sábado, 18 de marzo de 2017

Los Ángeles Azules: Bailongo sin fronteras

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional


De plaza en plaza. Cumbia sinfónica / 18 de marzo, 2017 / Función única / 
2:25 hrs. de duración / Promotor: OCESA Promotora S.A. de C.V. 

Julio Alejandro Quijano
Los Ángeles Azules y Ana Torroja se juntan en el Auditorio Nacional y entonces traspasan fronteras para reordenar las dimensiones de la vida: el tiempo, los comportamientos, los deseos.
O lo que es lo mismo: Explosión de humo. Pasito cumbianchero de Torroja. Explosión de humo. Otro pasito guapachoso. Explosión de humo. Grito del bajista Elías Mejía Avante para presumir: “¡De Iztapalapa para España!”. Explosión de humo. Verso cumbianchero en voz de Torroja con acento madrileño. 
En una sociedad que busca constantemente formas de comunicarse superando sus diferencias culturales, momentos como el del grupo de cumbia nacido en el populoso barrio de San Lucas de la Ciudad de México, a dueto con la cantante española que formó parte de la Movida Madrileña con Mecano, provocan un caso digno de estudio para los teóricos de la comunicación intercultural pero también, lo más importante, un bailongo digno de repetirse.
Y así sucede. Al grito de “otra, otra”, los cañones de humo se recargan, Elías grita: “a ver, todos con las manos arriba, y dice...”. Torroja retoma sus pasitos de cumbia y empieza: “Ay amor, cómo viste en mi corazón tanto amor, que te da este humilde servidor”. ¡Lo que darían los mencionados teóricos por escuchar el seseo de Ana en estos versos iztapalapenses!
No es éste el único momento en que Los Ángeles Azules tienen un choque intercultural. A los cuarenta minutos de haber comenzado el show tienen otro que, por cierto, es un encontronazo triple. Una pantalla de tela se levanta mientras se escucha el sonido de treinta filarmónicos y veinte coristas para acompañar “El listón de tu pelo”.
Hay que aclarar que este último es un encuentro que lleva ya tres años. Desde 2014 la cumbia y la sinfónica se fusionaron para convertir lo que era música de plaza, de fiesta de barrio, en un fenómeno masivo que sólo puede entenderse cuando se ve a mujeres como las que están ahora en la primera fila del balcón, que dejan la huella de su fragancia de boutique en cada paso de baile y que se desprenden del suéter cuando el vocalista Erik de la Peña insinúa que se va a quitar el cinturón.
El tercer vértice del choque es el pop. Paty Cantú grabó con ellos este tema para el disco publicado en 2016 pero desde entonces pocas veces se han podido juntar para hacerlo en vivo. Ahora aparece. Pero tiene la mala suerte de que su micrófono falla, por lo que se pierde la primera estrofa. El desperfecto se arregla pero Elías (con toda la experiencia de quien creció tocando en las calles de “Iztapalapa, donde está la gente guapa”) decide ofrecer una reparación del daño y le pide que se quede para un segundo intento. Ella, tímida, se niega pero el público se lo exige y entonces suena otra vez “El listón de tu pelo”, que ahora sí se disfruta desde su primer verso con voz pop y sonido sinfónico.
A punta de cumbia, Los Ángeles Azules derriban una y otra vez los muros que hasta hace unos años los tenían encasillados como un grupo de tocada de barrio. Entre los que se levantan a bailar no hay separaciones de generación (el papá baila con su hija) y a eso contribuye la segunda invitada: Tessa Ia, actriz e hija de Nailea Norvind que mueve la cadera con más entusiasmo que ritmo, pero que conecta con los jóvenes que han nacido al gusto por este grupo con “Hermoso bebé”, editada especialmente en De plaza en plaza, el álbum que consolidó la idea de que donde tocan cumbia pueden cantar poperos.
De los invitados, la que provoca más alboroto es Ximena Sariñana, convertida casi en una integrante más de la agrupación (cuya columna vertebral es, por cierto, la familia Mejía Avante) ya que es quien más veces los ha acompañado en presentaciones masivas desde que se estuvieron en el Festival Vive Latino de 2012.
Eso explica que Elías Mejía vaya hasta detrás del escenario para traerla de la mano, presentarla con especial cariño y colocarla por enfrente del resto de la línea de músicos. En el camino, apenas unos cuantos metros, al bajista conocido como El Doc le alcanza el tiempo para chulearla, anunciar que está soltera (aunque no sea cierto), que esta guapísima, y cuando se le acaban los adjetivos dice: “¡Esta noche viene… guau!”.
Efectivamente, Ximena viene de gala: vestido largo combinado en negro y amarillo. Una vez con el micrófono, toma el control del bailongo (“¡todos con las manos arriba, hey, hey, hey!”) y pone el ejemplo con un movimiento sensual que comienza en sus manos, pasa por el pecho y baja hasta sus piernas. Se da el lujo de pasearse por el proscenio dejando atrás las reglas de la coreografía del resto de la agrupación e incluso coquetea con el bajo de Elías
El final es un abrazo fraterno con El Doc en el que un teórico vería el reordenamiento de los anhelos de distintas generaciones y clases sociales unidas por la cumbia, pero que para el público es simplemente la oportunidad de pedir “otra”, de que el baile no se acabe.
 
Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
Y no se acaba. “¿Cuál nos falta?”, pregunta Erik de la Peña. “17 años”, responde en coro la audiencia. Así es. De hecho, el agotamiento del repertorio no es pretexto para que esto concluya. Siempre es posible ofrecer otra vez “El listón de tu pelo”, que en la década de los noventa Los Ángeles Azules repetían, dicen, hasta cuatro veces. Ahora son sólo tres, a pesar de que, ya con las luces del foro prendidas para anunciar que es hora de salir, se escucha el grito de “otra, otra, otra”. 

Territorio azul
Un Estadio Azteca lleno. Eso es lo que representó la transmisión en vivo por Facebook de la participación de Ximena Sariñana con Los Ángeles Azules en el Auditorio Nacional: noventa y cuatro mil doscientas cuarenta y cuatro reproducciones registra la publicación. Aunque menor, igual de impresionante es el impacto virtual de la actuación de Ana Torroja: veinticinco mil.
La agrupación de los Mejía Avante no sólo ha alcanzado a la generación de los millennials a través de los duetos con cantantes de pop (antes con roqueros), sino también con el uso de redes sociales.
Y si un Estadio Azteca es digno de asombro, hace falta más imaginación para comprender otra cifra de su cuenta: un millón setecientos tres mil seguidores. El número aumenta cuando se consulta los “me gusta”, ese nuevo indicador de la aceptación social: un millón setecientos veinticuatro mil doscientos cincuenta y cinco. 
Eso ya no se puede comparar con estadios sino que habría que pensar que son más personas de las que habitan en cualquier municipio de México, de acuerdo con el Censo de 2010. Más que Ecatepec (un millón seiscientos cincuenta y cinco mil), más que Guadalajara (un millón cuatrocientos noventa y cinco mil), más que Monterrey (un millón ciento treinta y cinco mil).
Se puede decir que les alcanza ya para erigir la Ciudad Ángeles Azules. Aunque curiosamente todavía no superan a su natal Iztapalapa, que tiene un millón ochocientos quince mil habitantes. 
Es un territorio, además, donde abunda la cordialidad, un valor raro en el mundo de las redes sociales. Los comentarios a sus publicaciones suelen ser de reconocimiento a su trabajo o para decirles que tal canción los ha acompañado desde su infancia. (J.A.Q.)

Programa
Entrega de amor / Cumbia pa’ gozar / Mi único amor / La cumbia picosa / A la cumbiamba / Toma que toma / La cumbia coqueta / La cumbia de la tostadita / El listón de tu pelo (con sinfónica y Paty Cantú) / Juventud - 20 rosas (con sinfónica) / Hermoso bebé (con Tessa Ia) / Cómo te voy a olvidar (con sinfónica) / Me haces falta tú / La cumbia del acordeón / Amor de amores / Mi niña mujer / Entrega de amor / La cumbia del infinito / Ay amor (con Ana Torroja) / Las maravillas de la vida / Por tu amor / Mi cantar / La cumbia de la cadenita / Mis sentimientos (con Ximena Sariñana) / 17 años / El listón de tu pelo.


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