sábado, 5 de noviembre de 2016

María Toledo: Una flamenca que se pone ranchera

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional



Magnética / 5 de noviembre, 2016 / Función única / 1:40 hrs. de duración /
 Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio.  


Alejandro González Castillo
Dice que se quedó solita en el balcón. Y mientras se confiesa, desilusionada y melancólica, anda despacio, a paso lento pero firme, decidida, como retando a quienes la escuchan a que atiendan cabalmente su historia, a que comprendan ese desasosiego que doma su calma. Y luego, tras relatar su desafortunada anécdota, se comporta inusitadamente esperanzada; “México, esta noche se cumple uno de mis primeros sueños, uno que desde pequeña anhelé: presentarme aquí. Y como esta vez quiero que pase de todo, espero que vengan con las pilas bien cargadas”.
“Yo vivo a mi manera”, señala María Toledo para así aclarar que sus parámetros de acción no cursan un carril paralelo al que los demás acatan. Porque si bien la española ha llegado acompañada de cuatro palmas y una guitarra cuyo diapasón desconoce el sosiego, tal como los cánones del flamenco indican, la cantante prefiere anclarse al piano con tal de comunicar las dimensiones de su ansia, desbordada todo el tiempo. Además, le indica a sus músicos que recurrir a entramados rítmicos distantes de la tradición flamenca es una obligación; osadía que, lejos de reprobar, los asistentes elogian con aplausos en temas de perfil insensato, como “La loca” y “Te estoy amando locamente”.
Sin embargo, pese a que su afán es innovar, para la del micrófono también resulta determinante homenajear a quienes le otorgaron escuela. En ese sentido, Camarón de la Isla pasa lista como uno de sus más admirados maestros, y un tema como “Rosa María” se advierte imprescindible en la formación de la intérprete. Al son del nacido en Cádiz, Toledo anticipa un momento harto especial en la cita: “ésta es una de las primeras canciones que compuse. La hice para el desamor, pero también para esos cariños que a veces se complican para de pronto resurgir y quedarse toda la vida”. Es así como relata el germen de “Con el tiempo”, una composición que impulsaría el nacimiento de una carrera que, tras siete años de historia, ha arrojado cuatro álbumes: María Toledo, Uñas rojas, Consentido y Magnética (que hoy presenta).
Luego de confesar que se comió un tamal con todo y hojas durante su primera visita a México, la proveniente de La Ciudad Imperial (que lleva en el nombre artístico), abandona el banquillo de su instrumento para contar sus “Alegrías” y así alistar un hasta luego con la inusitada compañía de un mariachi. Es de este modo que la rubia acepta con resignación que su caballo se ha desbocado pues, sostiene, el equino se quedó sin rienda. Sabedora de que pretender amansar al corcel sería inútil, la cantaora profundiza en el cancionero mexicano con “Adoro” y “Se me olvidó otra vez” para así certificar que el encuentro transoceánico que hoy tiene lugar es afortunado. 
 
Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
Así se retira María, en medio de la ovación que provoca una vez que puntualiza que las rancheras y el flamenco, ese par de mundos aparentemente distantes, encuentran en su voz un punto de conciliación encomiable. 


Programa
Solita en mi balcón / Vuelvo a casa / Yo vivo a mi manera / Todo es de color / Rosa María / Con el tiempo / Alegrías / Enamorao / Vengo del moro / Te estoy amando locamente / Adoro / Se me olvidó otra vez / Vámonos / Te solté la rienda.



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