domingo, 5 de marzo de 2017

Tierra de nadie: El crujir de dientes


National Theatre de Londres presenta: NTL. Proyección digital con subtítulos en español / 5 y 6 de marzo, 2017 / Dos funciones / 
2:30 hrs. de duración / Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional – Embajada Británica en México.

Fernando Figueroa
El anuncio de Tierra de nadie (No man’s land), de Harold Pinter (1930-2008), y la presencia de dos actores legendarios del teatro inglés como Ian McKellen y Patrick Stewart provocan que la tarde de un domingo se agoten los boletos en el Lunario para presenciar el frenético duelo verbal entre dos hombres de edad madura.
La obra arranca cuando Hirst (Patrick Stewart) bebe como cosaco en su elegante casa, acompañado de Spooner (Ian McKellen), quien ha sido invitado para seguir ahí una borrachera que inició horas antes en un pub londinense. A partir de la plática entre esos ancianos, se sabe que Hirst es un poeta, ensayista y crítico de éxito, mientras que Spooner es “alguien dedicado a la poesía que ha sobrevivido a la privación y al insulto”, según sus propias palabras.
Hirst es un tipo bien vestido, vanidoso y distante. Spooner porta un traje desgastado y todo el tiempo trata de congraciarse con el anfitrión. Por lo visto, sólo quiere ganarse un trago más y es capaz de ponerse de tapete para conseguirlo. Hirst habla poco pero sustancioso; lo de Spooner es una verborrea de humor involuntario.
Muy ebrio, Hirst sale a gatas de su estudio. A solas, Spooner se sirve otra copa y expresa en voz alta palabras que pudieron ser escritas por José Alfredo Jiménez: “Esto ya lo he vivido: una casa llena de silencios y desconocidos”. El de Guanajuato lo dijo así en “El último trago”: “Otra vez a brindar con extraños / y a llorar por los mismos dolores”.
La tranquilidad de Spooner se rompe con la llegada del mayordomo Briggs (Owen Teale) y del secretario Foster (Damien Molony), quienes se muestran agresivos con el desconocido. Luego de intercambiar frases hirientes, los empleados de Hisrt encierran a Spooner en el estudio y se van a dormir. Este último escucha los pájaros que cantan al amanecer y ve cómo se filtran los primeros rayos de luz. 
En el segundo y último acto, el mayordomo le sirve el desayuno a Spooner y le anuncia que Hirst volverá muy pronto. Al reencontrarse, los personajes principales dejan de ser un par de extraños y platican acerca de experiencias que tuvieron juntos en la juventud.
En las obras de Pinter la ambigüedad es un elemento característico, así que se debe suponer que, en el primer acto, los viejos estaban tan borrachos que se trataban como desconocidos o inclinarse por alguna otra explicación.
En este nuevo contexto, Hirst recuerda que tuvo sexo con la esposa de Spooner y éste le revira con algo similar respecto a una novia de aquél. Muy pronto el rico se embriaga otra vez y externa abiertamente sus temores ante la infecundidad creativa y la cercanía de la muerte (“hay un vacío en mí que no puedo llenar”). Con la mayor abyección, el pobre le ofrece sus servicios como secretario, promotor y confidente. Al final de sus vidas, el hombre de éxito vive aterrado; el otro, más práctico, sólo intenta mejorar un poco su precaria situación.
Pinter solía decir que el contenido de sus obras podía resumirse en unas cuantas palabras: “Dos personas en un cuarto”. Eso es lo que sucede en Tierra de nadie porque Foster y Briggs son personajes secundarios que sólo están ahí para enfatizar la situación de un hombre que paga con tal de no estar solo.
Tierra de nadie es una paráfrasis de El viejo estadista, de T. S. Eliot, en donde se narra la historia de un político prominente que recibe la visita de un amigo de la juventud con quien cometió un acto deleznable. Atropellaron y supuestamente mataron a un indigente; en vez de detener el auto, huyeron. Luego se sabe que el tipo ya estaba muerto, pero su actitud cobarde los marcó para siempre.
En ambas obras la temática gira en torno a la vejez, los remordimientos y la posible redención. En las dos también hay un aliento poético que le da otra dimensión a la experiencia teatral.
Para Tierra de nadie, el escenógrafo Stephen Brimson Lewis creó un elegante estudio circular de madera que, por momentos, parece una sutil morgue tapizada de gavetas. Un bar bien surtido, dos sillas y un tapete son el único mobiliario. A través del techo transparente se ven ramas de árboles que se mecen con el viento.
En entrevistas previas a la función, el director Sean Mathias dice que Tierra de nadie le parece “un extraño baile en el que se formulan ideas con palabras exactas”. Patrick Stewart comenta que han realizado una estimulante gira antes de presentarse en la capital inglesa. Ian McKellen añade que el tour es casi una obligación porque hace muchos años él vio trabajar a John Gielgud en un teatro de provincia y esa experiencia nunca la olvidó.
Gracias a las proyecciones del National Theatre de Londres, el público de muchos países puede ver una obra cumbre de Harold Pinter —Premio Nobel de Literatura 2005 y también autor de Traición, La fiesta de cumpleaños y Retorno al hogar, entre otras creaciones—, con un elenco insuperable, y tal vez tomando una copa de vino para acompañar a Hirst y Spooner en sus disquisiciones.

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