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viernes, 25 de noviembre de 2016

Carlos Macías: Verbo mata carita

Foto: Carlos Alvar / Colección Auditorio Nacional



Mi música / 25 de noviembre, 2016 / Función única / 2:00 hrs. de duración / 
Promotor: Macimusic Entretenimiento S. de R.L. de C.V.


Julio Alejandro Quijano
Playeras de Ricky Martin. Llaveros de Ricky Martin. Tazas, vasos, discos, chamarras... todo es de Ricky Martin en las afueras del Auditorio Nacional, donde el boricua presenta su show. En cambio, nada hay de Carlos Macías, que también da concierto, pero en el Lunario, a unos cuantos metros de distancia.
El propio Macías lo acepta con humor y sin envidia: “Sí, claro, ya sabemos que los guapos siguen gobernando al mundo, si no, yo estaría en el Auditorio y Ricky Martin aquí”. Entonces, los souvenirs tendrían la imagen del chiapaneco.
El sarcasmo es la clave de su espectáculo y lo dispara a la menor provocación cuando platica con el público. Genera muchas risas ya que, además de las bromas entre las canciones, esa dosis de irreverencia también está presente en las letras de su nuevo disco, Mi música, que hoy presenta. Así que el ambiente es bohemio y romántico, pero también de “echar relajo”.
“Después hablamos”, por ejemplo, es la perorata del típico hombre que le pide a su amada no estresarse cuando él cometa errores o los negocios no vayan bien. En suma, conflictos cotidianos convertidos en una peculiar declaración romántica: “No eches a perder este momento, después hablamos”.
Este tono sincero y crudo le sirve para hilar confesiones privadas porque, bien lo sabe, la ironía empieza por uno mismo: “Es importante que cuando un caballero se equivoque y les pida tiempo, ustedes se lo den. Lo digo por experiencia, porque yo soy un experto en regarla. Y un día de tanto regarla, una mujer no me hizo caso cuando le dije ‘después hablamos’… Y me dejó. Eso me pasó por andar de cábula. Pero, ¿qué quieren? Si no ando de cábula, no escribo canciones”.
La mayor parte de Mi música tiene ese tono de humor en las letras, además de un sello indescriptible en los arreglos, incluso para el propio Macías: “Cuando me imaginé este disco, iba con mis amigos y les decía: ‘quiero que suene con unas guitarras así como…’. Y nadie me entendía. No podía explicarlo”. Entre quienes hoy lo escuchan, es evidente que el resultado, si no se puede explicar con palabras, toca fibras que hacen llorar a algunos y suspirar a todos.
“Olvídame” le permite contar otra anécdota del disco. Cuando lo terminó de grabar, al primero que se lo mostró fue a don Armando Manzanero. Se lo llevó a su oficina, lo escucharon y le dijo que estaba “buenísmo”, que le encantaba. Hasta una majadería le soltó para mostrar su entusiasmo.
“Me fui a casa y en el camino me llama el maestro Manzanero. Me dice: ‘vengo oyendo tu disco, está sensacional, pero hay una canción que está genial, está…’”. Y dijo otra grosería. “¿Cuál, maestro?”, preguntó Macías. “La de ‘Olvídame’. Y más me gusta porque estoy pasando por un momento igual”. Entonces es Carlos quien suelta la exclamación porque la letra habla de un triángulo amoroso en el que un hombre le pide a la mujer que lo olvide. Le parece entonces que Manzanero, “a sus ochenta y un años, estaba presumiendo y exagerando”.
Foto: Carlos Alvar / Colección Auditorio Nacional
En el clímax de la intimidad, Macías se quita los zapatos para la última parte del espectáculo. Tiene a Mario Santos como invitado al piano. A decenas de mujeres que se acercan, rendidas ante su talento, Macías les reparte rosas blancas. Demuestra así que no hace falta ser tan guapo como Ricky Martin.


Programa
Mi corazón jamás / Es un milagro / Esta vez / Besos rotos / Ámame / Ella / Como vida nueva / Después hablamos / Me vale madres / Yo me quedo contigo / Con esa boquita / Cuando me besas / Yo te pienso / Basta / Ella / Tu perfume / Olvídame / Tu olvido / Mil vidas / Tu mirar / Olvidarte jamás / Divina tú / No soy tu dueño.



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