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sábado, 11 de marzo de 2017

La traviata: Pasión búlgara



Transmisión de ópera en vivo desde el Met de Nueva York. Temporada 2016-2017 / 11 de marzo, 2017 / 
Función única / 3:00 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera S.N.C.

Fernando Figueroa
Ya lo había advertido el maestro Sergio Vela durante la tradicional charla previa en el Lunario: las óperas muy conocidas hay que abordarlas “con frescura, sin prejuicios, eliminando toda clase de tópicos”. Sugirió ver en esta “obra maestra” algo más que sus famosas arias.
Según Vela, al componer La traviata Giuseppe Verdi se propuso poner un espejo en el escenario para que los espectadores se vieran ahí. Y lo que observaron no les gustó porque era una crítica atroz a la hipocresía y doble moral de la época; por esa razón, el estreno en Venecia (6 de marzo de 1853) fue un rotundo fracaso. Un año después se volvió a montar en esa misma ciudad y la gente cambió de opinión. ¿El motivo? Ya sabían de lo que se trataba y tuvieron la objetividad necesaria para apreciar su perfección musical y dramática.
La traviata (La extraviada) está basada en La dama de las camelias, de Alejandro Dumas hijo, quien en esa novela plasmó su relación con la cortesana Marie Duplessis, quien también fue amante de varios nobles y de Franz Liszt.
El libreto de Francesco Maria Piave plasma la presión social que sufre una mujer de la vida galante que comete el mayor de los “pecados”: enamorarse. A mediados del siglo XIX, en una Italia ultracatólica y conservadora, no era permisible que en un drama lírico se tratara con piedad a quien ejercía la prostitución en las altas esferas sociales.
En 1853, Verdi ya había compuesto joyas como Nabucco (1842), Ernani (1844), Macbeth (1847) y Rigoletto (1851), entre otras. La traviata sólo fue la constatación de que el genio italiano estaba en la cima.
La producción del Met es la misma que Willy Decker presentó en 2012 con Natalie Dessay como Violetta. Ahora la soprano búlgara Sonya Yoncheva interpreta el papel principal y lo hace con una pasión y naturalidad pasmosas; acomete las notas altas como si de recitativos se tratara y en la coloratura jamás se percibe presionada. La única mancha en su trabajo se produce en el terreno actoral, cuando exagera en el andar zigzagueante de quien ha bebido demasiada champaña; Decker bien pudo decirle que fuera más sutil.
Podría pensarse que Michael Fabiano está muy verde para el papel de Alfredo Germont, el muchacho que se enamora de la meretriz, pero en realidad el tenor estadounidense de origen italiano pasa la prueba gracias a una voz de gran potencia que no parece salir de un cuerpo tan aparentemente frágil como el suyo. No hay mayor elogio para Fabiano que decir que está a la altura de Thomas Hampson (Giorgio Germont, padre de Alfredo), un barítono poderoso de enorme presencia escénica.
En un espacio semicircular, la escenografía minimalista de Wolfgang Gussmannes es casi la misma durante los tres actos. Sólo hay un gran reloj de manera permanente —Violetta tiene las horas contadas— y lo que cambia son los sillones: uno rojo cuando la acción se desarrolla en las fiestas parisinas y varios de ellos con fundas de colores que sugieren la paz del nido de amor, en las afueras de la capital francesa.
Presionada por Giorgio Germont y enferma de tuberculosis, Violetta hace creer a Alfredo que ya no le interesa. Cuando ella agoniza, el padre siente remordimientos y el hijo aún tiene la esperanza de que todo volverá a la normalidad. Antes de morir, ella le pide a su amado que busque a una muchacha pura.
La gran actuación de los solistas está bien arropada por el coro mixto del Met —estupendas las dinámicas coreografías de Athol Farmer—, cuyos integrantes aparecen vestidos de hombres en su totalidad; de esa manera se realza la incendiaria presencia femenina de Violetta. La orquesta, dirigida en esta ocasión por Nicola Luisotti, se limita a realizar su trabajo con la perfección de siempre.
El público del Met ovaciona fuerte al elenco, pero sin la enjundia que mostró en 2012 ante Natalie Dessay, Matthew Polenzani y Dmitri Hvorostovsky. En el Auditorio Nacional, que luce la mejor entrada de la actual temporada, también hay conmovedores aplausos, sobre todo para Yoncheva, cuya voz no es de este mundo.

Mujeres apasionadas
• Durante las entrevistas del intermedio, Sonya Yoncheva dijo que le gusta interpretar a mujeres apasionadas, fuertes, independientes, y las vive con gran intensidad. Agregó que no hay secretos para enfundarse en el papel de Violetta, sólo mucho trabajo vocal e histriónico.
• A Michael Fabiano le emociona “dejarse llevar” por el personaje de Alfredo Germont, quien pasa por muchos estados de ánimo y facetas de personalidad.
• Willy Decker comentó que el espacio semicircular sirve para que el foco se centre con facilidad en la persona que canta. La producción fue un encargo de la Dutch National Opera, de Ámsterdam, para el Festival de Salzburgo de 2005; los protagonistas fueron Anna Netrebko y Rolando Villazón.
• Un motivo extra para el fracaso inicial de La traviata en Venecia, fue el hecho de que la soprano Fanny Salvini-Donatelli tenía mucho sobrepeso; no era creíble que estuviera tan enferma y que los hombres perdieran la cordura ante su belleza.
• Siendo muy joven, Giuseppe Verdi sufrió la pérdida de sus dos hijos y de su esposa. Luego se enamoró de la soprano Giuseppina Strepponi y vivió con ella durante muchos años sin casarse; el matrimonio llegó cuando él lo creyó conveniente y no cuando la sociedad se lo exigía. Cualquier similitud con La traviata no es mera coincidencia. (F.F.)

1 comentario:

vero dijo...

El artículo es excelente, felicitaciones.
Se le pudo haber ocurrido hacer un llamador de ángeles, pero no fue asi.

saludos