sábado, 25 de marzo de 2017

Carlos Rivera: El volcán de Huamantla

Foto: Edgar Rubio / Colección Auditorio Nacional


Yo creo, tour 2017 / 25 de marzo y 14 de julio, 2017 / Dos funciones / 
2:25 hrs. de duración / Promotor: OCESA Promotora S.A. de C.V.

Fernando Figueroa
Se hacen llamar “riveristas” y llegan por oleadas al vestíbulo del Auditorio Nacional. Algunas traen playeras rojas o azules con la leyenda “Club oficial Sólo tú”. Otras vienen desde Chile, Venezuela y Argentina; ondean las banderas de sus países. Alguien reparte decenas de collares con flores de plástico multicolor.
Una niña mexicana llamada Bruna es fan de Carlos Rivera porque, cuando han coincidido, el artista la ha tratado muy bien. “La abraza, la carga y le da beso”, cuenta emocionado su papá.
Daniela, por su parte, ya es mayor de edad y se repone en estos momentos de un ligero desmayo. En buena medida eso se debe a la emoción de estar aquí, pero también porque padece de epilepsia. Ya se siente mejor y por ningún motivo va a perderse el concierto. Es más, no se lo pierde.
Los boletos están agotados desde hace varios días. Como hoy es sábado y hay menos tránsito en la ciudad, el público llega a tiempo. Se respira un ambiente de calma chicha, pero todos saben que esto es un volcán que expele una mustia fumarola y al estallar suelta magma. Cuando el ídolo pone un pie en el escenario, el número de decibeles se cuela directo al top ten de la historia del recinto, lo que es mucho decir.
Carlos Rivera nació en Huamantla, Tlaxcala, en las faldas del Eje Neovolcánico. Debe estar acostumbrado al tremor que anuncia erupciones. Hay que imaginarlo como Simba —participó en mil funciones de El Rey León en Madrid y la Ciudad de México— en la punta de La Malinche, oteando un horizonte en el que se divisan el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl.
Tal es la actitud que Rivera muestra cuando mira la última fila del segundo piso. En las redes sociales sus admiradoras dicen que tiene “la sonrisa más bella del mundo”; el fervor que le profesan las impulsa a exagerar, pero algo hay de verdad. Lo incontrovertible es su poderosa labia (“dícese de la verbosidad persuasiva y gracia en el hablar”).
Agradece “el tercer lleno total en el Auditorio en menos de un año”. Se refiere a su debut, el 21 de mayo de 2016, una segunda fecha el pasado 29 de octubre y la de esta noche. De pasadita, pregunta: “¿Van a estar aquí en el cuarto concierto? Será el próximo 14 de julio”. El “¡sííí!” se oye hasta Tlaxcala.
De ese mismo estado de la República llegan cincuenta vistosos danzantes de carnaval: guerreros con penachos, catrines y huehues con máscaras zoomorfas. Animan el ambiente mientras el ganador de la tercera generación de La Academia interpreta “Día de lluvia”.
El ídolo dice que “la inspiración no llega todos los días, ni mucho menos”. Recuerda que, en Guadalajara, la musa llegó de improviso y en veinte minutos le dictó “Que lo nuestro se quede nuestro”, tema de dos telenovelas: la mexicana Sin rastro de ti y la argentina Amar después de amar.
Con un pop salpicado de funk, rock, flamenco y reggae, el compositor y cantante arma un fiestón memorable. Lo acompañan una pianista, bajo, guitarra, batería, percusiones, metales y un ensamble de cuerdas que hacen lucir los arreglos y la dirección musical de Gilberto Pinzón.
Los invitados son tres. La que causa mayor revuelo es Ana Torroja, quien hace dueto con el anfitrión en “El 7 de septiembre”, éxito de Mecano. “La quiero a morir” la cantan Rivera y César Robles (“a él lo conocí hace trece años, cuando hacíamos fila para un casting, y desde entonces somos hermanos”). Con Tommy Torres interpreta “Mar adentro”; acerca del puertorriqueño, Carlos afirma: “es mi ídolo, él grabó uno de mis cinco discos favoritos de todos los tiempos”.
Una cuarta convidada, ésta de piedra, es una muchacha del público que se llama Angie. A ella la escoge Rivera luego de enunciar tres condiciones básicas: “Que sea soltera porque no quiero problemas. Que esté dispuesta a todo y que no tenga nada de pena”.
 
Foto: Edgar Rubio / Colección Auditorio Nacional
Angie sube al escenario y literalmente se cuelga del cuello de Rivera; de ese modo se convierte en la envidia de miles que ven cómo el galán le da un beso de telenovela y le canta “Tu juego de ajedrez”. De pronto, ella luce una diadema plateada que la distingue de todas las mujeres que nunca se sentaron en sus butacas y que cantaron “Las mañanitas” en honor de los treintaiún años de su adorado intérprete.

La versatilidad como sello
Cuando Carlos Rivera obtuvo el primer lugar de La Academia (2004), nadie reclamó porque las votaciones lo favorecieron de manera abrumadora. Luego siguió la grabación de un disco homónimo en 2007 y tres años después lanzó Mexicano, con canciones de Juan Gabriel, José Alfredo Jiménez, Agustín Lara y Armando Manzanero. En 2013 mostró su faceta de compositor en El hubiera no existe, y en 2016 también incluyó temas propios en Yo creo.
Su éxito internacional en el musical El Rey León no fue un golpe de suerte. Antes se había fogueado teatralmente en Bésame mucho, La Bella y la Bestia y Mamma mía.
Debutó como histrión de la pantalla chica, en plan estelar, en El hotel de los secretos (2016). La crítica y el público consideraron que su trabajo no desmereció al lado de figuras como Diana Bracho, Irene Azuela, Jesús Ochoa y Juan Ferrara. Con el apoyo de los votos de la gente (léase “riveristas”) obtuvo dos premios TVyNovelas: Mejor actor coestelar y Actor revelación; la ceremonia se llevó a cabo el domingo 26 de marzo de 2017, un día después del estallido del volcán en el Auditorio Nacional. (F.F.

Programa
Quedarme aquí / Quizás, quizás, quizás / Gracias a ti / Por ti – Te me vas – Tú fuiste para mí / No deben marchitar - Malagueña / Escapémonos / La quiero a morir (con César Robles) / No soy el aire / Mar adentro (con Tommy Torres) / Que lo nuestro se quede nuestro / Día de lluvia / Esta noche es para amar / Si te vas / El hubiera no existe / No llores más / Tu juego de ajedrez – Cielo azul / Como tú / Serás / El 7 de septiembre (con Ana Torroja) / No eras para mí / Otras vidas / Sólo tú / Fascinación / Cómo pagarte / Deja amarte.


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