lunes, 17 de octubre de 2016

Thalía: Sangre, sudor y cama

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional




Latina Love Tour / 17 y 18 de octubre, 2016 / Dos funciones / 
2:05 hrs. de duración / Promotor: OCESA Promotora S.A. de C.V.


Julio Alejandro Quijano
Thalía incita a sus diez mil “amores”: grita, alborota su cabello y gime. Pero el nivel de excitación todavía no la satisface. Entonces les pregunta: “¿Cómo gritan en la cama?”. Porque lo que ella quiere no es un amor a medias sino un Auditorio Nacional en éxtasis. Así que aunque la respuesta a su interrogante es un griterío que escandalizaría a los defensores del pudor y el recato, a ella aún le parece poco. 
Desde los primeros sudores es evidente que esta sensualidad compartida no es teatral y que entre Thalía y sus fans sólo hay una regla: satisfacción mutua. En el primer bloque del concierto, la cantante demuestra la misma energía de aquel pop juvenil con el que empezó su carrera de solista: nueve temas hilados en los que apenas se da tiempo para agarrar aire y que le exigen combinar esas coreografías aeróbicas de los noventa con complicados fraseos vocales. 
Es natural que su cuerpo se empape. Y también que pregunte si alguien, de entre los diez mil que la escuchan (y que igual que ella se prometieron “Un pacto entre los dos”) quiere subir a secarle el sudor. Quienes no la conocen piensan que es una frase de cortesía, una broma para simular intimidad. Quienes la conocen se acercan al proscenio, alzan la mano y gritan “¡yo, Thalía, yo!”. No pueden ser todos, pero sí hay un elegido que sube y, con la delicadeza que merece un ídolo, le pasa primero una pañoleta por el rostro, luego por los hombros y termina hasta un poco más abajo del cuello, mientras la ex Timbiriche se deja tocar. Es apenas el primer gesto sensual de la noche. 
El segundo es aún más intenso. Thalía misma lo anuncia: “Ya saben que después del amor…”. Hace una pausa para escuchar posibles respuestas, que van desde el romanticismo (“viene más amor”) hasta el cinismo (“vienen los hijos”), pero la respuesta correcta la dice ella, “después del amor viene la calentura”.
Toma su guitarra (la que aprendió a tocar gracias a su productor Armando Ávila) y pregunta: “¿Qué tan prendidos son en la intimidad?”. 
Unos gritan, otros gimen y hay quienes aúllan. No es suficiente. “¿Cómo gritan en la cama?”, insiste. Gritan más fuerte, gimen con más ímpetu y aúllan hasta desgañitarse. No está satisfecha. “¿Así gritan? ¡Qué poquito! A menos que les guste ser dominados en la cama… ¿eso les gusta? Porque también está bien que los dominen”.
La provocación surte efecto. El Auditorio Nacional comienza su éxtasis mientras Thalía rasga las cuerdas de la guitarra. A cada alarido responde con un guitarrazo. Luego viene un gemido colectivo al que ella se une mientras alborota su cabello, siempre con el instrumento musical de por medio. Terminan exhaustos, pero todavía no satisfechos. 
Porque no todo es sensualidad entre la artista y su público. También hay complicidad. “Es importante que de vez en cuando regresemos a aquella época en que nada era complicado, todo era fácil, no había amores difíciles”, les explica antes de “¿Qué será de ti?”. No se refiere a viajar al pasado ni de ser pueriles otra vez sino de encontrarse a sí mismos y no dejarse llevar a la tragedia por un rompimiento amoroso. “Descubramos lo gigantes que somos, regresemos a ese ser interno que nos hace poderosos para decirle a esa persona ‘no me importa qué será de ti’”. Otra vez hay locura.
Como la hay también cuando recuerdan su historia común (ella como protagonista y ellos como espectadores), marcada por las “Marías” de las telenovelas. Aquí nadie niega sus orígenes y los temas de María la del barrio y Marimar se convierten en la demostración de que en este lugar todos somos Thalía.
 
Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
Pero todavía no llega el clímax. Falta que ella se lance sobre sus “amores”, que se deje caer de espaldas para que la hagan navegar con los brazos en alto y con las manos como olas que la mecen, que llevan el ritmo de su cintura de arriba hacia abajo mientras repiten, como mantra sensual, “arrasando, arrasando, arrasando”. Es entonces que se miran y se dicen que sí, que están satisfechos, que es suficiente con lo que han cantado y bailado esta noche.


Fans de colores
Son como lunares cromáticos en el foro. En la parte derecha de la butaquería del primer piso está el verdeamarela: son unos cien fans brasileños que se organizaron para viajar a México. Con playeras de los colores representativos de su país, se organizan para armar porras en portugués, las cuales vitorean antes de entrar al concierto.
En las primeras filas del lado izquierdo están los venezolanos, que se visten de vino tinto. Son menos, pero notoriamente más gritones. Y al centro del primer piso, los argentinos que ondean orgullosos su bandera y portan playeras con la imagen de la cantante. 
Su entusiasmo no termina en el Auditorio Nacional, se desborda al día siguiente en las calles aledañas al hotel en donde se hospeda Thalía. Desde la banqueta le cantan, le gritan y le organizan porras. 
Es la demostración de que la ciudad de Los Ángeles tenía razón cuando, hace dos décadas, instauró el Día Internacional de Thalía cada 25 de abril. Porque además de los que vinieron esta vez a México, también hay fans de ella en Chile, Colombia, España, Estados Unidos, Grecia, Rumania… (J.A.Q.)

Programa
Love / Un pacto entre los dos / Amándote / En la intimidad / Fuego cruzado / Sangre / Pienso en ti / Amarillo azul / Gracias a Dios / Insensible / Amore mío / Más / Por lo que reste de vida / ¿Qué será de ti? / Equivocada / Habítame siempre / Pena negra / Enemigos / La movidita / Todavía te quiero / De ti / Rosalinda / Marimar / María la del Barrio / Frutas / Entre el mar y una estrella / Tiki tiki ta / Tú y yo / No me enseñaste / Seducción / Piel morena / Amor a la mexicana / Desde esta noche / ¿A quién le importa? / Arrasando.


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