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viernes, 14 de octubre de 2016

Fito Páez: La cercana distancia

Foto: Carlos Alvar / Colección Auditorio Nacional


Solo al piano / 14 de octubre, 2016 / Función única / 1:30 hrs. de duración /
 Promotor: Operadora de Centros de Espectáculos S.A. de C.V.

Alejandro González Castillo
Para muchos, las vallas que suelen resguardar un escenario durante los conciertos resultan un muro enojoso que los separa del artista que les arranca aplausos. Afortunadamente, esta noche, a pesar de que todos los protocolos de seguridad han sido acatados, pareciera que entre la audiencia y quien al piano canta no existiera franja alguna. ¿Será que basta con estirar el brazo para tocarle el hombro al que entona y pulsa?, ¿al sujeto de barba cana que hoy dice preferir los besos, las miradas y los polvos en lugar de las palabras?
Insólitamente cercano luce Fito Páez, alguien que, vaya que sí, sabe de brechas físicas. Porque el hombre ha convocado a miles en estadios de diversos países a lo largo de más de tres décadas, así que entiende que la multitud suele compactarse en las gradas para extraviar el rostro y transformarse en un ente indefinible; hoy, en el Lunario, nada de eso sucede. El músico podría inspeccionar el semblante de cada asistente si así lo deseara, medir arrugas y sonrisas; sin embargo, las teclas blancas y negras que frente a él se tienden absorben toda su atención. “Esto es importante y delirante. Primera vez en México que me presento a solas con el piano. Así que creo que la vamos a pasar bien”, dice emocionado el de Rosario.
El cancionero del argentino está calado. Garantía trae de fábrica. ¿O alguno de los presentes podría sentirse defraudado al escuchar cómo deben repartirse las cartas de la vida con “Dar es dar”?, ¿alguien alzaría la mano si de reprocharle ausencia de sentimiento a la ejecución de “Tumbas de la gloria” se tratara?, ¿existirá quien se moleste por esa interpretación a capela —“Al lado del camino” y bien lejos del micrófono— de “Vengo a ofrecer mi corazón”? Además, la condición que impera, la posibilidad de encontrarse carentes de adornos composiciones que regularmente se atavían con esmero (“Mariposa tecknicolor”, como ejemplo), además de subrayar las rimas de cada tema, de permitir que el verbo sobresalga, permite reconocer que el temario que hoy se desgrana cuenta con las riquezas melódica y armónica como para salir bien librado, más allá de onerosas dotaciones instrumentales.
 
Foto: Carlos Alvar / Colección Auditorio Nacional
Apenas cita a Babasónicos, Atahualpa Yupanqui, Charly García, The Beatles y, con especial atención, a Bob Dylan —“un artista que al día de hoy nos sigue emocionando y mostrando dónde estamos y vivimos”—, las luces del foro se encienden. Entonces es posible notar que, efectivamente, Fito estaba más lejos de lo que parecía; más cerca de lo común, sí, pero no lo suficiente para un fan. Se aclara entonces que ninguna mano pudo darle una palmada al sudamericano, pero ahí queda la sensación de haberlo conseguido. Y también la de haber recibido a cambio el abrazo cómplice de Páez, el tipo que llenó de canciones ese aparato arcano y dador de felicidad que los que hoy abandonan el foro conocieron bien: el walkman.

Programa
Dar es dar / 11 y 6 / Yo vengo a ofrecer mi corazón / Al lado del camino / Ring Them Bells / Tiempo al tiempo / Los ejes de mi carreta / Detrás del muro de los lamentos / Vos también estabas verde / Desarma y sangra / Tumbas de la gloria / Un vestido y un amor / Gracias a la vida / Brillantes sobre el mic / Mariposa tecknicolor / Viejo mundo - Y dale alegría a mi corazón (con Raúl y Walter de Los Tipitos). 


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