sábado, 12 de noviembre de 2016

Juan Cirerol: Corridos intoxicados para la madrugada

Foto: Sergio Bautista / Colección Auditorio Nacional



En los días de música triste / 12 de noviembre, 2016 / Función única / 
2:00 hrs. de duración / Promotor: Business Development Argo S.A de C.V.


Alejandro González Castillo
Suele decirse que el rock, más allá de tratarse de un género musical, es un estilo de vida; epígrafe que alcanza en la figura y obra de Juan Cirerol un grado de certificación contundente. Porque si bien el compositor pasó una parte de su adolescencia haciendo música en un combo de perfil punk, serían los legados de Chalino Sánchez, Ramón Ayala y Cornelio Reyna los que definiría los alcances de su cancionero, uno donde el rigor estético de la música norteña se topa con el espíritu áspero del rock a lo largo de cinco álbumes: Nomás sirvo pa’ cantar, Ofrenda al Mictlán, Haciendo leña, Cachanilla y flor de azar y Todo fine.
Corridos intoxicados son los que Juan entona acompañado de su guitarra —o docerola, como él mismo prefiere llamarla debido a la docena de cuerdas que su diapasón cruza—, odas al desenfreno de madrugada, a la juerga interminable propulsada por la mezcla de anfetaminas y cerveza que, el propio autor ha señalado, no son producto de la imaginación, sino historias experimentadas en carne propia cuyas consecuencias lo llevaron a aflojar la presión del acelerador y, ya con la sobriedad como aliada, presentar esta noche un EP: En los días de música triste. 
Dos calaveras automotrices ocupan las cavidades orbitarias del cráneo que, con el nombre del nacido en Mexicali cincelado en la frente, mantiene la mandíbula quieta justo a espaldas de Cirerol, quien ha llegado al Lunario preparado para formar parte lo mismo de un trío que de un sexteto, presto para emparejar su armónica con un acordeón y un contrabajo eléctrico. Además, con esa voz forjada entre mesas de taquerías y cantinas, el hombre se asoma listo para sostener que su “Vida de perro”, andando a pata suelta por Tijuana, Guaymas y la CDMX, lo ha provisto del temple necesario para ausentarse de sí mismo y finalmente encontrar ese sitio tranquilo “en donde el tiempo se convierte en viento”. 
 
Foto: Sergio Bautista / Colección Auditorio Nacional
Sin embargo, pese a que la compañía instrumental dota su temario de un brío que la audiencia vitorea, es cuando el cantautor se queda a solas que sus mejores cualidades se acrecientan. Usando el brazo de su instrumento como un rifle, disparando hacia los reflectores mientras el entramado verbal de “La chola” reta a las lenguas de los oyentes a replicar rimas, el de la armónica confiesa, a punto de despedirse, que esta noche se encuentra nervioso. Al decir esto, el músico luce tímido, casi abrumado ante la reacción del público que le exige quedarse. Pareciera que fue otro quien articuló los versos de temas como “Toque y rol”, “La banqueta” o “Metanfeta”; la última, el punto final de la sesión, el testimonio vivo de que el término rock rebasa conceptos musicales y que en Cirerol localiza un sitio ideal para mantenerse vivito y coleando, aunque algunos se empeñen en proclamar su muerte. 


Programa
Algo que tenemos en común / I Love You / La muchacha de las tierras lejanas / La florecilla / Eres pura sensualidad / Se vale soñar / Eso es correcto señor (yo vengo de Mexicali) / Corrido chicalor / 4 de mayo / Dicen que no estoy despierto / En los días de música triste / Trucha porque no hay tiempo / La banqueta / Sí, sí / La chola / Toque y rol / Vida de perro / Noches de prisa / Corrido de Roberto / Piso de piedra / Crema dulce / Rostros vendidos / El perro / Clonazepam blues / Hey soledad / Eres tan cruel / Metanfeta.



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