domingo, 12 de febrero de 2017

Lord of the Dance: Velocidad, sincronía y arte

Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional

Dangerous Games / Del 9 al 12 de febrero, 2017 / Seis funciones / 2:05 hrs. de duración / 
Promotor: Organización ORT de México, I.A.P.

Fernando Figueroa
Sin saberlo, el público que llega al Auditorio Nacional participa de una hermosa coreografía ambientada con los ruidos del Paseo de la Reforma. Hombres y mujeres suben por la escalinata, cada quien a su ritmo, y en la explanada se encuentran a conocidos que los esperan serenamente o con apuro. Todos tienen el mismo fin: testificar e incluso ser protagonistas de una historia legendaria que se materializa con danza y música de origen celta.


Hace doce años, algunos de los asistentes vieron aquí la presentación de esta compañía y quedaron fascinados con la lucha cuerpo a cuerpo entre el bien el mal. Hoy la aventura continúa con Dangerous Games, porque Dark Lord no ha quedado satisfecho y busca de nueva cuenta obtener el cinturón mágico de Lord of the Dance, el muchacho bueno.

Cada uno de esos personajes cuenta con sus fieles guerreros y en escena luchan por alcanzar la hegemonía. Todos quieren el poder, pero los líderes también se disputan a Erin, la diosa de la belleza. James Keegan es el protagonista y Tom Cunningham su contrario, profesionales virtuosos que practican la danza desde que tenían cuatro años. Ella es Katrina O’Donell, quien desde los tres tomó su primera clase y descubrió cuál era su vocación.
La mayoría de las danzas tradicionales de Irlanda se caracterizan por fijar la atención en las piernas de los bailarines. En términos generales, Lord of the Dance conserva esa costumbre pero en determinados momentos los brazos toman vuelo y rompen con cualquier tipo de restricción.
Los momentos climáticos del show están relacionados con la rapidez de las ejecuciones, que alcanza mayor vértigo en las rutinas de los hombres. Ellas, en su papel de ninfas, ofrecen pasajes de ballet y danza moderna con zapatillas suaves, pero luego se convierten en bellas mortales que se integran a los varones y con calzado duro también taconean a gran velocidad.
Lord of the Dance y Dark Lord no se conforman con sus propias huestes, también le piden a la gente que tome partido con las palmas. El público no se muestra a favor ni en contra de nadie y apoya generosamente a ambos artistas, quienes se entregan por completo. Claro, no faltan los niños que se identifican con uno u otro bando y lo expresan con graciosas gesticulaciones.
Aunque Dangerous Games incluye varias escenas dramáticas que exige la trama, siempre sale a flote el ambiente festivo del pueblo irlandés, que siente veneración por criaturas mitológicas del bosque. 
Las acciones se desarrollan en un espacio vacío donde el único elemento escenográfico es una pantalla led de dieciocho metros de largo por diez de alto, situada al fondo. Ahí pueden verse coloridos paisajes virtuales que enmarcan las acciones del bando bueno, y árboles en llamas cuando los malos están a punto de salirse con la suya.
Los representantes del bien usan ropas ligeras y por momentos provocan gritos femeninos en las butacas, sobre todo cuando dejan al descubierto sus torsos, marcados por miles de horas de trabajo en el gimnasio. Los malosos también son esbeltos y fuertes, pero en algunos pasajes portan sofisticados uniformes negros y mascarillas que ocultan del todo la piel.
En la música grabada, de Gerard Fahy, predominan las guitarras, tambores, violines, panderos, acordeón, gaitas, saxofón y flauta. Este último instrumento sí aparece en escena, pues un duende femenino se encarga de “narrar” los acontecimientos con dulces notas. También hay un par de mujeres violinistas y una cantante que hacen su trabajo de manera destacada, además de que parecen sacadas de un concurso de belleza. Ellas se encargan de recordar al público que, en medio de guerras y desgracias, el hilo conductor de la existencia es el amor.
En la parte final del show se proyecta un video reciente de Michael Flatley (Chicago, 1958), ejecutando algunos pasos de tap. Él es el creador del concepto Lord of the Dance y en todos sus espectáculos se apoya en las coreógrafas de Marie Duffy.
Flatley se dio a conocer en los ochenta como bailarín del grupo musical irlandés The Chieftains, y en la siguiente década fundó Riverdance con su colega Jean Butler y el compositor Bill Whelan. En 1995 creó su propia empresa y desde entonces ha conquistado a las principales ciudades del mundo, incluso Dublín.
Flatley era feliz con The Chieftains, pero en cierta ocasión el público del Carnegie Hall le dio una ovación tan estruendosa que lo hizo pensar en invertir la propuesta: danza como oferta principal y música de apoyo.
Aunque este artista nació en Estados Unidos, sus padres y abuelos eran irlandeses. Desde niño se distinguió por la velocidad de sus pies al bailar y ganó concursos tanto en América como en Europa. En 1989 impuso el récord Guinness de veintiocho taconazos por segundo, y nueve años después alcanzó un tope que aún perdura: treinta y cinco. Actualmente está retirado y funge como director artístico y gerente general de las franquicias que él mismo ha creado.
 
Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional
Michael Flatley se enorgullece de haber modernizado los bailes de sus ancestros y presentarlos en recintos de gran capacidad. En una entrevista con el conductor Larry King, comentó: “Dentro de un siglo, cuando se mire hacia atrás en la historia de la danza, habrá quien diga que nosotros dejamos una huella”.
Está en lo cierto.

Juegos peligrosos
En 2014, Dangerous Games se estrenó en el London Palladium de la capital inglesa. Un año después se presentó en Broadway y tiene funciones permanentes en Las Vegas. En 2016, inició una gira por América que finalizará a mediados de 2017. Los shows en el Auditorio Nacional y en varias ciudades de la República Mexicana son promovidos por ORT de México, una organización sin fines de lucro que apoya a sectores desprotegidos de la sociedad.
Un día antes del debut en el foro de Reforma, los bailarines estelares de Lord of the Dance ofrecieron una conferencia de medios en un hotel centenario de la Zona Rosa.
James Keegan recordó que, en 2005, participó en la presentación de Lord of the Dance en el Auditorio Nacional, y el público mexicano le pareció muy cálido; “no puedo esperar más tiempo para repetir esa experiencia”, recalcó. También habló de las exigencias físicas de una disciplina artística como la danza: “Tenemos que tratar bien a nuestros cuerpos porque el trabajo que realizamos así lo requiere; son muchas semanas de ensayos previos al estreno y luego debemos mantenernos en forma cada día. Con nosotros viajan entrenadores, fisioterapeutas y masajistas para mantenernos al cien por ciento. Al término de cada función nos metemos en tinas con hielo hasta la cintura”.
En broma, Tom Cunningham dijo que en México era difícil resistirse a “los tacos, los tequilas y las margaritas”. Agregó que todos los integrantes de la compañía se entrenan como si fueran atletas profesionales, y que Michael Flatley es un ejemplo a seguir para cada uno de ellos. Expresó orgullo de pertenecer a la mejor compañía de baile irlandés del mundo.
Según Katrina O’Donell, para ella no existe la monotonía en su actividad artística “porque siempre hay algo nuevo, tanto en el escenario como en el público”.
El mexicano Luis Sánchez, integrante de Lord of the Dance, comentó que el baile profesional llegó un poco tarde a su vida, a los dieciocho años, “pero eso no fue obstáculo para que alcanzara mi máxima meta, que era trabajar bajo las órdenes de Michael Flatley”. (F.F.)




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