viernes, 23 de diciembre de 2016

El Cascanueces: Ensoñación dancística de la noche navideña

Foto: Sergio Bautista / Colección Auditorio Nacional




Compañía Nacional de Danza / Del 16 al 23 de diciembre, 2016 / Diez funciones / 
1:40 hrs. de duración / Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional.

Gustavo Emilio Rosales
Clara, una hermosa niña que ama bailar, recibe de manos de su padrino un fabuloso muñeco vestido de soldado, que a su vez es un utensilio para partir nueces, por lo que lo nombra Cascanueces. En la noche del regalo, que es Navidad, Clara sueña que las cosas de su casa se han vuelto gigantescas: ¡es ella la que se ha hecho pequeña!
Su ensoñación adquiere tintes de pesadilla al verse atacada por un ejército de ratones, que se encuentra comandado por un furioso rey. Antes de que los roedores la tomen presa, el Cascanueces, que ha cobrado vida mágicamente, la defiende con valor y acaba con el enemigo. Para festejar la victoria, Clara y su nuevo héroe viajan al País de Azúcar, donde se les recibe con honores de monarcas y se dispone para ellos un majestuoso desfile confeccionado por varias danzas del mundo.
Esta historia, sencilla y efectiva, es uno de los cuentos de Navidad con más fama y uno de los programas más importantes de la Compañía Nacional de Danza (CND), dirigida desde mediados de este año por el maestro argentino Mario Galizzi, quien ha decidido mantener vigente la versión coreográfica de Nina Novak, basada en la creación original de Lev Ivanov, que en esta ocasión cumple treintaiséis años de ser presentada cada fin de año sin interrupción, los dieciséis últimos en el Auditorio Nacional.
Los diseños de vestuario y escenografía remiten, en la primera parte de la historia, que sucede en la casa de Clara, a una ciudad europea, hacia fines del siglo XIX; para la segunda mitad, que tiene lugar en el prodigioso Reino del Hada de Azúcar, ambos aspectos cobran un tono fantástico: la indumentaria se torna multicolor y adquiere formas divertidas, alusivas a cada una de las danzas que se ofrecen en honor a Clara y el Cascanueces (los bailes del Chocolate de España, Café de Arabia, Té de China, Nougat de Francia; Bastones de caramelo, Mamá Bombonera y sus hijitos y, finalmente, el del Hada y su galán); el espacio, en contraste, se torna amplio y tapizado de tonos azules y blancos, que le otorgan un carácter de ámbito celestial.
El compositor ruso Piotr Ilich Chaikovski escribió la música de este espectáculo, utilizando como base el guión coreográfico con el que el maestro francés de ballet Marius Petipa adaptó para la danza el cuento original de Alexandre Dumas, quien a su vez se inspiró en una historia imaginada por el artista prusiano Ernst Theodor Hoffmann. 
Chaikovski comprendió la danza a profundidad, creando partituras para tres ballets hoy legendarios —El lago de los cisnes, La Bella Durmiente y El Cascanueces—, en donde los bailarines encuentran una dramaturgia musical apta para el pleno desarrollo expresivo de sus evoluciones corporales; por lo que es una fortuna que estas funciones ofrecidas por la CND cuenten con la participación de la Orquesta del Teatro de Bellas Artes, que actúa bajo la dirección del maestro serbio Srba Dinić, quien logra una interpretación magnífica, limpia y emotiva, que brinda un marco estupendo para que los bailarines, por medio de danzas de grupo y algunos solos y duetos, transmitan la alegría, el pavor, la acción de combate y la diversidad de tonos y timbres que tejen el sueño de Clara a las familias que acuden a presenciar algo que no es una función común, sino un auténtico festejo navideño.
No pocos niños han llegado aquí ataviados como simpáticos ratones. Está quien luce el disfraz de terciopelo café y blanco, con bigotes de plástico, que regaló el abuelo o la mamá; pero además se manifiesta quien prefirió recurrir al maquillaje para transformar su rostro en la faz de un roedor. Por supuesto, también acude el bando que simpatiza con Cascanueces, conformado por pequeños que caminan muy derechitos, orgullosos de lucir sus botas negras, una camisa roja, pantalón oscuro y un alto sombrero que habrá de terminar por conferirles ese aire militar característico del muñeco mágico del cuento. Asimismo, algunos adultos lucen detalles alusivos a la época de la historia, como sombreros de copa, o bien gorros colorados con una borla blanca en el extremo.
La función se desarrolla en un clima de asombro. Un coro de vocecitas exclaman “¡ooooh!”, “¡uuuuh!”, y aplauden cada que algo en escena se torna excepcional, como la ferocidad que marca el ataque de los ratones o la danza inesperada que hacen los instrumentos de la orquesta que sobresalen desde el foso destinado a albergarlos, cuando la acción sonora de Chaikovski, en el acto segundo, se torna rica en matices, en texturas. Algunos niños “dicen” con su cuerpo la calidad acústica de la historia: uno levanta alternadamente el dedo índice de cada mano, al compás de la danza del Té de China; otro emprende giros desde el torso cuando dominan los pasos del Café de Arabia; varios inclinan su cabeza de un lado al otro en armonía con el vals protagonizado por la familia de Mamá Bombonera y un campo de flores que adquiere vida propia. 
Los bailarines perciben la alta calidad de atención por parte de su público y brindan una actuación destacada, ejecutando con precisión los retos de escenas principales y cuidando su desempeño actoral en los cuadros que no implican mucho o ningún baile, como es el correspondiente a la preparación de la fiesta navideña en la casa de Clara. Los solistas Tamara Flores y Rodrigo Ortega, que interpretan a Clara y Cascanueces en esta primera función de la temporada, generan la energía juvenil que corresponde a los personajes y llevan a cabo con fortuna las dinámicas virtuosas que exigen los duetos —llamados pas de deux por su nombre en francés: “paso de dos”— establecidos por Nina Novak y Lev Ivanov.
Foto: Sergio Bautista / Colección Auditorio Nacional
Cae el telón justo después de que Clara y Cascanueces se despiden de sus amigos del País de Azúcar desde la canastilla de un enorme globo rojo, que despega para llevarlos hacia nuevas aventuras. Pero la danza y la música no cesan: siguen en el cuerpo de niñas y jovencitos que se dirigen hacia la calle tarareando melodías y moviendo su cuerpo de maneras especiales; maneras que indican que la Navidad es, allende las rutinas del comercio, un hermoso estado de ánimo.

De ritos y relatos
• Quien primero imaginó la historia de El Cascanueces fue Ernst Theodor Amadeus Hoffmann (1776-1822), cuyo considerable poder de inventiva lo llevó a desarrollarse como escritor, jurista, dibujante, caricaturista, tenor, arquitecto, tramoyista, dramaturgo y compositor musical. Participó decididamente del movimiento romántico, realizando libros que impactarían poderosamente en los escritores de la generación que le siguió, como Edgar Allan Poe, Théophile Gautier y Franz Kafka. Pese a que sus múltiples cuentos le dieron fama en vida, su obra cumbre fue una novela que se llamó Los elíxires del diablo, por medio de la cual legó al romanticismo el ancestral concepto del doble fantasmal.
• Ya es un rito no oficial que en las funciones de El Cascanueces participen pequeños que se inician en el aprendizaje de la danza. La temporada treintaiséis de la CND continúa con esta tradición, incorporando a su elenco a niñas y niños de la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea y la Academia de la Danza Mexicana. Al parecer, esta experiencia deja una huella indeleble en los infantes, quienes años después valoran dicha memoria como su inauguración formal en el universo profesional de la danza escénica.
• El director de orquesta serbio Srba Dinić suele realizar trabajos estupendos, en los cuales busca la interpretación de la partitura siguiendo la coherencia artística del autor. Nació en una ciudad llamada Nis. En 2001 fue contratado por el maestro Miguel Gómez-Martínez como director de orquesta de la Casa de la Ópera de Berna. Ha dirigido ópera, ballet y composiciones sinfónicas en teatros principales de cinco continentes. En México, debutó en el Palacio de Bellas Artes, haciéndose cargo de la Celebración a Giuseppe Verdi en marzo de 2013. Actualmente es el director titular de la Orquesta del Teatro de Bellas Artes, con la que ha dirigido la Gala Wagner y Gala Strauss, ambas con el tenor Francisco Araiza; y las óperas La Bohème y Turandot (Auditorio Nacional), Rigoletto, Don Giovanni y Mefistófeles. Asimismo, guió las producciones de Giselle, Sueño de una noche de verano; la Gala 50° Aniversario de la Compañía Nacional de Danza y el concierto operístico protagonizado por Anna Netrebko.
El Cascanueces fue estrenado el 17 de diciembre de 1892, en el teatro Mariinsky de San Petersburgo. La Compañía Nacional de Danza hizo el estreno correspondiente en el Teatro Elizondo, de Monterrey, el 13 de octubre de 1980. Aunque es uno de los ballets más representados, su escenificación suele quedar enmarcada en los parámetros normales de un cuento tradicional de Navidad. En 2009, la coreógrafa mexicana Adriana Castaños, directora del grupo Producciones La Lágrima, hizo una versión particular, con el propósito de formar públicos para la danza en Hermosillo, Sonora. Para ello confeccionó un discurso de movimiento actual, invistiéndolo con diseños contemporáneos, intentando enfatizar el tono fantástico del relato de Hoffman. (G.E.R.)

Créditos
Coreografía de Nina Novak basada en la original de Lev Ivanov / Música: Piotr I. Chaikovski / Arreglos coreográficos de la Compañía Nacional de Danza / Diseño de escenografía: Laura Rode / Diseño de vestuario: Carlo Demichelis / Diseño de iluminación: Javier Rodríguez / Participación de la Orquesta del Teatro de Bellas Artes, dirigida por Srba Dinić / Participación de alumnos de la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea y de la Academia de la Danza Mexicana.




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