martes, 13 de diciembre de 2016

Okills: Licuado de calor musical

Foto: Sergio Bautista / Colección Auditorio Nacional


Los Manejadores presentan: Okills / #Latinoaméricasupersónica / 13 de diciembre, 2016 /
 Función única / 1:50 hrs. de duración / Promotor: Business Development Argo S.A. de C.V.

Gustavo Emilio Rosales
En un ámbito de salvajismo artificial, donde flamencos australes color rosa mexicano conviven con una lluvia de lianas que hacen del escenario una jungla tropical, Okills brinda delicias al público cautivo que dista mucho de estar en cautiverio a juzgar por el hervor de saltos, gritos, contorsiones, caderazos y brazos extendidos que suceden frente a este quinteto venezolano residente en nuestra ciudad desde mitad de 2015.


El grupo, afortunadamente acompañado por un trío de metales que liga saxofones y trompetas, brinda un licuado de calor musical hecho por medidas desiguales de calypso, pop, reguetón, joropo llanero, vals andino, electrocumbia y, a manera de picante, stoner rock. Su estilo pluriestilizado parece apostar todas las fichas a un propósito solitario de vida o muerte: agradar.
Los aullidos y vítores de jóvenes y adultos menores que rodean en horda al conjunto caraqueño promueven la quietud como horizonte de utopía. El estar ahora y aquí, es estar en danza, ya sea como la morena deslumbrante que en primera fila dibuja rosas abiertas en el aire con sus hombros desnudos, ya sea como el varón de suéter color grosella, que ondula sus bigotes en inequívoco ademán mefistofélico cuando el cantante de Okills, Alberto El Arcas, lanza una sencilla excomunión a Donald Trump, para después emitir una arenga a favor de la unión latinoamericana, especialmente en pro del intercambio cultural, “hecho por gente bonita, bondadosa”, entre México y Venezuela. Entre el público se revela enseguida la presencia de ciudadanos de ambas naciones; sólo es cuestión de aguzar el sentido auditivo: abundancia de vocablos con “ch”, por un lado; frases en las que parece estar ausente la letra “s”, por otro.
Ve y ven, vaivén, microsismos un milímetro debajo de la dermis y el aire que deviene mermelada de gente. Quizá el guitarrista Kmarón, también llamado Leonardo Jaramillo, se sepa responsable de este ambiente con sus riffs electrizantes que, en efecto, atolondran; quizá también lo sean Carlos García (guitarra), o la mancuerna rítmica que forman Kevin Yousef, al bajo, y Alejandro Bautista en batería. El caso es que la fiesta está chévere y el amor, como quiso Donizetti, es un elíxir adictivo que nubla la razón, ya sea por medio del ardor, ya por la venganza: el tónico que anima cada canción de Okills.
Llegamos, sudorosos, pero con una sonrisa de placer en la faz, a la cresta que significa hablar —por voz de El Arcas— de la sobresaliente inventiva musical de Café Tacvba, de la Ciudad de México y la ubicuidad en ella de la palabra “muerto”; de lo bien que nos caería un viajecito al mar. Okills rinde tributo a Simón Díaz (“El alcaraván”), a los tacvbos (“Volver a comenzar”) y a los amores perdidos, reencontrados y urgentes de olvidar.
 
Foto: Sergio Bautista / Colección Auditorio Nacional
Con pocos, pero contundentes temas en su haber, con apenas un disco grabado —América supersónica—, antecedido por un buen EP Iniciando transmisión—, esta banda no tiene el éxito asegurado, como tampoco lo tendrá ninguna más, pero cuenta de seguro con la garantía que significa hacer que guste lo que es del gusto propio, y hacerlo bien, requetebien.

Programa
Gritarte / Céntimos / Si me ves / Después / Querido loco / Menos tú / Asesina / Nube / Volver a comenzar / El alcaraván / Omemegú / Tiempo / Funcional / Barranca del muerto / Lo mejor, lo peor / Baldor / Amigos nada más.






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