sábado, 11 de marzo de 2017

José Luis Perales: La cátedra otoñal



Gira Calma / 11 de marzo, 2017 / Función única / 2:00 hrs. de duración / 
Promotor: ERRELE Producciones, S.A. de C.V.

Alejandro González Castillo
La educación sentimental carece de enseñanza formal. Si de amor se habla, la cátedra se imparte en toda especie de sitios y los maestros que se atreven a compartir su conocimiento al respecto suelen poseer una pinta tan variada como sus métodos de estudio. Sin embargo, pese a no contar con horarios ni planes de estudio, los menesteres del cariño han encontrado en los discos objetos de alcance didáctico sorprendente y en los firmantes de estos a los profesores ideales. En ese rol, José Luis Perales se asoma, desde hace décadas, como un mentor de alto grado para varias generaciones. 
Sin discursos aleccionadores ni azotes innecesarios de por medio, el español ha recurrido al sosiego, a la sobria experiencia personal, con tal de hablar de ese sentimiento que en el otoño, como él mismo cuenta emocionando, encuentra cálido nido. 
Hoy, al borde de un banquillo, el de Cuenca habla de esa afamada sensación, la que viene cuando el viento azota la ventana y se está a solas; a aquel dolor que la distancia atrae y que los suspiros hondos alientan cuando las hojas caen. Nostalgia, la llaman los educandos; vida, le dicen los doctos. “Es que no hay amor sin soledad”, alude el compositor cuando una de las muchas ovaciones de la noche llega a sus oídos, “Al otro lado de las montañas”.
En el temario del cantante es posible rastrear que una canción como “Calma” —incluida en el más reciente álbum del también productor, con el mismo título— podría confundirse con lo hecho últimamente por Hombres G, con la misma facilidad que en “Amada mía” se localizan esos matices rugosos que poseen algunas canciones firmadas por Mikel Erentxun; aunque también, hay que recalcar, cierto aire del Randy Newman ligado a los dibujos animados es perceptible en “Canción de Guillermo”. El don de dominar los múltiples rostros que el pop posee es lo que permite que cada una de sus composiciones posea un encanto especial, pese a que las letras de las mismas sigan una ruta invariable. 
Y es que acaso las rimas de “Dime”, endeudadas con el discurso pacifista de John Lennon, y la ya mencionada “Canción de Guillermo”, dedicada al nieto de Perales, escapan de la fórmula; el resto del repertorio no hace más que ahondar en las lecciones amatorias que el baladista tan bien imparte. “El amor es llorar cuando uno dice adiós, el amor es soñar oyendo una canción, el amor es rezar poniendo el corazón, es perdonarme tú y comprenderte yo”, canta el intérprete, ahondando, precisamente, en los versos que Lennon plasmó en “Love”.
Generoso con otros intérpretes (a Mocedades le escribió “Le llamaban loca” y a Jeanette el éxito “Porque te vas”), José Luis admite que su naturaleza es tozuda, así que en cierta época luchó hasta el último aliento con tal de que una de sus composiciones se hiciera popular en la voz de Julio Iglesias; sin embargo, diversas circunstancias impidieron que esto ocurriera y finalmente la historia del sujeto que, con una entereza pasmosa, comprende que su hija se ha enamorado, apareció en 1982 en el álbum Entre el agua y el fuego. “Y ¿cómo es él?”, se preguntan miles a propósito, resolviendo de esta manera un examen que los orilla a meditar respecto a su posesividad.
Dueño de un aplomo imperturbable, el profesor abandona la sala para dejar bajo reflectores un pizarrón lleno de letras de canciones; los apuntes vaciados en las libretas de los alumnos que se van de la gigantesca aula. El fin del ciclo escolar luce distante todavía, sin embargo el estudiantado parte a casa con una estrellita imantada iluminando su frente, la prueba rotunda de que ya es experto en la asignatura del querer. 

Vocación e ilusión 
Existe un pequeño pueblo ubicado en la provincia de Cuenca, en España, llamado Castejón. Fue ahí donde José Luis Perales Morillas nació, en 1945, siendo el tercero de cuatro hermanos. El laúd fue el primer instrumento que sus manos tocaron y abrazado a éste fue que se unió a una rondalla para así mostrar su talento en la clase de solfeo.
Ya adolescente, decidió irse de Castejón para estudiar Electrónica en la Universidad Laboral de Sevilla, donde formaría parte de The Lunic Boys, un combo de extravagante facha gracias a que las guitarras que usaba eran fabricadas por los propios músicos en los talleres de la universidad. 
Respecto a esa época, previa a la mudanza a Madrid, donde Perales tuvo claro que su futuro se encontraba, sí, en la electrónica, siempre y cuando ésta se relacionara con micrófonos, él mismo apunta: “reconozco que no fui brillante, estudié lo justo para sacar adelante durante siete años la beca que disfrutaba. Nunca tuve vocación de ingeniero. Un día, por culpa de la música, interrumpí mis estudios”. (A.G.C.)

Programa
Y me marchité contigo / Me llamas / En un banco de la calle / Al otro lado de las montañas / Sí… / Quisiera decir tu nombre / Si pudiera / Calma / Canción de otoño / A más de mil kilómetros de ti / El reencuentro / Amada mía / El amor / Y te vas / Celos de mi guitarra / Melodía perdida / Gente maravillosa / Le llamaban loca / Canción de Guillermo / Dime / Porque te vas / Creo en ti / América / Y ¿cómo es él? / Balada para una despedida / Te quiero / Un velero llamado libertad.

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