sábado, 8 de octubre de 2016

Tristán e Isolda: La infinita noche cósmica



Transmisión de ópera en vivo desde el Met de Nueva York, en pantalla gigante de alta definición. Temporada 2016-2017
8 de octubre, 2016 / Función única / 5:10 hrs. de duración / Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional.

Fernando Figueroa
Minutos antes de que suene la primera nota, Peter Gelb, gerente general del Met de Nueva York, le dice a la presentadora Deborah Voigt que la casa de ópera cumple cincuenta años en el Lincoln Center (antes estuvo en Broadway), y hoy se efectúa la transmisión número cien del programa Live in HD. Por eso, añade, “quisimos empezar la temporada 2016-2017 con algo espectacular, un big bang”.
La expectación es mayúscula en la Ciudad de México porque en la tradicional charla introductoria, en el Lunario, el maestro Sergio Vela ya convenció a todos sus escuchas de que Tristán e Isolda es una de las óperas más importantes e influyentes en la historia de la humanidad, tanto por su perfección formal como por la complejidad musical.
A todo lo anterior hay que agregar los mitos urbanos en torno al compositor Richard Wagner y, en particular, acerca de las dificultades que impone la partitura a instrumentistas y cantantes. Baste decir que la Ópera de Viena declaró en su momento “irrepresentable” a esta obra maestra; y el primer Tristán, Ludwig Schnorr von Carolsfeld, falleció pocos meses después del estreno. Wagner se sintió culpable y escribió: “¡Mi Tristán, mi amado, te conduje al abismo!”, según consigna Micaela Baranello en The New York Times.
La nueva producción de Mariusz Treliński sobrepasa cualquier anhelo del espectador. Escénicamente lo sumerge en un océano turbulento, donde el barco en el que se desarrolla la historia se percibe tan frágil como la psique de los personajes principales.
El elenco se sustenta en dos pilares del canto operístico contemporáneo: Nina Stemme (soprano) y René Pape (bajo), cuya presencia escénica, calidad de voces y profundidad en la interpretación resultan insuperables como Isolda y Marke; se trata de dos monstruos sagrados que arropan el muy digno trabajo de Stuart Skelton, el Tristán que sale airoso de una de las más difíciles pruebas para un tenor dramático.
La superficie del argumento de Tristán e Isolda es muy simple, aunque de gran hondura sicológica. Tristán ha matado en Irlanda a Morold, prometido de Isolda, y capitanea el barco donde ella viaja rumbo a Cornwall, donde se casará a la fuerza con el rey Marke. En el camino, Isolda confiesa a su doncella Brangania (Ekaterina Gubanova) que aunque curó a Tristán después del combate con Morold, aún desea matarlo para cobrar venganza.
Brangania intuye que su ama desea a Tristán y, por eso, en vez de preparar una poción de muerte la cambia por una de amor que causa estragos en la pareja. Ambos pierden la cordura y entran a una frenética carrera rumbo al amor eterno en la “infinita noche cósmica”. Buscan la muerte porque es el único sitio donde no existen las eventualidades de la existencia.
Tal como lo señala Nina Stemme en las entrevistas de los intermedios, Tristán e Isolda niegan su amor durante el primer acto, pero la música dice lo contrario desde el preludio. En la segunda parte, los duetos de Stemme y Skelton electrizan el ambiente, y el acto final pone a prueba al agonizante Tristán en un desgastante circunloquio que termina con su fallecimiento. Isolda llega tarde y sólo le queda reunirse con su amado en el más allá.
Según la revista The New Yorker, la orquesta del Met, “bajo el mando feroz de Simon Rattle, a millas de distancia de la frondosidad de (James) Levine, es una anaconda acústica que aprieta a los personajes hasta que la última pizca de verdad es escuchada”.
Stemme y Skelton regresan de la muerte para recibir estruendosas ovaciones junto a sus colegas; las palmas se escuchan tanto en el Lincoln Center como en el Auditorio Nacional. Simon Rattle, en representación de la orquesta, se suma al elenco y recibe otra andanada de aplausos. En el foso, los instrumentistas saben que acaban de interpretar “la más bella música jamás escrita”, tal como apunta José Octavio Sosa en el programa.

De Múnich a Nueva York
Tristán e Isolda se estrenó el 10 de junio de 1865 en el Teatro de la Corte, de Múnich, Alemania. Como en todas sus óperas, Wagner escribió el libreto. El estreno en México se produjo el 12 de junio de 1945, en el Palacio de Bellas Artes.
• El argumento está basado en los versos de Tristán, de Gottfried von Strassburg, poeta alemán de la Edad Media. El espíritu metafísico de la ópera está inspirado en El mundo como voluntad y representación, de Arthur Schopenhauer.
• En las entrevistas de los intermedios, el director Simon Rattle comentó que a la orquesta del Met le llevó apenas quince minutos entender todos los movimientos de su batuta. 
• Con ironía, Stuart Skelton señala que las partes más difíciles del papel de Tristán son los actos uno, dos y tres; es decir, todo.
• También con buen humor, René Pape afirma que desde hace veinte años canta con frecuencia el papel de Marke, “y sigo sin conseguir a Isolda”.
• Se proyectó un video para conmemorar los cincuenta años del Met en el Lincoln Center. El primer montaje fue Antony and Cleopatra, con música de Samuel Barber y libreto en inglés de Franco Zeffirelli, quien también fue el director de escena. La producción fue fastuosa —con una gran pirámide, bailarines, camellos y cabras—, pero plagada de fallas técnicas. (F.F.)

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.