miércoles, 24 de mayo de 2017

Railrod: Una locomotora cargada de nostalgia

Foto: Edgar Rubio / Colección Auditorio Nacional

The rise of the hermit / 18 de mayo, 2017 / Función única / 
2:10 hrs. de duración / Promotor: Rodrigo Javier Arce. 

Alejandro González Castillo
Railrod es una locomotora cargada de acero, voltios y harta nostalgia cuyo paso firme es responsabilidad de Os (voz y guitarra), Rod Esquivel (guitarra y coros) y Santiago Márquez (bajo), quienes hoy inauguran su noche debut en Lunario con “Tryin’ to fit”, un tema que en seis compases deja bien claro que se está ante tres muy jóvenes músicos que escudriñaron pacientemente en las colecciones de discos de sus tíos y abuelos con tal de forjar su personalidad.
“Este proyecto fue pensado para ser hecho a la antigua”, puede leerse en el sitio de Facebook de los originarios de la capital mexicana; “con esto queremos revivir la esencia pura del rock clásico”, remata la declaración de principios. Y resulta cierta la afirmación una vez que toca el turno de “Entrega”, pues al trío, acompañado por Eric del Rey (teclados) y Christian Charpenel (batería), le resulta imposible deshacerse de la influencia de los grupos por los cuales las chicas soltaban suspiros durante los años ochenta, como Bon Jovi, Poison y, muy especialmente, Metallica; bandas cuyo metal bien pulido se mezcla con el óxido que alguna vez produjo el ímpetu grunge de combos como Soundgarden o Stone Temple Pilots.
Sin embargo, a nivel visual Railrod recurre a las herramientas que Led Zeppelin encontró ideales para sacudir la cabellera. Para ejemplos, ahí está el doble bombo de tamaño colosal que John Bonham aporreaba, esta vez atacado por Charpenel; y también la guitarra de doble mástil (con arco incluido) que hoy el cantante empuña como homenaje a Jimmy Page. Tras los músicos, para completar la postal, un muro de amplificadores ostenta los grafitis sonoros que hace tiempo Kim Thayil y Kirk Hammett trazaron con indeleble aerosol y que con la ejecución de “Nothing seems so bright” encuentran hoy un retoque. 
Apenas con un álbum en su haber, The rise of the hermit, la banda demuestra que sus presentaciones en estaciones del metro y preparatorias, además de su paso por el Palacio de los Deportes para pisar el mismo escenario que Aerosmith, han rendido frutos. En ese rol, la gritería que la llegada de “Girl, let me love you” trae consigo, obliga a Os a sincerarse respecto al camino andado por él y los suyos: “algunos no nos creían capaces de lograr esto, de conseguir tocar en el Lunario; pero finalmente es el público, la gente, quien decide cuál banda se queda”. 
Foto: Edgar Rubio / Colección Auditorio Nacional
Y aunque la audiencia exige que el show se prolongue (inició con Skeleton Crew como banda invitada), el adiós llega cuando un puñado de plumillas es tomado por el vocalista y sus compañeros para repartirlo entre sus fans. Sigue bajar del escenario para tomarse algunas fotos y recibir palmadas a modo de felicitación por parte de familiares y amigos y, finalmente, firmar la manta que un club de admiradores ha llevado al foro. Para entonces, es perceptible que tales muestras de afecto son recibidas por vez primera en la vida de los músicos; sin embargo, los recién nacidos ídolos ocultan bien su asombro, actúan con naturalidad. No cabe duda: tienen desde ya la fascinante flema del rockstar circulando por sus venas.

Programa
Tryin’ to fit / Entrega / The one / Found my queen / Nothing seems so bright / The hermit / Two paths / Girl, let me love you / Gigies / Quit? 


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