miércoles, 25 de enero de 2017

Karen Lugo y Malaje: Reinvención del flamenco

Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional


Concierta Independencia presenta / 25 de enero, 2017 / Función única / 1:45 hrs. de duración /
 Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional.

Gustavo Emilio Rosales
Para la bailaora Karen Lugo el flamenco es más un puente que una meta; un medio. El objetivo de la danza, clama su cuerpo a los cuatro vientos, es volver trascendente la presencia personal. De allí que sea poco fértil, casi indebido, intentar encasillar sus evoluciones coreográficas en las cuñas al uso.
Sí, el colectivo de músicos que la acompaña, Malaje, ejecuta ritmos precisos, identificables dentro del género —bulería, guajira, seguiriya—, pero la intérprete los aborda por un camino inusual, en el que el zapateo y los contoneos de cadera están muy lejos de adquirir la categoría de recursos principales.
Karen Lugo, es evidente, decidió reinventar el flamenco. Preparó su cuerpo para ello y ahora hasta los detalles del movimiento articulado de un hombro, un codo, el antebrazo y cada dedo de la mano correspondiente poseen una elocuencia de múltiples niveles expresivos. Su cuerpo es un organismo políglota, que en sus diversos lenguajes sin palabras expresa, mediante imágenes sensibles, emociones e ideas cuya interpretación queda al libre albedrío, a la capacidad imaginativa, de cada uno de los espectadores que, embelesados por una danza que hace del cuerpo templo de celebraciones carnales, hemos quedado en vilo. ¿Habrá sucedido un fenómeno similar antaño, en los rituales, donde se dice que la danza colocaba a sus ejecutantes y perceptores en estado de trance?
El júbilo, por lo pronto, es notorio y contagioso. Timbres y tonos masculinos y femeninos expresan en voz alta palabras de aliento, de halago; la admiración crece hasta llegar al aullido. Karen Lugo, en plenitud de sus facultades dancísticas, parece agigantarse a medida que la multitud pierde reservas y se le entrega, apasionada. La mezcla entre la transpiración que empapa sus ropajes, acentuando los contornos de su hermosa figura; su piel aceitunada, que brilla, deslumbrante; sus ojos enormes, de un negro profundo, enigmático; y sus facciones de odalisca extraída de Las mil y una noches, trazan un panorama de alta tensión erótica.
No cualquier músico podría dialogar con una artista del baile que sale del canon, pero no pierde por ello un ápice de transmisión energética (en ocasiones, lo que se ha dado en llamar nuevo flamenco se precipita a la intelectualización de los contenidos de la danza, suscitando cierta frialdad en ella); los miembros de Malaje, por el contrario, acompañan y cuidan a la perfección —en diálogo fértil y constante— los lances retadores de Lugo: los estimulan, incluso, convirtiendo su arrojo dinámico en una marejada de provocaciones energéticas, de estímulos que calan en el hueso. Se trata de figuras que brillan de manera independiente, por propio derecho, desde hace más de un lustro, en la escena mexicana del tablao y el teatro flamencos, en la cual el Lunario ha cobrado prestigio como foro notable: los cantaores Cachito Díaz y Aarón El Cigarra; y los percusionistas y guitarristas Adrián Molina, Anwar Miranda, Alfredo Millán, Ángel Ramos y Marco Castro. Todos dueños de un estilo propio que, afín a la propuesta dancística de Karen, se aleja con fortuna de lo convencional.
Acompaña a Malaje el bailaor Armando Tovar Rubio, que protagoniza la primera mitad del espectáculo mediante dos intervenciones solistas basadas en su capacidad de crear contrastes temporales a lo largo de su cuerpo: la pausa y el torbellino se encuentran en distintas zonas del organismo, en porciones diversas, en texturas varias, en una dramaturgia de piel que, progresivamente, articula la posibilidad de que el baile flamenco masculino se atreva a abordar terrenos que van mucho más lejos del arquetipo de torero heroico. 
 
Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional
Para Karen Lugo, quien domina la segunda y más amplia mitad de este espectáculo, las intervenciones de Malaje y de Armando Tovar constituyen también —además de enriquecer la propuesta general del programa— una manera verídica de mostrar que la constante del arte flamenco es la suma equilibrada de talentos. Una suma sin fronteras: ella nació en Guadalajara, pero ha recorrido el mundo y cosechado reconocimientos por medio de su arte, hasta lograr que se la reciba en Casa Patas —el emblemático foro madrileño que es Meca del flamenco ibérico— como primera figura de cartel. Esta noche, en el Lunario, a través de una entrega desmedida, fulgurante, pero técnicamente precisa, ha dejado en claro que el flamenco es un arte actual, apto para propiciar lo que podría llegar a convertirse en un adictivo estado de éxtasis.

Programa
Malaje: Mosaico instrumental, cante y toque de ida y vuelta / Intervención del bailaor Armando Tovar Rubio / Pasaje instrumental flamenco de fusión / Intervención de Armando Tovar Rubio / Intermedio / Malaje y Karen Lugo: bulerías, guajira, seguiriya, tientos y tarantos / Fin de fiesta.


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