domingo, 21 de mayo de 2017

Allegro sinfónico para niños (I): Una estampida juguetona

Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional

Orquesta Sinfónica de Minería. Alfredo Ibarra, director invitado. Toño Esquinca, narrador / 21 de mayo, 2017 / 
Función única / 1:40 hrs. de duración / Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional.

Fernando Figueroa
¡Alerta, alerta! ¡Animales del zoológico se escapan de Chapultepec y se refugian en el Auditorio Nacional! ¿No es cierto? Eso dicen en las redes sociales, hasta hay fotografías de un elefante, un tigre y un león en el escenario. Y se oye el rugir del león, el bramido de un elefante, el rebuzno de un burro, el canto del cucú y hasta el galope de asnos salvajes. 
¡Que no cunda el pánico! Lo que sucede es que la Orquesta Sinfónica de Minería (OSM) está tocando El carnaval de los animales, de Camille Saint-Saëns (1835-1921). El elefante, el tigre y el león sí están a los costados del escenario, pero son de utilería. Y en las butacas hay diez mil pequeños y adultos que gozan del primero de dos conciertos de la serie Allegro sinfónico para niños. El próximo será el 18 de junio con un programa distinto.
Los integrantes de OSM están vestidos con ropa casual y lucen caras alegres. La batuta está en la mano derecha de Alfredo Ibarra, el director invitado que tampoco trae smoking pero sí un sobrio traje negro. El locutor radiofónico Toño Esquinca es el narrador e inició el show caminando entre las butacas preferentes, preguntando a la gente: “¿Usted trajo o lo trajeron?”.
Luego de una marcha que anuncia la presencia del rey de la selva, el rugido del león se oye en el primer movimiento de El carnaval de los animales y surge gracias al piano de la cubana Ana Gabriela Fernández, quien dialoga con las otras teclas que frente a ella pulsa la mexicana Edith Ruiz, ambas instrumentistas de alto nivel. Esquinca comenta que este animal duerme dieciséis horas al día y puede correr a noventa kilómetros por hora.
Más adelante, las gallinas cloquean desde uno de los pianos y el gallo canta desde el otro; violines y clarinetes se suman al bullicio del gallinero. La base de este fragmento es una suite de Jean-Philippe Rameau. Estos animales fueron domesticados desde hace ocho mil años y son tan inteligentes que cacarean de forma diferente, según el peligro que vislumbren.
Los asnos salvajes o hemiones galopan gracias a la furia que imprimen las pianistas. Están en peligro de extinción y solamente quedan sesenta en el mundo. Las tortugas no hacen ruido, así que, para representarlas, el compositor francés utilizó el “Can-can” de la opereta Orfeo en los infiernos, de Jacques Offenbach, pero en versión lenta, por eso es un poco difícil distinguir la melodía original.
El elefante está representado por el contrabajo, un instrumento grande y pesado que es capaz de bramar como esos impresionantes mamíferos. Los canguros saltan en las teclas del piano. La ambientación de las profundidades marinas se consigue con el glockenspiel, un pariente de la marimba, hecho de metal, que al ser percutido evoca el tañido de las campanas; las flautas, las cuerdas y los pianos enmarcan el mundo subacuático.
Los violines imitan el rebuzno de los burros, fragmento dedicado a los críticos musicales por parte del compositor, quien también incluyó a los pianistas en su zoológico (él era uno de ellos). Las aves cantan a través de las flautas y hasta los fósiles se expresan gracias al xilófono; en este segmento pueden distinguirse las notas de la popular y antiquísima “Estrellita, ¿dónde estás?”.
Con un poco de imaginación, en el Auditorio Nacional es posible “ver” a un cisne deslizándose en el lago mientras el violonchelo aporta la suave melodía. Y el final de esta composición llega majestuoso como si todos los animales no se hubieran escapado de Chapultepec sino del arca de Noé.
La segunda gran lección por parte de la OSM consiste en la interpretación de Guía orquestal para jóvenes, del inglés Benjamin Britten (1913-1976). Con esta composición, subtitulada Variaciones y fuga sobre un tema de Henry Purcell, los espectadores pueden distinguir los ochenta instrumentos de la orquesta, divididos en cuatro grupos: cuerdas (violines, violas, violonchelos, contrabajos, arpa); alientos de madera (flautas, oboes, clarinetes, fagotes); alientos de metal (cornos, trompetas, trombones, tuba); y percusiones (timbales, tambor, platillos, bombo, xilófono, triángulo, pandero, castañuelas, bloques de madera). Los pianos, tan protagonistas esta tarde, se clasifican como cuerdas percutidas.
Esta obra de Britten concluye con una fuga, que es comparada por Toño Esquinca con la huida de un ciclista en alguna competencia, seguido por sus rivales.
El programa dio inicio amablemente con la Obertura de El barbero de Sevilla (Gioachino Rossini), y finalizó con la polka Rayos y truenos (Johann Strauss hijo), al tiempo que las luces del escenario parpadeaban y desde el proscenio se disparaban ráfagas de humo.
El encore, nunca tan bien elegido: el “Galope infernal” o “Can-can” de Offenbach ahora sí a la velocidad normal, con los músicos luciendo antifaces y el multicolor papel picado por los aires que anuncia el fin de esta fiesta musical para todas las edades.
A la salida, los infantes se entusiasman con una serie de productos relacionados con la serie Allegro sinfónico para niños: playeras, loncheras, mochilas, tazas, cuadernos para iluminar, libretas y algo más.

Un proyecto divertido
Varias semanas antes de este concierto, el licenciado Eduardo Amerena, Coordinador Ejecutivo del Auditorio Nacional, comentó en conferencia de medios que este recinto busca diversificar su programación y atraer a nuevos públicos, especialmente con proyectos culturales que sensibilicen a infantes y jóvenes. En ese contexto, Allegro sinfónico para niños es una serie inicial de dos conciertos que se podría ampliar en el resto del año y volverse una tradición.
En la misma reunión, Gerardo Suárez, presidente del Consejo Directivo de la Academia de Música del Palacio de Minería, organismo que apoya a la OSM, expresó su deseo de que los niños se diviertan durante estas presentaciones, pero que también se interesen por volver a escuchar a una orquesta y, en última instancia, aprendan a tocar un instrumento.
Alfredo Ibarra, director huésped, se refirió a la importancia de que sobrevivan las grandes orquestas como símbolo de la grandeza del ser humano. Se mostró complacido con los programas elegidos porque combinan diversión, aprendizaje y el despertar de la pasión por la música. 
Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional

El 18 de junio de 2017, la Orquesta Sinfónica de Minería presentará Pedro y el lobo, de Serguei Prokofiev; El aprendiz de brujo, de Paul Dukas, y Bolero, de Maurice Ravel. También se proyectará Pedro y el lobo, de Suzie Templeton, que en 2007 obtuvo el Oscar al Mejor cortometraje de animación. Como narrador repetirá Toño Esquinca, quien desde hace catorce años conduce un popular programa de la estación Alfa, perteneciente al Grupo Radio Centro. (F.F.)

Programa
Obertura de El barbero de Sevilla (Gioachino Rossini) / El carnaval de los animales (Camille Saint-Saëns) / Guía orquestal para jóvenes (Benjamin Britten) / Rayos y truenos (Johann Strauss hijo) / “Can-can” (Jaques Offenbach).


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