sábado, 13 de mayo de 2017

El caballero de la rosa: Un relevo generacional



Ópera en vivo desde el Met de Nueva York, en pantalla gigante de alta definición. Temporada 2016-2017 / 13 de mayo, 2017 / Función única /
4:35 hrs. de duración / Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional.

Fernando Figueroa
La última función de la soprano Renée Fleming como la Mariscala en El caballero de la rosa, de Richard Strauss, es un suceso artístico de primer orden que ella misma, Elīna Garanča, la gerencia y el público del Met transforman en algo inolvidable. Sobre todo la mezzosoprano letona en el papel de Octavio.

Si el Met entregara premios anuales tipo Oscar, sin duda Elīna Garanča obtendría el de mejor actriz. Considerada una de las mujeres más bellas de la ópera a nivel mundial, en la primera escena de El caballero de la rosa causa admiración como un joven guapo que fuma; resultan muy creíbles los modales varoniles de quien acaba de hacer el amor con su amante de mayor edad (Mariscala).

El barón Ochs (Günter Groissböck, bajo) llega de improviso a la casa de la Mariscala y por eso Octavio debe transformarse en Mariandel, supuesta integrante de la servidumbre. Es entonces que Garanča luce como una graciosa empleada que evade los vulgares coqueteos de Ochs, y más tarde como una sensual mujer que le tiende una trampa al mismo patán.
Por si todo lo anterior fuera poco, Garanča luce su amplio registro vocal en los recitativos y arias. Aunque la anécdota gira en torno al declive físico de Mariscala y sus reacciones emocionales, el título advierte que el personaje principal es el de Octavio, ya que permanece durante más tiempo en escena y se presta para mayor lucimiento.
En ese difícil contexto se tiene que mover Renée Fleming. No es lo mismo alternar con Susan Graham en esta ópera de Strauss, como lo hizo en 2009 en el Met, que con Elīna Garanča. Otra diva hubiera exigido a alguien menos carismática como alternante, pero la estadounidense quiso despedir a “su” Mariscala en plan grande y ha salido airosa.
Semanas atrás, The New York Times informó que Fleming se retiraría de la ópera el 13 de mayo de 2017. Durante el intermedio, ella dice que, efectivamente, no volverá a trabajar en El caballero de la rosa porque lo ha hecho “más o menos setenta veces”, pero deja abierta la posibilidad de participar “en nuevos proyectos”. Según el mencionado diario, la soprano agradeció por correo electrónico a la orquesta y al coro del Met por tantos años de fructífera colaboración, aunque con la advertencia de que “podría volver”.
Mientras son peras o manzanas, el público la ovaciona desde que surge en escena y ella tiene el aplomo para no hacer alguna reverencia que rompa la verosimilitud de la historia; simplemente espera unos segundos para iniciar su primer recitativo. Las muestras de cariño se repiten luego de sus arias más importantes y explotan al final con aplausos atronadores y exclamaciones de todo tipo. De la parte alta del Met dejan caer papel picado hecho con programas sobrantes.
Si Renée Fleming decide no volver y dedicarse a los recitales y grabaciones —tanto de ópera como de canciones de pop, rock y jazz como lo ha hecho en el pasado—, este final de fiesta en el Met quedará grabado para siempre en videos y, en especial, en la mente de quienes la vieron en vivo o en salas alrededor del mundo, como el Auditorio Nacional. Se habrá ido en plenitud física y artística, pues si bien Elīna Garanča está arrolladora como caballero de la rosa (alguien que se encarga de entregar una flor plateada como símbolo de compromiso matrimonial), la Fleming ofrece una Mariscala insuperable.
Como si se tratara de una metáfora de lo que le sucede en la vida real, Fleming interpreta a una mujer que dice frases como éstas: “El tiempo se desliza por el espejo y fluye por mis sienes. En la juventud nadie repara en el tiempo, pero después es lo único en lo que se piensa”. Ella sabe que Octavio la dejará por alguien más joven e incluso alienta esa posibilidad cuando aparece Sophie (Erin Morley, soprano).
Una posible lectura de esta histórica función sería que, a los cincuenta y ocho años, Renée Fleming le entrega al público a una sucesora como consentida del Met. Lo más cruel del asunto estriba en que la última ovación es para todo el elenco en pleno, sí, pero la penúltima va dirigida a Garanča, la principal protagonista. Muerta la reina, viva la reina.

Otra comedia de enredos
• El estreno mundial de El caballero de la rosa fue el 26 de enero de 1911, en la Ópera de la Corte de Dresde, Alemania, con libreto de Hugo von Hofmannsthal.
• La nueva producción del Met es de Robert Carsen, quien en 2013 montó ahí mismo Falstaff, de Verdi. En El caballero de la rosa utiliza tres fastuosos escenarios que ubican la acción al final del Imperio de los Habsburgo: el castillo del Mariscal de campo, cornudo viajero que nunca aparece en escena; el palacio de Faninal, padre de Sophie; y un burdel.
• En las entrevistas de los intermedios, el director de orquesta Sebastian Weigle dice que Renée Fleming y Elīna Garanča son la Mariscala y Octavio que cualquier producción desearía tener.
• Elīna Garanča comenta que sus dos hijas le ayudaron mucho en el entrenamiento para comportarse como hombre. Acerca de por qué aceptó el papel de Octavio, mencionó: “En cualquier actividad debemos ponernos retos”.
• Un detalle simpático en medio de la comedia de enredos que es El caballero de la rosa: Matthew Polenzani interpreta el pequeño papel del cantante italiano que aparece en el primer acto (con traje blanco y bigote), luego hace las veces de entrevistador en la transmisión vía satélite (con traje oscuro y sin bigote), y al final recibe las ovaciones del público, caracterizado de nueva cuenta.
• Durante la tradicional charla previa, en el Lunario, el maestro Sergio Vela comentó que El caballero de la rosa tiene como antecedentes principales a Los maestros cantores de Núremberg, de Wagner, y Las bodas de Fígaro, de Mozart. También dijo que esta ópera de Strauss contiene “los veinte minutos más sublimes para un trío de voces femeninas: soprano dramática (Mariscala), soprano lírica (Sophie) y mezzosoprano (Octavio). (F.F.)

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