jueves, 10 de noviembre de 2016

Pedropiedra: El lado humano

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional



Ocho / 10 de noviembre, 2016 / Función única / 2:40 hrs. de duración /
 Promotor: Business Development Argo S.A. de C.V. 


David Cortés
Clemente Castillo, cantante de Jumbo, sube de manera muy humilde y, acompañado de su banda, hace un set de calentamiento. No sólo aprovecha para presentar su proyecto en solitario, también pone la temperatura a tono, prepara el lugar para recibir a quien encabeza el cartel.
Cuando Pedropiedra aparece todo está listo. Los fans se muestran ávidos y el compositor chileno no pierde tiempo, ataca de inmediato a la audiencia con esa mezcla de pop rock moldeada a lo largo de cuatro álbumes como solista, misma que condimenta con toques de soul, folk, pequeñísimos destellos de progresivo y hasta algo de ranchera. En él se advierte la continuación de esa tradición que se ha forjado en su país de cantantes-compositores, en donde encontramos a músicos como Jorge González (Los Prisioneros), Álvaro Henríquez (Los Tres) y Gepe, entre otros.
El también guitarrista y pianista es muy dinámico, la mayoría de sus interpretaciones están perladas de movimiento y éste se aletarga un poco cuando se queda solo, con su instrumento de seis cuerdas, y deja que los temas lentos afloren. Sin embargo, la mayor parte de la sesión se inclina a su lado festivo por una descarga de fusiones en donde la energía del rock se mezcla con los acentos del folclore andino o con los tintes de una cumbia sicodélica, “muy villera”, de acuerdo con sus palabras.
Pedropiedra se nota exultante, no sólo porque estar en México le imprime vitalidad a su quehacer, sino porque hoy ha nacido su segundo hijo y “qué mejor que compartir la noticia con ustedes”, dice. Acto seguido le pone velocidad a las canciones y éstas se desgranan una a una. En ellas se advierte el trabajo grupal, porque si bien hay solos, éstos son escasos. El objetivo es sostener la canción, darle robustez, no plagarla de elementos. En ocasiones sobresale un teclado, casi tímido; algunas veces el bajo serpentea y se escucha gordo, grueso; por momentos el quinteto se enzarza en un rockabilly que luego vira hacia la música disco sin mediar transición, pero lejos de escucharse brusca la aleación, Pedropiedra y compañía logran que ésta sea tersa.
 
Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
A todo lo anterior hay que agregar su don de gentes, esa capacidad que tiene para conectarse con fanáticos de todas las edades; entre ellos hay varios niños que celebran canciones como “Mr. Guantecillo” —del programa chileno de televisión 31 minutos— o “Las niñas quieren…”, y que encuentra su clímax en el cierre del concierto cuando la banda entrega “Inteligencia dormida”, con un arreglo urgente, visceral, en donde quien lleva por nombre verdadero Pedro Subercaseaux invita a un pequeño a cantar junto con él. ¿Habrá algún sueño más temprano que hacer un dueto con tu ídolo a los diez años de edad? Tal vez, pero el broche a la presentación de Ocho, su nueva producción, no puede ser más humano.


Programa
Lluvia sobre el mar / Pelusita / La balada de J. González / Las niñas quieren… / Para ti / Al vacío / Luna luna / En esta mansión / Mr. Guantecillo / Rayito-Olita / Sol mayor / Occidental / Pasajero / Ayayayay - Gracias al sol (con Mauricio Durán) / Era tu vida / Todos los días / Vacaciones en el más allá / Eclipse total / Matando el tiempo / Inteligencia dormida.



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