miércoles, 7 de diciembre de 2016

Apocalyptica: Violonchelos pirotécnicos y ejércitos metaleros

Foto: Chino Lemus / Colección Auditorio Nacional




Shadowmaker / 7 de diciembre, 2016 / Función única / 1:50 hrs. de duración / 
Promotor: OCESA Promotora, S.A. de C.V.


Alejandro González Castillo
Cuando la dislocada cadera de Elvis solía llamar la atención de las chicas, las cámaras televisivas optaban por hacer tomas arriba del ombligo del cantante para así evitar que las chamacas alejaran su concentración de la música. Sin embargo, si los camarógrafos eran benevolentes, era posible apreciar el talento de Scotty Moore, quien al lado de Presley inspiró a miles de músicos que, con el paso de los años, harían de la guitarra eléctrica el emblema del rock. Desde entonces, personajes como Chuck Berry, Jimi Hendrix o Kurt Cobain se encargaron de mantener al instrumento de las seis cuerdas en el trono; aunque dicho reinado se tambalearía con la llegada de Apocalyptica, en 1996.
De pronto, empuñar un arco, tomar asiento y abrazar un violonchelo parecía el acto más salvaje que un músico de cabello largo y estoperoles en las muñecas podía llevar a cabo. Extraño era el asunto, pues colgarse una guitarra eléctrica para raspar sus pastillas lucía tan anticuado como el peinado de Mozart. A veinte años de la irrupción de los cuatro violonchelistas en el mercado discográfico, éstos han compartido talento con Max Cavalera, Till Lindemann, Nina Hagen y Metallica; la última, agrupación que les sirvió de inspiración a los de Finlandia y sin la cual no estarían hoy en el Auditorio Nacional. Sin embargo, la compañía que más gozan los oriundos de Helsinki es la de sus fans, quienes esta noche se han uniformado con color de luto para manifestarse como miembros honorarios del ejército metalero azteca.
Cánticos de batalla son entonados por la audiencia mientras miles de puñetazos al aire aclaman el arranque del concierto; considerando lo enardecidos que se encuentran los espectadores podría creerse que un guerrero está a punto de encontrarse con un tigre de bengala sobre el escenario. La realidad es que ni colmillos ni espadas bajo los reflectores hay; a cambio, Eicca Toppinen, Perttu Kivilaakso y Paavo Lötjönen atacan cuerdas mientras Mikko Sirén hace lo  propio con tambores, demostrando todos la resistencia de sus cuellos ante las sacudidas de sus cabezas al tiempo que Franky Perez presume el poder de su garganta, pasando de agudos celestiales a graves tan profundos como un ataúd. 
“Parece que hay unos cuantos fans del metal en casa”, sostiene Toppinen tras ejecutar con precisión quirúrgica “Master of Puppets” y frente a Kivilaakso hacer que su mata de cabello se transforme en aspas de molino. Luego, los vitrales de una catedral gótica tocados por el sol se encargan de apaciguar a los que aplauden, logrando que por algunos compases los músicos ignoren los filtros que a sus pies transforman las cuatro delicadas cuerdas de sus instrumentos en armas afiladas cual cuchillos. Tras la caricia, el brillo metálico vuelve, aunque en forma de espuelas, pues Franky interpreta “El rey” en perfecto español; “aplausos para estos cuatro músicos”, solicita el cantante después de hacerse el charro para así presentar a sus colegas.
 
Foto: Chino Lemus / Colección Auditorio Nacional
Pegándose la mano izquierda a la frente, usando índice y meñique como cuernos, Perez aprovecha para incitar a sus compañeros a ejecutar una especie de mannequin challenge. Petrificado, el quinteto desata la gritería de los testigos que alcanzan a ver al de los antebrazos tatuados improvisando el baile de la “Macarena”. Así, sin solemnidad de por medio, Eicca prepara el adiós avisando socarrón que la hora de “mover el trasero” ha llegado. De manera que no resta más que cumplir la orden y bailar tal como Elvis solía hacer con tal de que las chicas extraviaran la cordura; así, justo como sucedía en la era en que resultaba disparatado pensar que algún día el violonchelo sería capaz de emular a la más pirotécnica de las guitarras.


Sinfonías eléctricas 
En 1965 The Beatles dejaron atrás los amplificadores para acudir a un cuarteto de cuerdas y así darle vida a “Yesterday”. El primer encuentro de los mundos de la música pop y de la llamada música clásica tenía lugar así. Desde entonces, el rock ha echado mano de violines y violonchelos en múltiples ocasiones; álbumes como Days of Future Passed (The Moody Blues, 1967) o Atom Heart Mother (Pink Floyd, 1970) lo constatan. En ese sentido, Concerto for Group and Orchestra (Deep Purple, 1969) podría asomarse como un trabajo definitivo para comprender las ambiciones del metal en cuanto a su relación con una orquesta.
En 1999, Metallica daría un paso definitivo en la historia de la música de los estoperoles al editar S & M, un concierto ofrecido al lado de The San Francisco Symphony donde se repasaron clásicos del grupo como “Master of Puppets”, “Sad But True” o “Enter Sandman” con el apoyo de la batuta de Michael Kamen. Sin embargo, habría que acotar que tres años atrás Apocalyptica ya había enfocado el blanco al lanzar Plays Metallica by Four Cellos, un plato donde el cuarteto de Finlandia se apropia de parte del repertorio de James Hetfield y compañía sin ayuda de guitarra eléctrica alguna. (A.G.C.)


Programa
Reign of Fear / Refuse - Resist / Grace / I’m not Jesus / House of Chains / Master of Puppets / Inquisition Symphony / Bittersweet / Till Death Do us Apart / Hope Vol. 2 / Shadowmaker / Not Strong Enough / Cold Blood / Riot Lights / Last Hope / Seek and Destroy / In the Hall of the Mountain King / Nothing Else Matters / I Don’t Care / One.





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