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jueves, 13 de octubre de 2016

Junior Boys: La importancia de las influencias


Foto: Sergio Bautista / Colección Auditorio Nacional

13 de octubre, 2016 / Función única / 1:35 hrs. de duración / 
Promotor: Alejandro de la Cuesta.

Alejandro González Castillo
La historia del canadiense Jeremy Greenspan ha estado relacionada con la música desde que era adolescente y vivía en Birminghan, Inglaterra, pues laboraba en un estudio de grabación donde aprendió muchos de los trucos que en el futuro usaría, mientras cursaba la universidad en Ontario, al lado de Johnny Dark, con quien en 2001 dio a conocer su música vía Internet gracias al sitio Hyperdub.
En aquella época todo indicaba que lo mejor estaba por venir; sin embargo, Dark decidió abandonar el proyecto para que su lugar fuese ocupado por Matt Didemus, quien al lado de Jeremy finalmente pondría a la venta el álbum debut de Junior Boys, en 2004, el cual aloja una de las canciones más celebradas en esta sesión: “Birthday”.
Recién desempacados de San Diego, hoy Greenspan y Didemus recuerdan su sorpresa al notar que una buena parte de la audiencia en Estados Unidos estuvo integrada por mexicanos, de modo que no les extraña del todo el recibimiento que tienen en el Lunario, perdidos entre sintetizadores, cables, perillas, laptops y tabletas. En ese sentido, considerando el instrumental que frente a ellos se tiende, es posible hacerse una idea de cuáles son los cimientos sonoros que construyen el baile de la noche. Orchestral Manoeuvres in the Dark y John Foxx bien podrían jugar un rol fundamental; sin embargo, el propio Jeremy ha revelado que su bagaje va más allá de las referencias obvias, y al hacerlo menciona a Steely Dan y Neil Young. ¿Qué tiene qué ver la mencionada pareja con la hoy denominada música electrónica, justo la que esta vez centenas de cuerpos celebran con los brazos al aire?
La respuesta la tiene el propio Greenspan al apuntar que de su paisano aprendió la descarnada honestidad al momento de escribir las letras de sus composiciones, y que de los neoyorquinos comprendió la importancia de la precisión y la complejidad a la hora de hacer arreglos. Con estos fundamentos, se descubre que en los cinco álbumes que el también guitarrista ha editado (Last Exit, So This Is Goodbye, Begone Dull Care, It’s All True y Big Black Coat) hay algo más que el anhelo implícito de atascar las pistas de baile; el plan es que los detalles —esos loops que hoy dispara la guitarra a discreción, las palmas y diversas percusiones virtuales que acentúan coros y versos— se integren eficientemente a las potentes bases rítmicas que sostienen las vívidas historias que el de la barba rubia susurra. 
 
Foto: Sergio Bautista / Colección Auditorio Nacional
Es en un tema como “Yes” que el dúo presume cuánto admira la pericia del grupo liderado por Becker y Fagen, postergando el final de la composición hasta donde le es posible para finalmente coquetear con el rock en la canción que le da título a su más reciente disco. E intenta despedirse así la pareja, pero un regreso a los reflectores se antoja obligatorio, uno donde se emulen espasmos robóticos con un clic como detonante. Entonces “Banana Ripple” hace lo propio al tiempo que los presentes cierran los ojos dando giros, distantes de las influencias de quienes los ponen a bailar y, en cambio, preguntándose cuánto faltará para que el encuentro de hoy se repita.

Programa
Kiss Me All Night / So This Is Goodbye / Double Shadow / Over It / Birthday / Parallel Lines / Love Is a Fire / In the Morning / Yes / Big Black Coat / Under the Sun / Banana Ripple. 



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