domingo, 9 de abril de 2017

J Balvin: Vivito y coleando

Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional


Energía tour / 9 de abril, 2017 / Función única / 1:35 hrs. de duración / 
Promotor: Universal Music México, S.A. de C.V. 

Alejandro González Castillo
Le pasó al rock & roll. En su momento lo tacharon de indecente, de alcahuete del exceso. Y aunque las buenas conciencias intentaron quemarlo vivo, al final no hubo más que aceptar que ese ritmo endiablado era inmortal. Décadas después, la historia se repite con un nuevo protagonista: el reggaetón, un provocador tan mal reputado como su viejo camarada pero igual de inofensivo. Pareciera que la rueda ha dado una vuelta completa para corroborar que las brechas generacionales se trazan con mayor contundencia en la pista de baile. 
Esta noche puede notarse que la grieta que hoy se abre posee dimensiones abismales; acaso la falla de San Andrés se le compararía. Los osados que acompañaron a sus hijos al Auditorio Nacional, pese a estar sentados al lado de sus vástagos, en realidad se encuentran al borde del quicio, con los brazos cruzados y las cejas alzadas; es al otro lado del precipicio que la fiesta tiene lugar, es ahí donde miles le dan vuelo a eso que las abuelas solían llamar hilacha apenas J Balvin aparece, despreocupado por el alboroto, flotando sobre una cama de nubes artificiales. Sin embargo, el intérprete trae consigo un discurso conciliador, de ahí que pida muy atentamente a los progenitores que siempre apoyen a sus retoños, pues éstos, recalca, podrían convertirse en los artistas del futuro. 
Apenas alcanzan a verse una cruz y una brújula trazadas en el cuello, y la palabra “real” escrita en los nudillos de la mano izquierda, aunque todos saben que hay mucho más que eso en su piel. En realidad, el colombiano tiene bastante qué decir, pero como no le basta con sus canciones se ha forrado de tatuajes. También es la razón por la cual porta una chamarra tapizada con marcas de lubricantes para autos, además de gafas con la firma del diseñador rotulada en el armazón, bien grande.
Con el sudamericano vienen cuatro bailarines, quienes se encargan de las piruetas; el del micrófono tiene suficiente con alzar el índice mientras rima, repitiendo historias que los presentes saben de cabo a rabo.
“Veneno”, con guitarras a todo volumen, cercanas al sonido rocker de Deftones; “Safari”, rica en percusiones sintéticas cuya raigambre se advierte africana (producto, por cierto, de la colaboración de Pharrell Williams); y “Snapchat”, una suerte de dub espeso, poseedor de amenazantes frecuencias graves. Ahí las excepciones de la cita, los temas que eluden la fórmula que se repite una y otra vez para disfrute del público. “A ella le gusta la candela y que la prendan en llamas”, señala Fuego (Miguel A. Durán Jr.), el invitado especial, cuando toma su turno al lado del anfitrión para manar un ritmo tribal, tan monótono como adictivo que le impide a cualquier cadera permanecer quieta. Y lo mismo ocurre con “Bobo”, “Si tu novio te deja sola”, “Sorry” y las que vengan. Tonadas que por todas partes se tararean; quizá sólo faltaba que pasaran lista en el foro de Reforma.
Líder indiscutible de las listas de éxitos, especie de Rey Midas con quien todos ansían codearse, el de Medellín le debe harto a los que lo antecedieron históricamente, como Daddy Yankee, Vico C, El General y otros más; sin embargo, una estrella pop distante de la llamada música urbana también debe ser considerada: Elvis (y claro, también su pelvis). Porque bajo la óptica de los bailes y las canciones de escándalo que alguna vez marcaron fisuras entre generaciones, el apodado Rey del Rock bien podría erigirse como el primer sujeto que sobre este planeta, muy a su manera, se atrevió a “perrear”.
 
Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional
Al final del espectáculo, cuando “Ginza” sugiere continuar dándole sin parar al swing salvaje, pocas dudas quedan: la costumbre de hacer eso que los más entendidos llaman twerking está lejos de ser nueva. Pero también se afianza la idea de que el reggaetón, ese ritmo al que muchos auguraban una vida fugaz y poco memorable, sigue más de moda que nunca y que el sujeto de apellido Balvin, ése que risueño ordena “sigue bailando mami, no pare”, es quien se encarga de mantenerlo vivito y coleando. 

Un rockero reggaetonero 
Cuando no está provocando euforia con micrófono en mano, suele verse a J Balvin posando para las cámaras mientras porta camisetas de ciertos grupos de rock, como Metallica o Guns N’Roses, e incluso una chamarra con estoperoles y el logo del grupo de punk Dead Kennedys en el pecho. Por supuesto, estos actos no han sido bien vistos por los fundamentalistas del rock, quienes reprueban tal osadía argumentando que para enfundarse prendas de ese estilo debe contarse con un bagaje que, suponen, el colombiano no posee. 
Sin embargo, vaya que el de “Ginza” sabe de menesteres rockeros, pues antes de alcanzar la fama como reggaetonero tocaba en un grupo donde las guitarras distorsionadas eran cosa común. De hecho, hurgando en la red es posible encontrar a Balvin tocando “Basket case” (Greenday) en cierta prueba de sonido y hasta interpretando “Smells like teen spirit” (Nirvana) en directo. (A.G.C.

Programa
Veneno / Safari / Tranquila / Otra vez / Solitario / Bobo / Sin compromiso / Por un día / Yo te dije / Travesuras / La ocasión / DM remix / Ahora dice / Snapchat / Si tu novio te deja sola / 6 am / 35 pa’ las 12 (con Fuego) / Acércate / Pierde los modales / Sorry / Ay vamos / Ginza / Sigo extrañándote. 


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