sábado, 3 de diciembre de 2016

Cleric + Simulacrum + Godflesh: Oídos sangrantes

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional



Bestia Festival – Festival Aural / 3 de diciembre, 2016 / Función única / 
3:40 hrs. de duración / Promotor: Visual3 S.A. de C.V.


David Cortés
Dentro del Bestia Festival, en colaboración con el Festival Aural, la noche se anuncia con el signo de la brutalidad y para ello se dan cita tres agrupaciones con la sapiencia necesaria para extraer sangre de los tímpanos: Cleric, Simulacrum y Godflesh, las dos primeras de Estados Unidos y la última de Gran Bretaña.
Abre Cleric —Matt Hollenberg, guitarra; Larry Kwartowitz, batería; Nick Shellenberg, voz, teclados; y Daniel Ephraim Kennedy, bajo— y de inmediato suelta una andanada de notas duras, ásperas, aceradas, en la línea del avant metal, noise. Sin embargo, en medio del ruido devastador, brutal, entre esas frecuencias hirientes que amenazan con reventar los oídos y hacen saltar los tapones de protección, se cuelan rasgos de musicalidad que dan a la banda uno de sus rasgos distintivos: solos con tintes de jazz en la guitarra, un bajo que, unido a la batería, dispara registros funkies, teclados con lejanas reminiscencias progresivas.
También son precisos, no hay descarga o acometida de furia que no esté precedida de un momento de tranquilidad, y cuando ésta se rompe es como si se abriera la tierra y lo tragara todo. Primera herida de la noche, certera.
Simulacrum, trío formado para un proyecto de John Zorn que generó un álbum epónimo ⎯previamente grabaron Inferno⎯, está integrado por John Medeski al órgano, Matt Hollenberg en guitarra y Kenny Grohowski en la batería. Es una entidad más musical, pero no por ello menos brutal. Propulsados por el teclado de Medeski, hacen un set en el cual la energía es la dominante. El tecladista, cuyas intervenciones son las más de las veces brillantes, interactúa con guitarra y batería que no se quedan a la zaga. 
Medeski parece desprendido de su bagaje de conocimientos para entregarse con frescura a este proyecto que avanza por la línea de jazz hardcore. Ocasionalmente crean momentos en que son tres solistas, otros en donde tocan al unísono, pero nunca dejan nada en pie; las composiciones de Zorn no presentan resquicios ni respiros, están muy amarradas y de principio a fin son pavorosamente intensas y en ellas los solos de Hollenberg desarman, arrinconan y algunas veces, en la lejanía, despliegan ecos del noruego Terje Rypdal. Si la fuerza mengua, es para crear un pasaje uniforme, hipnótico, cuasi sicodélico. Esos son los espacios de calma, pero son escasos, lo preponderante es una vorágine sonora que traga y aniquila. Segunda herida de la noche, grave.
Los oídos sangran cuando Godflesh —Justin Broadrick, guitarra, programaciones, voz; y G.C. Green, bajo— sale para cerrar la sesión. El líquido rojo mana pero aún es controlable; sin embargo, cuando la dupla inicia con su dosis de metal industrial, el dolor es imparable.
Formado en 1988 en Birmingham, Inglaterra, disuelto cuatro años después y de regreso a partir de 2010, este dúo, además de dar un nuevo impulso al grind y sentar las bases del avant metal ⎯al grado de que bandas como Korn, Metallica, Fear Factory y Ministry, entre otras, los citan como influencia⎯ tampoco sabe de contemplaciones.
Para ser solo dos, el estruendo que generan sobre el escenario es similar al que produce un ejército al avanzar en formación en una plaza desolada. Crean pasajes muy densos en los cuales guitarra y bajo luchan para ganar la parte frontal, pero en esa contienda, continua, constante, no hay vencedor. Las programaciones, en la base, interceden, llaman a un armisticio, pero éste no arriba. Broadrick y Green simplemente crean una pared sonora que empuja y presiona el pecho y los oídos de los asistentes, mismos que a estas alturas sangran profusamente.
Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
El par es el colofón adecuado en esta demostración de hardcore, grind, metal, vanguardia, jazz, noise, free, un coctel que, como era de esperarse, se reveló explosivo. Tercera herida de la noche, mortal.


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