sábado, 21 de enero de 2017

Romeo y Julieta: Verona, Nueva York y CDMX



Transmisión de ópera en vivo desde el Met de Nueva York. Temporada 2016-2017 / 21 de enero, 2017 / 
Función única / 3:20 hrs. de duración / Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional.

Fernando Figueroa
Mientras se proyecta en vivo la ópera Romeo y Julieta, de Charles Gounod, una pareja se besa apasionadamente en el área de luneta del Auditorio Nacional. Tal hecho no llamaría demasiado la atención si no fuera porque él tiene una tos seca que parece de cierta gravedad y el contagio no parece preocuparle a ella. Lo que sucede en el Met de Nueva York y en la pantalla es ficción; lo otro es la realidad, pero en ambos casos se trata del mismo tema: el amor incondicional.
Durante la tradicional charla previa, en el Lunario, el maestro Sergio Vela definió a estos personajes de William Shakespeare como “la pareja arquetípica del amor fatal, casi una categoría conceptual”. En efecto, los nombres de los adolescentes de Verona poseen un halo mágico que a lo largo de más de cuatro siglos ha generado la creación de óperas, ballets y piezas sinfónicas.
El primero que le puso música a esta historia fue el alemán George Benda, quien creó el singspiel Romeo und Julie (1776). En 1830 se estrenó la ópera I Capuleti e i Montecchi, de Vincenzo Bellini. Nueve años más tarde, Hector Berlioz presentó su sinfonía dramática Roméo et Juliette.
Con esos, y muchos otros antecedentes, Gounod estrenó con éxito su ópera el 27 de abril de 1867, en el Teatro Lírico de París. La producción de Bartlett Sher que ahora presenta el Met de Nueva York, se estrenó en 2008 en el Festival de Salzburgo con el apoyo de La Scala de Milán.
En medio de una escenografía y vestuario convencionales, que remiten a la Italia renacentista que imaginó el Cisne de Avon, el plato fuerte son las voces de Vittorio Grigolo y Diana Damrau, a quienes los críticos han llenado de elogios. Anthony Tommasini, de The New York Times, escribió: “Escena tras escena, estos emocionantes y carismáticos artistas desaparecen en sus personajes para cantar con sensualidad candente y lirismo apasionado”. Considera que la sofisticada partitura puede resultar empalagosa cuando los protagonistas no son capaces de mostrar las sutilezas y profundidades de la misma, aunque en el caso de Damrau y Grigolo “salen triunfadores gracias a una combinación de desnudez emocional y refinamiento vocal”.
En la pantalla, con los acercamientos de cámaras, es difícil creer que la soprano alemana es una menor de edad que conoce el amor por vez primera, pero al mismo tiempo se pone de relieve que canta con una naturalidad pasmosa, como si fuera un ave que sólo tiene ese medio de expresión. El virtuosismo vocal también existe en el tenor italiano, aunque no de forma tan contundente, pero en su caso hay un chispeante histrionismo que es poco común en el arte lírico.
El resto del elenco está a la altura que imponen Damrau y Grigolo. El tenor mexicano Diego Silva debuta en el Met y lo hace con un Teobaldo que mereció la aprobación de público y crítica. La mezzo soprano francesa Virginie Verrez sorprende gratamente en el breve y vivaz papel masculino de Stefano.
El bajo-barítono Laurent Naouri convence como el bipolar Capuleto, quien invita al relajo en las fiestas y luego se transforma en el malvado padre que presiona inútilmente a Julieta para que se case con Paris (David Crawford, bajo-barítono). Elliot Madore (Mercucio) es un barítono que pertenece a la estirpe de quienes cantan y actúan al más alto nivel.
Aunque la historia es muy conocida, debe decirse que las familias Montesco y Capuleto se odian por tradición. Romeo y sus amigos se cuelan a un baile de máscaras y el flechazo con Julieta es instantáneo. Aunque ambos saben que la sociedad no los dejará ser felices, se casan a escondidas y consuman su amor en un lecho nupcial que abarca casi todo el escenario.
Las pugnas familiares y la fatalidad provocan que Romeo asesine a Teobaldo y sea desterrado. En su afán por evadir el matrimonio con Paris, Julieta toma una pócima para fingir que ha muerto. Romeo entra a la cripta de los Capuleto y al ver el “cadáver” toma un veneno para alcanzar a su amada en el más allá. Ella despierta y ve que Romeo agoniza, entonces toma una daga y se apuñala. Ambos mueren pidiendo perdón a Dios.
Quienes no tienen perdón son aquellos aficionados a la ópera que dejaron pasar la oportunidad de ver cómo Damrau se transforma de alondra que anuncia el amanecer en ruiseñor que le canta al amor.

De Shakespeare a Gounod y Fellini
• Se desconoce en qué año escribió Shakespeare Romeo y Julieta, pero la primera edición se publicó en 1597. El dramaturgo se basó en un cuento de Mateo Bandello (1490-1560), escritor italiano que admiraba a Giovanni Boccaccio.
• Charles Gounod (1818-1893) compuso una docena de óperas, entre ellas Safo (1851), Fausto (1859) y La reina de Saba (1862). El libreto en francés de Romeo y Julieta (1867) fue escrito por Jules Barbier y Michel Carré.
• En las entrevistas del intermedio, el director de orquesta Gianandrea Noseda comentó que la partitura de Romeo Julieta es tan genial que por sí misma narra tanto la historia como la atmósfera.
• El productor Bartlett Sher señaló que la admiración mutua entre Diana Damrau y Vittorio Grigolo aviva la imagen de pareja que proyectan en el escenario.
• Entre bromas, Damrau y Grigolo dijeron que la química entre ellos es natural, “no hay celular ni mensajes de texto”. La anfitriona Ailyn Pérez quiso saber de qué manera logra Grigolo mostrarse como un jovencito; él respondió con buen humor: “Me ayuda mucho el espíritu de Peter Pan que siempre he tenido”.
• La vestuarista Catherine Zuber dijo que es fan de las películas de Federico Fellini y se inspiró en Casanova para mostrar un ambiente misterioso y decadente. 
• Michael Yeargan afirmó que su escenario “puede ser Verona o cualquier otra ciudad en cualquier época”. (F.F.)

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