jueves, 16 de febrero de 2017

Miguel Bosé: Los designios del ADN

Fotos: Edgar Rubio / Colección Auditorio Nacional

Gira Estaré / 16, 17 y 18 de febrero, 2017 / Tres funciones / 2:10 hrs. de duración / 
Promotor: OCESA Promotora, S.A. de C.V.

Fernando Figueroa
El amante bandido de quienes llenan las butacas del Auditorio Nacional quiso que el estreno mundial de la gira Estaré fuera hoy en la Ciudad de México. El título lo tomó de una canción que compuso para sus cuatro hijos y que incluyó en su más reciente disco: Bosé MTV Unplugged.
Ante casi diez mil fans que parecen locos de atar, el español nacido en Panamá (1957) explica que, antes de hacer uno de sus tantos viajes de trabajo, les dijo a sus pequeños: “‘papá se va a ir durante unos días, no va a estar y quiero que aguanten, y sepan que va a volver’. Entonces, mi hijo Tadeo me dice: ‘No papi, aunque te vayas, siempre estás aquí’ (señala el corazón). Eso se convirtió en una canción que les he dedicado a ellos”.
“Estaré” es una balada cuya letra le costó mucho trabajo al autor “porque quería decirles todo lo que siento y aquello era algo interminable”. Finalmente dejó lo esencial y la inició de esta sencilla manera: “Saben tus manos / saben tus pies / tus ojos saben / también tu piel / quién te quiere bien”.
En la misma composición hay una frase que sirve para explicar muchas cosas: “Lo que atan genes se hace eterno”. En entrevistas para la televisión de España, Miguel Bosé ha dicho que, a pesar de ser tan diferentes, él y su padre Luis Miguel Dominguín (Madrid, 1926 – Cádiz, 1996) son iguales en muchas cosas, por ejemplo en “la actitud torera ante el público y ante la vida”. El cantante también ha señalado que “se puede traicionar todo: a un amigo, a un amor, pero no al ADN”.
Esto viene a cuento porque Carlos Abella, autor de la biografía Luis Miguel Dominguín a corazón abierto, tiene la certeza de que ese torero “era un seductor de mujeres y de hombres”. Eso explica lo que Bosé provoca con sus discos, y no se diga en vivo. Sale al escenario como si partiera plaza y se enfrenta con elegancia a una especie de minotauro que impone respeto al más pintado; ha comentado que luego de cuatro décadas de carrera aún siente nervios al hacerlo.
No se puede decir que el concierto sea desenchufado porque hay instrumentos eléctricos, pero sí es evidente que los teclados no están retacados de programas de sintetizador, tan habituales en las presentaciones del ibérico; además, la batería y las percusiones trabajan horas extras y de pronto se utiliza un acordeón pulsado por dedos femeninos. El show bien podría llamarse Bosé al desnudo. Ahí están las canciones a cara lavada y lucen una belleza natural que conmueve a incondicionales y curiosos, fanáticos y escépticos.
Por el lado materno está la herencia histriónica de Lucía Bosé (Milán, 1931). Miguel ha participado en veintitrés películas y por eso sabe que la cámara que lo sigue es el tercer ojo de quienes lo observan desde todos los puntos del recinto; en muchos momentos las miradas se dirigen a las pantallas, donde se agigantan los gestos del ídolo, que actúa en consecuencia.
Quienes lo conocen, saben que Bosé inició sus pinitos artísticos en la danza —alumno de Lindsay Kemp, Martha Graham y Alvin Ailey— y por eso no les extraña la facilidad que tiene para comunicarse con el cuerpo, sin necesidad de ejecutar pasos de alto grado de dificultad. Sus tres coristas y quienes tocan guitarra, bajo y requinto ejecutan con él sensuales coreografías que incluyen roces, miradas seductoras, caricias y un fugaz beso homoerótico que provoca aullidos de euforia.
El único elemento escenográfico es una grada que los artistas suben y bajan con naturalidad, y la iluminación funciona a la perfección para crear atmósferas íntimas con claroscuros o brillantes para el jolgorio. Las pantallas laterales reproducen en color lo que sucede en el escenario, mientras que la del fondo —un tríptico— lo hace a ratos en blanco y negro.
Un par de temas ajenos funcionan como cerezas del pastel. Él cuenta que en una entrega de Grammys se sentó junto a Juan Luis Guerra, quien le dijo que tenía una bachata “que en mi cabeza suena con tu voz”. Era “Dime qué diré”, incluida en el Unplugged.
Luego dice que Pepe Aguilar alguna vez lo llamó por teléfono para hacer un dueto; cuando Bosé preguntó de quién era la canción, el hijo de Tony le dijo: “Del más grande compositor mexicano de los últimos tiempos”. Se trata de “Siempre en mi mente”, de Juan Gabriel.
El momento más emotivo se da cuando “Amiga” la dedica a “una persona que se fue” y derrama lágrimas, lo que hace suponer que se refiere a su sobrina Bimba, recién fallecida.
No falta el chacoteo con “quienes les da por teñirse de rubio y levantar muros”. Él prefiere “un mundo en el cual podamos abrirle los brazos a alguien que venga de fuera”.
 
Fotos: Edgar Rubio / Colección Auditorio Nacional
El público mexicano le abre los brazos a Miguel Bosé y sus acompañantes, los apapacha y vitorea. La música y las letras rompen barreras y prejuicios. Gente de todas las edades abandona el recinto con rostros resplandecientes, incluso Jacqueline, quien alguna vez, en los pasillos de Televisa, le mostró a su ídolo un volumen biográfico que atesoraba con amor. En esas páginas Bosé vio una imagen en la que aparecía con su madre Lucía y exclamó: “¡Esta foto no la tengo ni yo, regálame el libro!”. Y ella se lo dio.

Álbum desenchufado
Durante cuarenta años de carrera, Miguel Bosé ha grabado diecisiete álbumes de estudio. Al diario argentino Clarín le comentó que, como Picasso, tuvo una época rosa (Linda, 1977), una azul (Más allá, 1981; Made in Spain, 1983) y la cubista (a partir de Bandido, 1984). Lo anterior significa que ha musicalizado los amores adolescentes de los setenta, el frenesí de la movida madrileña y tanto el cierre del siglo XX como la apertura del nuevo milenio en España, Italia y Latinoamérica.
Muchos críticos lo ubican en la línea de David Bowie, pero su máximo ídolo es Jim Morrison y venera a The Rolling Stones y The Beatles. En el arranque de la gira Estaré, dijo que tal vez la más bella canción de la historia sea “Yesterday”; de su repertorio prefiere “Te amaré”, que escribió a los diecinueve años “de una manera tan sencilla, poética y directa que me impacta”; con ese tema cierra el show de forma apoteósica.
Su disco más reciente, Bosé MTV Unplugged, se grabó el 12 de mayo de 2016 en los Estudios Churubusco de la Ciudad de México. Contiene catorce canciones que ya habían aparecido en otros álbumes y dos inéditas: “Dime qué diré” y “Estaré”. La producción corrió a cargo del argentino Nicolás Sorín, reconocido musicalizador de películas y líder del grupo Octafonic.
El desenchufado incluye los duetos “Como un lobo” (Sasha Sokol), “No hay ni un corazón que valga la pena” (Pablo Alborán), “Olvídame tú” (Marco Antonio Solís), “Bambú” (Fonseca), “Amiga” (Juanes), “Solo si” (Benny Ibarra), “Gulliver” (Natalia Lafourcade) y “La chula” (Ximena Sariñana). (F.F.)

Programa
Sereno / Duende / Nena / Aire soy / Amo / Mirarte / Nada particular / No hay un corazón que valga la pena / Dime qué diré / Amiga / Morir de amor – Creo en ti / Popurrí: Linda – Hojas secas – Superman – Don diablo – La chula / Estaré / Como un lobo / Siempre en mi mente / Morena mía / Si tú no vuelves / Gulliver / Bambú / Sólo si / Amante bandido / Hacer por hacer / Te amaré.


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