jueves, 29 de junio de 2017

Banda MS: Tradición existencial sinaloense

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional



Banda MS de Sergio Lizárraga. Tour Es tuyo mi amor / 29 de junio, 2017 / Primera de tres funciones / 
3:25 hrs. de duración / Promotor: Sergio Lizárraga Lizárraga.


Gustavo Emilio Rosales
Dos autos último modelo sobre el foro. Sus luces delanteras se abren paso entre una bruma artificial, como queriendo iluminar los gritos de asombro del público que ha dejado por un momento de bailar para mirar, con una mezcla de azoro y expectación, el desenlace de la historia que hasta hace unos segundos se estaba proyectando en enormes pantallas, en la que dos varones se disputaban el amor de una chica por medio de una carrera de vehículos que parecía convocar a la muerte. Los protagonistas del duelo descienden de los coches: son Alan y Walo, cantantes y líderes de la Banda MS; la hermosa chica de la escena registrada mediante cámaras también aparece sobre el foro, desatando silbidos y aullidos.
La ficción se convierte en “realidad” y al compás de “Me gusta tu vieja”, el colectivo administrado por Sergio Lizárraga se dispone a atravesar la primera mitad de una gesta sonora que durará más de tres horas, estableciendo el desenlace de una historia de amor y desamor que los espectadores hemos seguido a través de proyecciones y escenificaciones pautadas por el vasto repertorio de esta popular agrupación. 
Banda MS ha planteado un programa acorde con la lógica de su propuesta musical: la del exceso. Gran impacto sonoro, acentos en lo que ya de por sí resulta enfático (la mujer es muy bella, el dolor del amor es doloroso en extremo, etcétera) y una ejecución que parece decidida a tomar el camino largo de una revisión detallada a más de diez años de trayectoria artística.
Por si esta inclinación a la grandilocuencia fuera poco capital, el grupo cuenta también con un auditorio fiel que se sabe a pie juntillas todo el repertorio, multiplicando en espejos sonoros la ya de por sí barroca propuesta original en una experiencia desmedida que arroja como tono general una especie de horror vacui. 
El impacto corporal de esta desmesura es asombroso, especialmente cuando se contempla a un organismo que ha tocado casi sin parar durante ciento ochenta minutos un trombón, una trompeta o la tuba. Se tiene la impresión de estar frente a un atleta de fondo, que al romper un límite de su disciplina también altera en algo su habitual forma humana. ¿Quién iba a pensar que la otrora llamada tambora fuera un campo propicio para la observación del éxtasis; de sus impulsos, sus crestas, sus medidas? Banda MS logra dar solidez a esta gesta partiendo de una noción de calidad: todos los elementos involucrados en el concierto deben ser sobresalientes.
De tal forma, los diecinueve miembros del colectivo sinaloense que esta noche impulsan no sólo su amplia bitácora musical, sino también, y especialmente, su reciente lanzamiento titulado La mejor versión de mí, se muestran cual expertos en su oficio: no puede existir un avance mediocre, lejos está la idea de una ejecución hecha a medias. El resultado es una bomba que desordena y entrelaza los dominios de la objetividad y la subjetividad: habría de ser como beber tres tazas de chocolate a la española, a más de cuarenta grados de temperatura, sin sombra de resguardo y bailando sin cesar. Cosa más grande… El par de comandantes de la Banda, Alan Ramírez y Oswaldo Walo Silvas dan ejemplo de heroicidad musical al cantar, actuar y hacer avanzar la dramaturgia de la función sin trastabillar ni una sola ocasión con menesteres de memoria, entonación o despliegue actoral.
Los paisajes sobre el escenario no presentan grandes florituras, cabe aclarar. Hay tres sectores divididos con una precisión jerárquica: en una zona superior actúan cuatro percusionistas —dos de ellos bateristas y el resto ejecutantes de instrumentos diversos—; en una región intermedia están las grandes pantallas sobre las que se proyectan diversas grabaciones en video (todas ellas relacionadas con la fábula principal de la hermosa dama en disputa o con la producción elaborada para el más reciente sencillo, que sonará esta noche hasta en tres ocasiones: “Las cosas no se hacen así”) y en un ámbito principal, cerca del proscenio, con una hilera como disposición de orden espacial, el resto de los integrantes de MS. Sin embargo, la exageración es acústica; es decir, una Torre de Babel hecha de tiempos: los tiempos de la tradición existencial sinaloense, que, según una canción recientemente ejecutada, gusta de una vida recia, acelerada; los tiempos del amor frente a la costa, donde la realidad se desdibuja “como un sueño que recuerdo y que nunca soñaré”; y aquellos marcados por la voluntad de poder que tiende a derrumbar todo cerco moral al grito de “¡Mi gusto es!”
Alan, Walo y los diecisiete músicos restantes (cada integrante de MS tiene un número de identificación bordado en su vistoso uniforme) no cesan tampoco de disfrutar su propia proeza musical. La gozan en serio, de manera genuina, y quizá esa capacidad de goce inalterada sea el motor de una épica norteña en la que no se extraña la presencia de Julión Álvarez, uno de los fundadores de la Banda, hoy convertido en exitoso rival. 
Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

En verdad —pero, ¿qué es a estas alturas la verdad?— la Banda MS tiene muchos y muchas más integrantes: cada uno de los innúmeros cuerpos que danzan por pasillos o frente a sus butacas; cada uno de los organismos que repite, entonando en alta voz, que “te vas a ir ahorita a la fregada”. 

Símbolo de identidad
• El ensamble musical denominado banda o tambora se ha convertido, desde hace ya varias generaciones, en un símbolo de la identidad de su estado de origen: Sinaloa, entidad configurada geográficamente por dos zonas contrastantes, que son la Sierra Madre Occidental y la Llanura Costera del Pacífico. La historia de esta provincia ubicada al noroeste de la República Mexicana se encuentra marcada por una fuerte presencia europea —particularmente francesa y alemana—, que, entre numerosos bienes culturales, aportó a la región la dotación instrumental y los estilos musicales que habrían de articular lo que a partir de la segunda mitad del siglo pasado se conocería como la banda sinaloense; a saber, por una parte, los instrumentos de viento y percusión que se han vuelto característicos de agrupaciones de este género (saxofón, clarinete, trompeta, trombón, tambora o bombo y tarola; en ocasiones, acordeón); así como formas musicales que suelen o solían ser acompañadas por una expresión dancística, como el vals, la mazurka, la polka y la fanfarria. A medida que la banda sinaloense comenzó a desarrollarse, se incorporaron a ella instrumentos americanos, como la tuba, y una forma particular de narración —mezcla de fábula y relato trovador— conocida como corrido, por medio de la cual se transmite la historia oral —real o mítica— de una comunidad o de individuos. Los primeros lustros del siglo XXI han enmarcado el auge de la música de banda en diversos puntos de México, lo que ha generado la polémica de si se le debe o no considerar como Patrimonio Cultural de la Nación. Banda MS —siglas que aluden al puerto y al estado de su origen: Mazatlán, Sinaloa—, por medio de una labor artística de más de diez años, se ha colocado a la vanguardia de esta expansión popular.
• La Banda es estruendo aquí y ahora. Su paso vigoroso, en el que reina el retumbar, parece anunciar la proximidad de un tropel de elefantes. Pese a ello, es depositaria de tiernas, incluso melosas, historias de amor, donde el canto se torna cuento. Esta vocación narrativa, usualmente acuñada en las letras de cada canción, ha encontrado su manifestación literal en los videos musicales. Literal, porque en esos materiales audiovisuales se suele ilustrar con imágenes exactamente el mismo contenido que la lírica expresa. Banda MS ha agregado a esta costumbre de utilizar la reiteración —incluso el pleonasmo—, la confección de una serie de videos en donde los músicos líderes aparentan platicar con el público al plantear una dinámica de diálogo en la que el auditorio sería uno de los interlocutores. Como estos videos se proyectan en ausencia física de los protagonistas, se habla de “conciertos interactivos”. (G.E.R.)

Programa
Las cosas no se hacen así / Se va muriendo mi alma / Si te dejo de querer / No es por presumido / Es tuyo mi amor / Mi razón de ser / A mí me está doliendo / El patrón / Ni las moscas se te paran / Qué bendición / Piénsalo / Pásame un bote / Cahuates, pistaches / El ausente / La suata / A mí también me vale / Hermosa experiencia / Háblame de ti / Me gustas mucho / Excepto a ti / No me pidas perdón / Entonces, qué somos / Las cosas no se hacen así / Mi olvido / Ayer la vi por la calle / Tengo que colgar / Sólo con verte / El sinaloense / El mechón / Me gusta tu vieja / El 24 / Chuy y Mauricio / El Águila Blanca / Levántese tempranito / El color de tus ojos / A lo mejor / Mi mayor anhelo / El muchacho alegre / De haber sabido / Por este amor / No era para siempre / Sigue / El terco / Me gustan los retos / Mi gusto es / El rey / Acá entre nos / Me vas a extrañar / Las cosas no se hacen así.


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