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viernes, 26 de mayo de 2017

Jesse & Joy: Perder un padre y ganar un tío


Foto: Chino Lemus / Colección Auditorio Nacional

Tour Un besito más / 26 de mayo, 2017 / Función única / 
2:10 horas de duración / Promotor: OCESA Promotora S.A. de C.V.

Julio Alejandro Quijano
Joy está en medio y con la vista hacia lo alto. A la izquierda, Jesse con la guitarra en los brazos y la mirada al piso. Del otro lado, Juan Luis Guerra con la mano izquierda en el pecho y la derecha en la frente. Los tres respiran hondo. En silencio, se levantan de las sillas en las que acaban de interpretar “Un besito más”. Se abrazan y con una reverencia agradecen lo que más que una ovación, suena a mensaje de solidaridad. O señal de empatía, de sentir lo mismo. O quizá conexión espiritual. ¿O cómo se podrían resumir las lágrimas que se les escapan a los hermanos Huerta? ¿De dónde viene esta sensación que fácilmente se puede describir como “el momento más emotivo de la noche”?

Viene de tres diferentes salas en tres distintos momentos de su vida.
Primera sala: la de su casa. Comienza Aretha Franklin y luego siguen Los Panchos. El oído de Jesse y Joy, entonces unos niños, se educa entre la influencia de su madre (estadounidense apegada al soul y el jazz) y el gusto de su padre mexicano por los tríos. “Ahí, con ellos a nuestro lado, creamos nuestras primeras canciones y las presentábamos a nuestra familia”, cuenta Jesse. De vez en cuando, el papá se acerca incluso para sugerir un verso.
Segunda sala: la de juntas, en la disquera que los contrata y cuyos ejecutivos organizan un desayuno con críticos musicales y publicistas para que le den el visto bueno al dueto que está por comenzar un carrera en 2005. Entre fruta y yogur, Joy impresiona con la potencia de su voz en ese pequeño espacio del edificio ubicado en la colonia Anzures, en la Ciudad de México. Afuera, en una oficina, su madre y su padre los esperan.
Tercera sala: la de conciertos en el Auditorio Nacional, esta noche. Los hermanos presentan su cuarto disco titulado Un besito más, ya no ante la complacencia de parientes o el juicio crítico de gente dedicada a la industria musical sino en compañía de diez mil personas a quienes Joy define como “los fans más bonitos del planeta”.
Los piropos son mutuos y son muestra de un amor que sabe a cocoa espumosa. Por lo menos así lo define Jesse cuando justo después de “Chocolate”, saluda con una pregunta en la que titubea para encontrar la palabra correcta: “¿Cómo está el público más exigente, más conocedor y más… y más… más caliente del planeta?”. En otro momento, el adjetivo parecería fuera de lugar pero no en este show de la gira 2017 y que coincide con los días más calurosos de la primavera: hasta treinta y dos grados, lo que obliga a mantener las puertas del foro abiertas. Así que tampoco salen sobrando los motivos de playa que adornan el escenario.
“Esta sala es sagrada para nosotros”, explica Joy cuando, tras una pausa, reaparece en un entarimado que se coloca al centro de la butaquería de la planta baja. Decenas de manos intentan tocarla como prueba de su devoción y ella accede: se acerca y estrecha la mano de los que puede mientras canta “Me soltaste”.
Puro pop y folk han necesitado para pasar de la sala de su casa a la del Auditorio Nacional. Para pasar de ser aplaudidos por un grupo de periodistas a tener ahora miles de voces que corean aquellos mismos versos de “Espacio sideral”, tema que se convierte en una fiesta: “Queremos que canten, que bailen, que… que sean felices”, dice Jesse, quien otra vez atina con las palabras a pesar del titubeo.
Igual que en aquellos momentos del pasado, ahora, mientras ellos triunfan en esta tercera sala, su madre los escucha. Está en primera fila. Pero esta vez, sola. El papá de Jesse y Joy murió hace tres años. No es una coincidencia entonces que la anterior gira coincida con ese fallecimiento. Antes de regresar al ajetreo de los conciertos, necesitaban encontrar la forma de no sentir esa ausencia.
Fue entonces que hallaron al cantautor dominicano Juan Luis Guerra, quien les ayudó a crear “Un besito más”. Empezó como productor de esa canción que le compusieron a su padre pero terminó siendo su tío. “Más que un amigo, se ha vuelto alguien de la familia”, dice Jesse cuando lo presenta. “Vine desde Dominicana sólo para este momento. No quería perdérmelo”, confiesa Guerra.
Los tres se sientan. A Joy le toca dar explicaciones: “Esta canción la escribimos cuando más solos nos sentimos, cuando más tristes estábamos. No podíamos entender… la escribimos al perder a nuestro papá, para decirle cuántas ganas teníamos de darle un besito más”.
Y cantan. Mejor dicho, curan la herida. “Queridos sobrinos —dice Juan Luis al despedirse—, siempre es un placer inmenso compartir escenario con ustedes”.
Foto: Chino Lemus / Colección Auditorio Nacional
Con esa misma convicción de que la música puede sanar, el final del show es una dedicatoria para las víctimas del atentado del 22 de mayo en Manchester durante un concierto de Ariana Grande. “Quiero que canten lo más fuerte que puedan”, pide Joy a los fans que hacen caso y convierten “Ecos de amor” en un clamor de paz.

Un trofeo que cayó del cielo
Además de Jesse y Joy, los nominados eran Gaby Moreno por Ilusión, Laura Pausini con el disco Similares, Sanalejo competía con Seguir latiendo y Diego Torres por Buena vida. Todos ellos en la categoría de Mejor Álbum Latino de los premios Grammy 2017 (versión anglosajona).
La única vez que los hermanos Huerta habían competido por estos premios había sido en 2013, cuando fueron nominados en la misma categoría pero perdieron ante Juanes. Ahora ganaron con Un besito más. En la ceremonia de premiación, tras el anuncio de la presentadora de que el Grammy era suyo, comenzaron un largo recorrido por las butacas del Staples Center de Los Ángeles, ya que las primeras filas siempre son ocupadas por los nominados de las categorías en inglés.
Cuando finalmente llegaron por su trofeo, Joy tomó el micrófono y prometió no llorar. Incumplió. Con un inglés perfecto explicó que ese disco estaba dedicado a su padre y en ese momento sus frases comenzaron a cortarse por los sollozos. Pero alcanzó a dar una última declaración de principios: “Él nos enseñó a ser orgullosos mexicoamericanos. Y hoy por eso le dedicamos este Grammy a todos los hispanos que viven en Estados Unidos”. En tiempos del presidente Donald Trump, los Huerta decidieron enarbolar la bandera de la tolerancia. (J.A.Q.)

Programa
¡Qué pena me da! / No soy una de esas / Ya no quiero / Chocolate / Llorar / ¿Con quién se queda el perro? / Mi tesoro / Esto es lo que soy / Dime que no / Llegaste tú / Un besito más - Bachata rosa (con Juan Luis Guerra) / Me quiero enamorar / El malo / Me voy / Adiós / Me soltaste / Corre / Espacio sideral / Dueles / La de la mala suerte / Ecos de amor.




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