domingo, 22 de enero de 2017

Las Primadonnas: El arte de la payasada

Foto: Sergio Bautista / Colección Auditorio Nacional


Seremos nubes / 22 de enero, 2017 / Función única / 1:25 hrs. de duración / 
Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional.

Fernando Figueroa
Sin palabras, la compañía teatral Las Primadonnas arma un buen relajo en el Lunario. Presenta un espectáculo que engloba diversas disciplinas artísticas: música, danza, ballet y, como eje central, la divertida actuación de un clown con mucha jiribilla. Los que hablan a cada rato son los pequeños espectadores, quienes se enganchan con la dinámica que marca el payaso Luis López.


El clown interpreta a un joven que se encarga de hacer la limpieza en un teatro. Para él, una escoba es su eterna compañera, pues la bailarina de quien está enamorado no le hace mucho caso. Bueno, ella primero le coquetea y luego lo deja con un palmo de narices; en este caso, con la nariz roja de coraje.

Ya se sabe que a los clowns les da por vivir en un mundo fantástico y, seguramente por eso, los niños se sienten tan identificados con ellos. En una era tecnologizada como la del siglo XXI, donde padres e hijos necesitan celular, tableta y computadora para comunicarse, resulta paradójico que llegue un tipo alto, desgarbado, silencioso, y en cuestión de segundos entable una relación profunda con los chavitos y sus progenitores.
No es casual que el personaje principal limpie un centro de diversión. A finales del siglo dieciocho, los palafreneros se encargaban de limpiar las pistas de circo entre una y otra rutina ecuestre (ya se imaginarán: pala y cubeta contra desechos sólidos y líquidos). Cuenta la leyenda que, en alguna ocasión, uno de esos señores llegó a trabajar borracho e hizo reír a la concurrencia sin querer. A partir de entonces, las payasadas se convirtieron en parte fundamental del show; luego se les ocurrió pintarse la cara y vestirse de forma llamativa.
En el ambiente onírico que hoy se adueña del recinto hay dos bailarinas (Aileen Kent y Ana Paula Oropeza), quienes revolotean alrededor del clown, aunque tal vez sean una misma en la imaginación del simpático galán. Y en un “chou” que se respete no puede faltar la buena música, tanto original como aquella que está grabada en la memoria colectiva.
Desde el teclado, Bernardo Espadas pone a bailar a todo mundo, porque en el espectáculo Seremos nubes no hay cuarta pared: los que están arriba bajan y los que están abajo suben. “Bésame mucho”, de la genial Consuelito Velázquez, sirve de acicate para que el payaso consiga un “picorete”.
El “Vals de las flores”, de El Cascanueces (cortesía de Tchaikovski), suena a la hora en que la diva en cuestión flirtea de puntitas. “All that Jazz” (Kander-Ebb) enmarca el momento más alegre porque zangolotea incluso a los introvertidos crónicos.
 
Foto: Sergio Bautista / Colección Auditorio Nacional
Cuando la cosa se pone flamenca, Espadas toca “Torero romántico”, de su inspiración. También es autor de “Maniac”, “I Can Feel It” y de la “Obertura Las Primadonnas”. Las notas que surgen de una cajita musical fueron compuestas por alguien medio conocido, de nombre Ludwig van Beethoven: “Para Elisa”, una bagatela que funciona como la cereza de un rico pastel multidisciplinario.




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