domingo, 2 de abril de 2017

Amadeus: Historia particular de la infamia



National Theatre de Londres presenta: NT Live / Temporada 2016-2017 / 2 y 3 de abril, 2017 / Dos funciones / 
3:20 hrs. de duración / Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional – Embajada Británica en México.

Fernando Figueroa
Aunque es muy cuestionable la tesis que maneja Amadeus —Antonio Salieri como arquetipo de la envidia, capaz de boicotear a Mozart y de envenenarlo—, la obra de Peter Shaffer es un gran espectáculo músico-teatral bajo la dirección de Michael Longhurst.
En 1979 el Royal National Theatre de Londres fue el recinto donde se estrenó la pieza de Shaffer. Tuvo mucho éxito en la capital inglesa y al año siguiente en Broadway. En 1984 el autor escribió la adaptación al cine y ganó un Oscar por esa tarea. El filme de Milos Forman obtuvo ocho premios de la Academia, incluidos los rubros de mejor película, director y actor (Fahrid Murray Abraham).
Para el papel de Salieri en su reposición escénica, Michael Longhurst eligió a Lucian Msamati, actor británico de origen tanzano, conocido a nivel mundial por su trabajo como Salladhor Shan en la serie Games of Thrones. Antes de la función, en entrevista, Msamati dijo: “Si alguien del público no cree que un actor de color chocolate puede interpretar a Salieri, es su problema, no mío”.
Ese asunto es de gran importancia porque, en Amadeus, el personaje principal no es Mozart sino Salieri. Msamati tiene una participación tan brillante que, en términos generales, consigue el milagro de lo verosímil, algo que no siempre ocurre cuando una producción arriesga de esa manera en el reparto.
A Mozart lo interpreta Adam Gillen, quien cumple con el retrato del genial músico que Shaffer quiso plasmar: eterno adolescente, extravagante y juguetón. A muchos les podrá resultar chocante una imagen tan caricaturizada, similar a la que realiza Tom Hulce en la cinta de Forman, pero sirve para generar un alto contraste con la personalidad adusta de Salieri.
La relación entre Salieri y Mozart se produjo en Viena hace más de dos siglos y no hay evidencias contundentes de que el primero de ellos haya sido tan perverso ni, mucho menos, “el santo patrono de los mediocres”; baste decir que fue maestro de Beethoven, Schubert y Liszt, y que en 1778 su ópera L’Europa riconosciuta sirvió para inaugurar el Nuovo Regio Ducal Teatro, hoy conocido como el Teatro alla Scala, de Milán.
En la ficción de Shaffer, Salieri es un pobre diablo con un buen puesto en la corte y desde ahí le hace la vida imposible a Mozart. Msamati luce muy convincente tanto en sus desgarradores soliloquios como en los momentos en que convive con el emperador y la alta sociedad.
En su juventud, Salieri le había pedido a Dios fama y fortuna a cambio de un buen comportamiento. Todo parece ir bien hasta que surge un joven que compone divinamente y hace el amor con las cantantes. Mozart muere de forma prematura y su rival le sobrevive más de tres décadas, demasiado tiempo para alguien con tantas culpas sobre la espalda.
Lo que sigue no es una expiación sino el reclamo al creador. En sus delirios, Salieri dice que sólo él tenía la capacidad de ver la magnitud del genio de Mozart, algo realmente atroz.
El montaje de Longhurst opta por un vestuario de época (siglo XVIII) y un escenario inamovible donde entran y salen no sólo los dieciséis actores sino también veinte músicos de la Sinfónica de Southbank y seis cantantes (magnífica coloratura de la soprano Fleur de Bray como Katherina Cavalieri). La iluminación de Jon Clark sirve para enfatizar los cambios de ánimo en el protagonista: del brillo al claroscuro.
Peter Shaffer, quien falleció en junio pasado a los noventa años, seguramente le habría dado el visto bueno a esta puesta en escena.

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