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jueves, 9 de marzo de 2017

Diego El Cigala: Gitano con sabor caribeño



Indestructible / 9 de marzo, 2017 / Función única / 
2:25 hrs. de duración / Promotor: Lado Business Entertaiment, S.A de C.V.

Fernando Figueroa
Amalgamar el dramatismo del flamenco y la alegría de los ritmos afroantillanos parecía una locura antes de que naciera un valiente llamado Diego El Cigala. En 2016 grabó Indestructible y hoy lo presenta en el Auditorio Nacional ante un público que le celebra tal audacia y todo lo que ofrece en el escenario, que es mucho.
El señor de los anillos hace una entrada triunfal entre las notas iniciales de “Moreno soy”, tema que remite a la Sonora Ponceña y cuya letra explica en qué nueva fusión anda metido: “Mi madre fue la rumba y a mi padre lo apodaban guaguancó”.
Las excursiones flamencas del gitano se iniciaron en el bolero y el jazz con Lágrimas negras (2003), acompañado al piano por Bebo Valdés; The New York Times lo consideró el mejor disco del año y se vendieron más de un millón de copias. En 2008 repitió la fórmula con Dos lágrimas y Guillermo Rubalcaba en el teclado. Cigala & tango lo grabó en 2010; el título explica la mezcla. En 2013 lanzó Romance de la luna tucumana, álbum con sabor andino.
En la grabación de algunas piezas de Indestructible lo acompañaron Gonzalo Rubalcaba (piano), Óscar de León (voz), Los Muñequitos de Matanzas y algunos sobrevivientes de Fania All Stars como Bobby Valentin (bajo), Larry Harlow (piano) y Roberto Roena (clave) .
“Yo no dejo de ser quien soy si canto salsa. Todo lo canalizo desde el punto de vista de un flamenco”, le dijo El Cigala al diario español El Mundo. En efecto, “Periódico de ayer”, “Hacha y machete” y “Juanito Alimaña” traen a la mente a Héctor Lavoe, pero lo que esta noche se escucha tiene una raíz milenaria que desemboca en los progenitores de Diego: José de Córdoba y Aurora Salazar; él, cantaor andaluz profesional; ella, sólo cantaba en reuniones familiares aunque de forma sobresaliente.
Hasta los treinta años, lo de El Cigala era el cante jondo tradicional, pero se topó con Bebo y se dio cuenta que el flamenco podía cruzar pantanos sin mancharse. La idea de hacer un disco salsero fue de su esposa Amparo Fernández, quien murió a la mitad de esa aventura. Él decidió concluir el proyecto y le dedicó el álbum.
Amparo hubiera bailado hoy tras bambalinas porque el combo que acompaña a su marido es un trabuco liderado por Jaime Calabuch Jumitus (piano), con dos soberbios percusionistas, bajo eléctrico, cuatro metales y dos coristas que le dan a Diego la réplica guapachosa.
Lo que arman es una fiesta inolvidable, pero también hay segmentos más conservadores e íntimos y de ese modo todo mundo queda contento. El piano lo acompaña a solas en “Te quiero, te quiero”, “Soledad”, “Vete de mí” y “Se nos rompió el corazón”. Esta última canción fue un gran éxito en voz de Rocío Jurado, así que un cover parecía sacrilegio; sin embargo, El Cigala lo hace “con respeto y hasta miedo” y el resultado es un portento.
El madrileño canta desde las vísceras y el alma. En todo momento se escucha la voz de quien nació con talento y creció con carencias. Para él es natural entregarse, vivir a tope, en el filo de la navaja. La gente quiere beber de ese manantial y por eso lo sigue a donde vaya.
Para el show estaban anunciadas un par de “sorpresitas”, que en realidad son sorpresotas. El del traje oscuro y pañuelo rojo hace un dueto sobrio y pegador con Francisco Céspedes en “Inolvidable”, pero ambos se saltan las trancas e improvisan en “La vida loca”; cambian las estrofas y se declaran admiración mutua. Incluso, Pancho dice que le puso Diego a su hijo en honor al monstruo que tiene enfrente. En el desenfado total, Céspedes pregunta: “¿Cómo puedes tú alcanzar esas notas?”. 
Minutos después los duetos de Diego son con Omara Portuondo (“20 años” y “Silencio”). La cubana desborda alegría y una voz milagrosa sin fecha de caducidad. También da la espalda y menea la cadera, tal como lo hacía hace más de medio siglo en el Tropicana. Ante la presión popular ofrecen fuera de programa “Bésame mucho”. 
La despedida es cosa de tres (Diego, Pancho, Omara) y miles de coristas que no se quieren ir. “Lágrimas negras” parece el cierre definitivo, pero aún hay más: “Dos gardenias”, con el grupo musical desatado y haciendo volar en pedazos la nostalgia de la letra.

Diego y Omara
Diego El Cigala (Madrid, 1968) y Omara Portuondo (La Habana, 1930) se conocieron en 1985, en un camerino del Hollywood Bowl, en Los Ángeles. Se abrazaron y se besaron como si fueran amigos de toda la vida. Amparo Fernández había muerto poco tiempo antes, así que Omara le dedicó a Diego palabras de consuelo y aliento. Ahí mismo se prometieron que muy pronto cantarían juntos.
A mediados de 2016, El Cigala se trasladó a La Habana para afinar los detalles de una gira conjunta. Cuando se dieron cuenta, ya habían iniciado en Europa el 85 Tour, cifra que se refiere a los años que cumplía La novia del filin. Pisaron escenarios de España, Inglaterra, Francia, Portugal e Italia. Cada uno cantó temas en solitario y abundaron los duetos; el público y la crítica se les entregaron sin condiciones. Al diario The Guardian le impresionó la coquetería de Omara y la voz desgarradora de él. 
Portuondo afirma que ella y Diego son almas gemelas. El Cigala también lo cree y tiene en mente giras en la que ambos celebren los noventa, noventa y cinco y cien años de La diva del Buena Vista Social Club. (F.F.

Programa
Moreno soy / Si te contara / Juanito Alimaña / Inolvidable – La vida loca (con Francisco Céspedes) / El paso de Encarnación / Corazón loco / Periódico de ayer / 20 años – Silencio – Bésame mucho (con Omara Portuondo) / El ratón / Hacha y machete / Te quiero, te quiero / Soledad / Vete de mí / Se nos rompió el amor / Amigo / Indestructible / Lágrimas negras – Dos gardenias (con Francisco Céspedes y Omara Portuondo). 

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