajo la conmoción de haber sorteado los escollos de la urbe tormentosa.
A la primera media hora, el cantautor ha provocado una coreografía de siluetas que menean torsos y frondas capilares. Hacia el segundo tercio del recital, el ibérico se halla en el sector de mesas, rodeado a menos de un metro de distancia por una multitud que, hipnotizada por tener a su ídolo al alcance, lo escucha interpretar a capela “Dibujos de papel”. ¿Haría falta narrar que la noche musical terminaría en un eufórico baile a los pies de la banda?
David muestra la destreza necesaria para sortear el espacio que separa al cantante popular del auténtico hombre espectáculo: la oratoria justa para enardecer a multitudes. Los componentes de este discurso son, por supuesto, anécdotas que incitan al diálogo y a la complicidad (“os juro que no tomo gota de alcohol”, afirma, y entonces el público le ofrece un tequila y él lo bebe; inicia así el juego colectivo que podría denominarse “embriaguemos a la estrella”); también actos graciosos, como cuando el madrileño altera la voz para suplir la presencia de la cantante argentina Rosario Ortega, en el tema “Por las calles de Palermo”; afrentas que estimulan, como el sostener que “los españoles tal vez aplaudirían más este tema”; y retozos con artistas invitados que, para la ocasión, fueron el cantante Juan Solo y el guitarrista Fon Román, quien nunca pudo afinar correctamente su instrumento y terminó participando como un corista de lujo.
Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional

El auténtico placer también se puede fabricar. Tal vez esta frase podría hacer las veces de divisa coherente con la presentación de David Otero, a quien —como al célebre personaje de Dorian Gray, inventado por Oscar Wilde— le ha sido dada la capacidad de libar y compartir las mieles del amor juvenil pese al inexorable, en ocasiones tormentoso, transcurso de los años.


Programa
Micromagia / La luz oscura del mar / La luna va y viene / Azul y blanco / Llamando a gritos / Aire / Peter Pan / Loco de amor / Peces voladores / Foto en blanco y negro / Me enciendes / Al otro lado del mar / 12 horas (con Juan Solo) / Un mundo para ti / Por las calles de Palermo / Volverá (con Juan Solo) / Buscando el sol / Sucede (con Fon Román)  / Regreso / Tal como eres / El Pescao / Castillo de arena / Una vez más / Popurrí: Tal como eres - Castillo de arena - Una vez más.


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