jueves, 2 de febrero de 2017

Carlos Vives: Travesía sonora de la conciliación

Foto: Chino Lemus / Colección Auditorio Nacional


2 de febrero, 2017 / Función única / 2:20 hrs. de duración / 
Promotor: Westwood Entertainment, S.A. de C.V.

Alejandro González Castillo
De las solapas de su chamarra de piel pende una hilera de seguros y en la espalda de la prenda las iniciales de su dueño —enfundado en pantalones de mezclilla y calzando botas bien raspadas de las puntas y los talones— se encuentran con estoperoles trazadas. Pareciera que un forajido salvaje ha bajado de su bólido a la mitad del desierto para aniquilar a los malosos de la película. Sin embargo, quien llega es Carlos Vives, y lo hace alegre y gentil al grito de “¡cumbia, cumbia!”.


El colombiano trae consigo una guitarra decorada con una espiral de chaquira y una armónica que expele el aire tibio que caracteriza a las costas, también posee un par de piernas listas para bailar hasta desfallecer y un manojo de canciones diseñado para “todo aquel ser humano que sepa lo que es la libertad”. Y vaya que el músico tiene razón al decir esto, pues apenas suena “La cañaguatera” la asistencia olvida para qué sirven las butacas y aprovecha los pasillos del foro para deleitarse con la sabrosura de un ritmo que, su propio artífice declara, se encuentra enlazado con los personajes que habitan ese sitio imaginario llamado Macondo que su paisano Gabriel García Márquez ideó. 

“Hace veinticuatro años llegué por primera vez México a cantar y me decían que estaba loco. Tenían razón”. Vives sintetiza de esta manera su historia, cantando “La gota fría”, señalando su punto de arranque —allá, en Uramita, y con un tal Moralito como protagonista—, recordando la composición con la que, al paso del tiempo, llevaría a sus fans a conocer “un lugar maravilloso, el Pacífico colombiano, las selvas que no reconocemos y no conocemos”. Lo que el intérprete no platica es que a lo largo de ese viaje, pleno de premios Grammy, discos dorados y estadios abarrotados, el vallenato y la cumbia fungieron como guías turísticos para que pronto el pop, el rock, el funk y el rap se integraran al paseo y así los interesados en hacer la travesía vieran desbordadas sus expectativas. 
En el rol de las integraciones culturales y las excursiones sonoras, la presencia de Chocquibtown en las rimas raperas de “El mar de tus ojos”, el perfil rockero y rugoso en “Pa’ Mayté”, los modales coquetos de la balada “La tierra del olvido” y las declaratorias valentonas y charras de “Volver, volver” y “No volveré” sirven para certificar las fusiones que al también actor le fascina generar. En cuanto a la instrumentación, el encuentro de guitarra eléctrica y sintetizadores con gaitas colombianas y acordeón avala el afán conciliador. Y ya que se menciona el instrumento del fuelle y las teclas, el desempeño de Egidio Cuadrado merece mención especial, así como la gritería que provoca el arribo de Sebastián Yatra, quien junto al nacido en Santa Marta le entrega su afecto a “La tierra del olvido”. 
 
Foto: Chino Lemus / Colección Auditorio Nacional
Driblando y haciendo dominadas con un balón, bailando en posición de guardia cual boxeador frente al sparring, atestiguando el compromiso amoroso de una pareja sobre el escenario y deseándole a Shakira un feliz cumpleaños acompañado de miles de gargantas. Así alista la despedida Vives, agradecido por “tanta bulla” y repitiendo el tema con el que comenzó la cita, aunque esta vez pedaleando una bicicleta y con una sugerencia que los presentes pueden atender con sólo dirigirse a la cicloestación que se localiza a unos cuantos pasos del Auditorio Nacional, para de esta manera continuar quemando calorías tras más de dos horas de baile: “¿y si le seguimos con la quemazón y nos regresamos a casa en la ‘cicla’?”.

Herencia, valores y magia 
“Estoy muy agradecido con la vida y, claro, con México, por darme la oportunidad de cantar en el Auditorio Nacional, un escenario donde todo artista quiere estar. Todos me recuerdan, todos me han visto viajando por diversos puntos de la República Mexicana, promocionando mis canciones, mis álbumes, mi trabajo. Estoy feliz de regresar al Auditorio porque el año pasado ya tuve la oportunidad de presentarme por vez primera y descubrí que es un lugar mágico. Uno se siente bien cuando pisa ese escenario”. 
“En cuanto a mi labor musical, yo trabajo con la música que me heredaron varias generaciones de colombianos, y aunque no soy folclorista, siempre he alimentado a la industria musical con el patrimonio cultural del pueblo colombiano. Yo, como artista, quiero alcanzar el grado de expresión de muchos otros creadores humildes de mi pueblo que con su música se han quedado en mi corazón. Deseo propagar un mensaje de hermandad, amor e ingenio, formar parte de la hermosa historia musical de Latinoamérica ofreciendo esa clase de valores y procurando serle fiel por siempre a mi mensaje”. (A.G.C.

Programa
La bicicleta / Un canto a la vida / La cañaguatera / La gota fría / Pa’ Mayté / Ella es mi fiesta / Quiero verte sonreír / Fruta fresca / Déjame entrar / La cartera / El mar de sus ojos (con Chocquibtown) / Al filo de tu amor / La foto de los dos / Volver, volver - No volveré / La tierra del olvido (con Sebastián Yatra) / Volví a nacer / Nota de amor / La bicicleta (bis) / La celosa. 


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