lunes, 14 de noviembre de 2016

The Deep Blue Sea: El amor desigual




National Theatre Live. Temporada 2016-2017. Proyección digital con subtítulos en español / 13 y 14 de noviembre, 2016 /
 Dos funciones / 2:30 hrs. de duración / Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional – Embajada Británica en México.


Fernando Figueroa
Hester Collyer es una mujer de mediana edad que hace unos cuantos meses abandonó a un respetado juez, su esposo William, para vivir con un hombre más joven, desempleado y alcohólico. Ahora ella intenta suicidarse porque su amor por Freddie no está bien correspondido.
La casera y los vecinos auxilian a Hester (Helen McCrory), quien no murió gracias a que el gas dejó de salir porque ella olvidó poner una moneda extra en la ranura del suministro. La acción se desarrolla en un barrio bajo de Londres, a finales de los cuarenta, cuando las personas tratan de rehacer sus vidas luego de la Segunda Guerra Mundial.
Ya que Freddie (Tom Burke) anda de juerga, un vecino localiza por teléfono al juez William Collyer (Peter Sullivan) y le dice que su aún esposa trató de suicidarse. Él llega muy rápido al departamento y le dice a Hester que aún la ama. Ella lo rechaza.
A partir de esa anécdota, el autor inglés Terence Rattigan (1911-1977) muestra el alma de tres personajes unidos por una palabra que nunca se menciona pero flota en el ambiente: infelicidad.
Cuenta la leyenda que Rattigan fue el dramaturgo mejor pagado en los cincuenta y sesenta, y luego sus obras se representaron poco en Europa y Estados Unidos. Algunas de sus comedias y dramas son: Flare Path (1942), The Winslow Boy (1946), The Browning Version (1948), The Deep Blue Sea (1952), Separate Tables (1954), Men and Boy (1963).
The Deep Blue Sea fue llevada a la pantalla grande en 1955 por el director Anatole Litvak, quien eligió a Vivien Leigh como protagonista. En 2011, Terence Davies dirigió a Rachel Weisz en el mismo papel cinematográfico.
En el montaje para el National Theatre de Londres la dirección corre a cargo de Carrie Cracknell, quien ya había trabajado con Helen McCrory en Medea, con muy buen resultado. En el intermedio, Cracknell comenta que Rattigan era homosexual y se inspiró en su propia vida para escribir The Deep Blue Sea, ya que una de sus parejas realmente se suicidó.
Michael Billington, crítico de The Guardian, comentó que “pocos dramaturgos se han adentrado tanto en el corazón humano como Terence Rattigan”. En el mismo periódico, Susannah Clapp definió a Rattigan como un escritor muy eficaz para plasmar “el amor desigual”.
La puesta en escena de Cracknell es demoledora. La precariedad del departamento donde vive Hester contrasta con la elegante vestimenta de su marido, cuyo Rolls Royce y chofer lo esperan en la calle. Ella está en bata, con el rostro desencajado, y fuma en todo momento.
Cuando Freddie se entera de que su novia intentó suicidarse, decide irse para siempre, pero antes se define a sí mismo como alguien que sólo vive el momento y sí cree en el amor “pero con moderación”. Está tan molesto con ella que le deja un penique para alimentar la máquina del gas.
Hester intenta suicidarse una vez más, pero en ese momento llega un vecino y le dice que, en realidad, la vida no tiene sentido pero vale la pena seguir adelante. Al quedarse sola, entre sollozos, la protagonista prepara pan tostado y un huevo estrellado, que come con resignación. Por lo pronto, vivirá un día más.
La actuación de Helen McCrory es estupenda. Un poco injustamente, Susannah Clapp escribió que la actriz “juega en una liga diferente a la de todos los demás en el escenario”. Tom Burke y Peter Sullivan son muy convincentes como soberano patán y hombre de mundo en desgracia, respectivamente. Incluso Marion Bailey, en su pequeño papel como casera, merece una ovación.
Quien también brilla desde el más allá es Terence Rattigan, con una pluma indeleble que, según los especialistas, está en deuda con Antón Chéjov y Henrik Ibsen.

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