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jueves, 30 de marzo de 2017

Björk: La abolición de la esclavitud



30 de marzo, 2017 / Función única / 2:05 hrs. de duración / 
Promotor: OCESA Producciones, S.A. de C.V.

Alejandro González Castillo
A unos segundos de que Björk tome el micrófono, en las pantallas del Auditorio Nacional se comunica que ella misma ha pedido que se evite el uso de teléfonos celulares durante la cita; “esto distrae al artista y a las personas alrededor”, puede leerse. Entonces, lejos de tomar dicho enunciado como una sugerencia, miles apagan sin quejarse sus aparatos y aguardan a que el concierto arranque. En la espera, se notan ansiosos por la llegada de su ídolo, pero también por la extraña sensación que les genera verse libres del grillete telefónico. 
El momento resulta abrumador: ¿hace cuántos años el foro de Reforma no lucía ausente de dispositivos móviles? Con los pulgares quietos y la mira fija en el escenario, la audiencia recibe con una ovación de pie a la islandesa, quien, enmascarada, se anuncia lista para desglosar los sentimientos que la atacaron cuando rompió con su pareja, dispuesta a ventilar las sensaciones que, una a una, condensó en Vulnicura, un álbum confesional y atribulado cuyo contenido es reproducido esta vez (exceptuando un tema, “Atom dance”) con la ayuda de una orquesta. Es así, sin cajas de ritmos, sintetizadores ni artificios virtuales de por medio, que el tratado sobre aquella fractura amorosa adquiere tintes épicos.
“History of touches” y “Black lake” resultan ser los momentos más hondos del viaje. El primero, describiendo la noche previa al adiós de los amantes con una nitidez demoledora; el siguiente, aquilatando las razones de la separación a dos meses del suceso, sin miedo a que la franqueza sea lacerante. La honestidad resulta brutal y quien se confiesa simula recibir descargas eléctricas cuando habla de que su espíritu se encuentra roto. Por su parte, vaya que el público resiente ser testigo del dolor que produce el quiebre; conforme los minutos transcurren, el murmullo habitual entre butacas se esfuma para no volver y de esta manera un silencio aplastante impera, al menos hasta que la intérprete reconoce el nivel de atención recibido, siempre con un “gracias” cuya “r” se empeña en acentuar. 
La “Aurora” llega luego de un receso que significa también un cambio de vestuario. Y la actitud es otra desde entonces, pues los movimientos escénicos se vuelven desparpajados. Con su baile, pareciera que la también actriz reviviera los días con Tappi Tikarrass, el grupo donde solía cantar durante su adolescencia, y ni la dramática historia de Selma —el personaje a quien encarnó en el filme Dancer in the dark— descrita en “I’ve seen it all” fuese capaz de cegar su optimismo. Es cierto que jamás llega la locuacidad vocal de “It’s oh so quiet” y muchos otros éxitos se quedan fuera de la jugada; sin embargo, a nadie parece incomodarle el asunto. ¿Cómo podría ocurrir si entre los presentes hay quienes ocupan su asiento disfrazados con alguno de los extravagantes atuendos de la autora de “Pluto? Es decir, la de hoy es una noche para conocedores. 
Se aclara que la nacida en Reikiavik no cantará más cuando los violinistas y el resto de sus colegas recogen sus partituras. Apresurados, los antes esclavos del wifi vuelven por unos segundos a sus pantallas para preguntar a sus amigos virtuales si alguien se atrevió a tomar fotos, a registrar videos. Ante la escasa respuesta, los usuarios se ven en la necesidad de recurrir a esa vieja amiga llamada memoria. Y allá van, libres al fin, aplicando zoom in a las fabulosas postales de la cita de hoy, imágenes imborrables que encuentran al hacer scroll up en su timeline mental.

Una actriz emocional 
Dancer in the dark es el nombre de la película que Björk protagonizó bajo la batuta de Lars von Trier; un controvertido drama llevado a los terrenos del musical que a la fecha sigue provocando reacciones radicales entre el público y la crítica especializada. La historia se centra en la desdichada vida de Selma, una madre de escasos recursos que elige perder la vista con tal de que su hijo, Gene, no corra la misma suerte en el futuro. 
La obra significó el encumbramiento de la islandesa en el terreno histriónico y la certificación de la altura del danés como director; sin embargo, más allá de que la cinta ganara la Palma de Oro y ella el premio a la mejor actriz en el Festival de Cannes (2000), y de poseer un soundtrack con las cualidades para ser nominado al Oscar por mejor canción (“I’ve seen it all” es el tema, incluido en el álbum Selma songs y cantado a dúo con Thom Yorke, de Radiohead), trabajar en el filme dejó exhausta a Björk, quien llegó a argumentar que cargar con el rol protagónico fue una labor muy demandante a nivel emocional. De hecho, tras hacer públicas sus insalvables diferencias con Lars, anunció que jamás volvería a actuar. (A.G.C.)

Programa
Stonemilker / Lionsong / History of touches / Black lake / Family / Notget / Aurora / I’ve seen it all / Jóga / Vertebrae by vertebrae / Bachelorette / Quicksand / Mouth mantra / The anchor song / Pluto.

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