Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.

sábado, 7 de enero de 2017

Nabucco: Plácido Domingo, rey de Manhattan



Transmisión de ópera en vivo desde el Met de Nueva York. Temporada 2016-2017 / 7 de enero, 2017 / Función única / 
3:05 hrs. de duración / Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional.

Fernando Figueroa
A pesar de que en la ópera Nabucco el principal protagonista no es el rey de Babilonia del mismo nombre sino los prisioneros (coro), y el papel de Abigaíl está diseñado para el lucimiento belcantista de la soprano en turno (Liudmyla Monastryska), Plácido Domingo se las ingenia para que, al término de la función, el público le otorgue las ovaciones más estruendosas, sinceras y conmovedoras.
Quienes llenan la sala del Met aplauden la gran actuación que Domingo les acaba de ofrecer, pero también rinden tributo al artista que más papeles ha interpretado en la historia de ese recinto: cincuenta, diecisiete de ellos creados por Giuseppe Verdi. 
A los setenta y cinco años, el artista español luce una presencia escénica arrolladora y su voz se conserva en muy buenas condiciones. Zachary Woolfe, de The New York Times, escribió al respecto: “En medio de sus luchas por la salud, Domingo, uno de los tenores más destacados del siglo XX, se reinventa como un barítono de Verdi, una bestia muy diferente. Después de cantar a Ismael en Nabucco, hace varias décadas, recientemente ha asumido el papel principal”. Y añade más adelante: “Si acaso un tono de fragilidad es ahora detectable en él, aún suena extraordinariamente fresco y vibrante”.
Si en escena está un monstruo del canto, en el foso refulge la presencia de James Levine, a quien Domingo compara con Toscanini en las entrevistas del intermedio. Levine, de setenta y tres años, es el director con mayor número de apariciones en el Met (más de dos mil quinientas), de las cuales trescientas treinta y cuatro han contado con la participación del hijo de la cantante de zarzuela Pepita Embil.
Entonces tenemos a un figurón en la batuta, otro que interpreta a Nabucco y un grupo de alternantes a la altura de las circunstancias, en donde destaca como un sol Liudmyla Monastryska, cuya coloratura es sólo la parte más visible de una voz poderosa y maleable. Acerca de ella, Zachary Woolfe apuntó: “Con su ardiente y salvaje tono, ataca la música feroz de Abigaíl como si estuviera escalando una roca con un hacha de hielo”.
La mezzosoprano Jamie Barton (Fenena), el tenor Russell Thomas (Ismael) y el bajo Dmitri Belosselskiy (Zacarías) lucen impecables en sus respectivos personajes de apoyo. El coro del Met, bajo la dirección de Donald Palumbo, se gana un diez de calificación y un bis de “Va, pensiero” solicitado por el público.
Nabucco, tercera de las veintiocho óperas de Verdi, se estrenó con gran éxito el 9 de marzo de 1842 en el Teatro alla Scala de Milán. Narra la invasión de Jerusalén por parte del rey de Babilonia y la resistencia hebrea. También cuenta la historia de un triángulo amoroso entre las dos hijas de Nabucco (Fenena y Abigaíl), quienes están enamoradas del judío Ismael. Este último desprecia a Abigaíl y prefiere a Fenena.
Abigaíl descubre que es hija adoptiva de Nabucco y jura que va a destronarlo. El rey babilonio ya es muy viejo para soportar tantas presiones y pierde la razón. Ismael es acusado de alta traición por su amorío con Fenena, pero es perdonado cuando ella se convierte al judaísmo.
Abigaíl está a punto de auto-coronarse en Babilonia, pero Nabucco reaparece y se declara a sí mismo como dios. Un trueno cae sobre él a manera de castigo por su blasfemia. Abigaíl toma el poder y ordena la ejecución de todos los presos judíos, incluso Fenena. Nabucco se arrepiente ante Yahvé y recobra la cordura; anuncia su conversión y decreta el perdón para todos los prisioneros.
La producción de Nabucco corre a cargo de Elijah Moshinsky, cuyo mayor mérito estriba en un casting óptimo. También destaca positivamente el vestuario de Andreane Neofitou, aunque no puede decirse lo mismo de la monumental escenografía (John Napier), que dificulta en exceso el tráfico actoral. La iluminación (Howard Harrison) es eficaz en la acción, aunque en la pantalla jamás puede verse con claridad el remate del templo babilónico.
Al cerrarse el telón, finaliza la temporada de Nabucco en el Met y Plácido Domingo y James Levine se reafirman como dos figuras de élite en la historia de la ópera.

Patriotismo de ayer y hoy
• Durante la tradicional charla previa, en el Lunario, el maestro Sergio Vela comentó que el libreto de Nabucco, escrito por Temistocle Solera, fue originalmente desdeñado por el compositor Carl Otto Nicolai (1810-1849). Giuseppe Verdi (1813-1901) estaba casi en el retiro, deprimido luego de la muerte de su esposa y sus dos hijos, cuando cayó en sus manos ese texto. 
• Luego del estreno de Nabucco, Verdi se volvió un ídolo en toda Italia. Esa ópera supo condensar el espíritu patriótico del llamado Risorgimento. El crítico Zachary Woolfe dice, refiriéndose al público neoyorquino: “Puede ser justo lo que la gente necesita escuchar ahora mismo”.
• El maestro Sergio Vela hizo énfasis en la devoción de Verdi por sus raíces campiranas y, por ende, la inclusión de música de banda de pueblo en Nabucco. Para quienes asistieron a su plática, no fue una sorpresa ver que en el foso había un ensamble extra que tocaba esos pequeños fragmentos con sabor parmesano de mediados del siglo XIX.
• En las entrevistas del intermedio, Plácido Domingo dijo que, antes de ensayar vocalmente sus papeles, los estudia a fondo con su piano.
• James Levine comentó que, a lo largo de los años, aprendió que la ópera es una disciplina muy complicada, que requiere de mucha entrega, “pero si alguna vez hay algún error, no se acaba el mundo y el público lo comprende”. (F.F.)

No hay comentarios: