miércoles, 16 de noviembre de 2016

Mario Bautista: Baile, sudor y lágrimas

Foto: Chino Lemus / Colección Auditorio Nacional



Tour Aquí estoy 2016 / 16 de noviembre, 2016 / Función única / 
1:50 hrs. de duración / Promotor: OCESA Promotora S.A. de C.V.


Gustavo Emilio Rosales
Hincado, con los brazos extendidos en posición de vuelo o cruz, de espaldas a una legión de admiradoras que pueden estar rompiendo en este momento algún improbable récord que consistiría en mantener prendida la pantalla de su celular, ondeándola al unísono, Mario Bautista se hace tomar la foto que inmortalizará su sueño convertido en realidad: llegar a la cima de los ídolos juveniles de México. El grito repetido de afirmación —“¡Sí se pudo, sí se pudo!”— que le brindan las miles de chicas que indiscriminadamente él llama “mis novias”, confirma lo anterior.
En manifestaciones populares vigentes del antiguo teatro balinés, el público, que sabe de memoria la historia de los dramas, juzga la eficacia de un actor por la magnitud de transpiración que su desempeño suscita. Dentro de este parámetro, Mario hubiera sido considerado intérprete notable mucho antes de cumplir un tercio de función. Corre, brinca, sube, baja (el escenario ha sido dispuesto en tres distintos niveles), canta, habla, interpela, baila, no cesa de brindar su sonrisa fascinante y el resto de un amplio repertorio de gestualidad sin sombra de mohín; empapa así varios cambios de vestuario (sudor ganado a pulso); de su entrega como organismo espectacular hace derroche.
Literalmente le sigue los pasos un quinteto de bailarines, que traza una digna carta de presentación para los géneros internacionalmente agrupados en el rubro street dance o danza callejera. Dos danzantes varones acuñan el arquetipo actual del joven desgarbado, pero seguro de sí, capaz de transformarse súbitamente en un ciclón de destrezas corporales; y las tres danzarinas poseen singular hermosura. Se trata de un elemento constitutivo de lo que Mario Bautista representa con fortuna: la juventud como un estado de gracia que reúne vigor, beldad, vehemencia y dicha. “Los ángeles existen… ¡Son ustedes, Bautisters!”, enuncia Mario con firmeza, provocando un desenfreno hormonal de proporciones colosales.
La enorme empatía que él logra provocar y sostener con multitudes, a través de un bien calibrado enfoque de simpatía, caudal corporal de bello niño bueno (y, como tal, portador de una significativa dosis de picardía), de la prodigalidad con la que reparte ambiciosas promesas de amor, se encuentra acompañada por una banda musical que brinda amparo a su canto con un desempeño notable y de gran flexibilidad de timbre y tono, que atenuaría —de ser posible una emergencia tal— cualquier imperfección vocal. Un despliegue escenotécnico fastuoso (a escala de figura internacional), que incluye luces robóticas, papel picado y serpentinas que se precipitan sobre el público en gran cantidad, realza los innumerables perfiles positivos de este concierto con pinta de multitudinaria ceremonia de amor.
Mario Bautista, el oficiante de este rito que tiene mucho de iniciación sentimental, provoca en dos ocasiones que la pasión que inunda este recinto crezca a niveles insospechados. La primera vez sucede cuando hace que una chica del público suba a escena y se siente junto a él en una banca de utilería para cantar, con la cabeza en el regazo femenino, el tema “Sálvame”: gritos, tirones de cabellos, rostros enrojecidos, vítores, se multiplican en una escala de catarsis. La segunda se lleva a cabo cuando el joven intérprete se quiebra en un llanto verdadero, a tal punto que debe interrumpir continuas frases de gratitud; el público reconoce la autenticidad de este estremecimiento y corresponde con una ovación de gigantescas proporciones, en la que se funden brincos, sacudimientos, lágrimas, besos al aire, brazos extendidos y demás signos del éxtasis.
 
Foto: Chino Lemus / Colección Auditorio Nacional
Aquí estoy 2016, la gira con la que Mario Bautista promociona su primera grabación discográfica, titulada Sin tu amor, alcanza ahora, aquí, una etapa bisagra: hoy, sin sombra de duda, es un ídolo; el paisaje de amores (no pocos de ellos, primeros amores) entregados con tanta generosidad en esta sesión sella el pacto simbólico con el que las multitudes deciden quién y qué habrán de representarlas en este devenir llamado “vida nacional”. Acaso Mario, al momento de cerrar el concierto al lado de sus papás y sus hermanos, declarando el inestimable valor que tiene la familia, desee en su fuero interno que la edad adulta tarde mucho tiempo en llegar a él.


Un nuevo oficio
● Mario Alberto Bautista Gil (Ciudad de México, 5 de marzo de 1996) sembró fama de manera similar a otros jóvenes que se han convertido en protagonistas de las redes sociales: comenzó jugando con ellas, en ellas, y la acumulación de simpatizantes le fue otorgando la clase de poderes que buscan las disqueras y demás compañías mediáticas. Su abuelo y su tía (la madre de la cantante Fey, su prima) estimularon su encumbramiento dentro del medio del espectáculo. Así, de manera similar a la historia de La Cenicienta (que, según expertos en la materia, debe ser en cualquier caso la narración paradigmática de las telenovelas), Mario pasó de ser un chico modesto, común, a convertirse en un ídolo de masas.
● De líder de las redes sociales (más de ocho millones de seguidores), Mario Bautista se convirtió en cantante. Una ambición que deseba a toda costa cumplir. Bailaba bien desde chico, y su carisma arrollador es irrefutable, pero su familia lo estimuló a tomar clases profesionales de canto, lo que él recuerda como el reto máximo de su incipiente carrera, pues temía que la disciplina fuera progresivamente aniquilando su atractiva espontaneidad. Con el tiempo, se percató que el estudio le otorgaba una fuerza y seguridad que nada le había dado anteriormente, por lo que ahora es proclive a recomendar la preparación sistemática como base fundamental “para hacer realidad cualquier sueño”.
● Así como el oficio de impresor era impensable en tiempos anteriores a Gutenberg, el oficio de influencer resulta inimaginable antes del surgimiento y expansión de las redes sociales. No es lo mismo que el orador o el gurú de los medios tradicionales, quienes buscan motivar a decenas o cientos (cuando mucho a miles): se trata de jóvenes que por medios digitales llegan al instante a millones de personas que han decidido frecuentar sus medios de expresión. El poder de estos comunicadores es ya motivo de encuentros multitudinarios y se dice que aún falta mucho que ver al respecto. Mario Bautista pertenece a una camada reciente de influencers; seguramente le tocará mostrar hasta dónde puede llegar este trabajo tan similar al desarrollo autogestivo del placer. (G.E.R.)


Programa
Ven a bailar / Sin tu amor / Yo por tu amor / Te dedico esta canción / Tú y yo / Sálvame / Llorar / Siempre juntos / Si me das tu corazón / Un mundo nuevo / Aquí estoy / No digas nada / Sin tu amor (bis).


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