domingo, 11 de septiembre de 2016

Napoleón: Sobreviviente del romanticismo



Vive / 11 de septiembre, 2016 / Función única / 2:20 hrs. de duración / 
Promotor: Universal Music S.A. de C.V.

David Cortés
Representante de una generación de grandes intérpretes y compositores, José María Napoleón lleva consigo varias cualidades que lo distinguen. La primera es la elegancia que hoy se manifiesta en su atuendo: sobrio, cuidado, pulcro, una característica extensiva a los músicos y que también habla de su modestia. Todos, sin excepción, visten de negro. La posibilidad de sobresalir, de llamar la atención más de lo necesario, se corta desde el principio.

La segunda, es su voz. Ha pasado el tiempo y ésta aún se escucha robusta, sin fisuras, sólida e intensa. Por lo menos al momento de cantar, porque a la hora de las evocaciones sí se resquebraja. Esta tarde los recuerdos y memorias abundan, en especial cuando evoca al recién fallecido Juan Gabriel: “Hace algunos años compartí el escenario con él, hicimos un dueto y cuando terminamos la gente gritaba ‘otra, otra’. Claro, dije, ahora les va a cantar una más. Me miró y me comentó que querían otra interpretación, pero mía. Él, como Joan Sebastian, ha dejado una profunda huella en nosotros… pasarán muchos años y nunca los olvidaremos”.

Sin embargo, el principal tesoro que tiene a su favor Napoleón, además de su garganta, es su don de gentes. Poco a poco envuelve a los asistentes en otro tiempo y el concierto adquiere un timing reposado. Mediante bromas, anécdotas, dichos y frecuentes agradecimientos, crea una atmósfera cálida, muy íntima. De pronto la barrera entre público y showman se rompe; el lugar se reduce y se tiene la sensación de estar en un centro nocturno, sentado en una mesa y a unos metros de él; o mejor, en la sala de la casa. 
Las pausas, que en otro momento serían largas, las torna a su favor y no importa que ya haya contado en otra ocasión la historia del hombre que le escribió una carta y le pidió una casa, y cómo él usó ese papel para componer “Hombre” en el trayecto de un autobús de Aguascalientes a la Ciudad de México, porque sin duda tiene de su lado el don de la palabra.
Cuenta también que hace unos meses, al terminar su presentación en el Auditorio Nacional, le invadió una sensación de alivio porque todo había salido bien. “Entonces, aquí, justo atrás, al lado, donde hay una virgen, pensaba que era muy afortunado; pero se me acercó alguien y me dijo que habría una fecha más. Pensé: ‘Pero por qué, por qué otra, eso me pasa por no haber estudiado’”.
En esos instantes de afabilidad, lo mismo narra cómo su padre le regaló un cuaderno con sus poemas, que pide a su pianista lo acompañe mientras hace una lúdica oda al moco, para luego ponerse un poco más solemne y afirmar que “las canciones son comprometedoras, hay que ser responsable con lo que uno dice” y cantar “Pajarillo”.
También hay lugar para el recuerdo de otro de sus contemporáneos: José José. Lo homenajea con un popurrí y deja que su grupo de acompañamiento muestre arreglos modernos para canciones a las que el tiempo ha respetado. Es una sesión de clásicos porque al momento de hacer un recuento histórico, las canciones de Napoleón son de aquellas que se inscriben en la memoria, hablan directamente con uno, le muestran ángulos distintos de asuntos cotidianos y lo hacen sin necesidad de violentar el lenguaje, porque si algo deja muy claro el cantante durante toda su presentación, es que el español es un lenguaje maleable, flexible, y que no es necesario recurrir a palabras hirientes ni altisonantes para comunicar.
Eso, las canciones, la modestia, la humildad, llevan al público a tributarle una gran ovación de pie a quien si bien ha luchado en diferentes momentos por contener la emoción, ahora no lo consigue y por sus ojos resbalan un par de lágrimas, que son mudo vocero de los sentimientos que brotan de manera arrebatada, justo minutos antes de entonar uno de sus más sonados éxitos, “Vive”, que sirve de cierre a una jornada en donde su cometido principal fue “que todos estemos a gusto”.

Una larga amistad
El tiempo suele ocultar que José María Napoléon (El poeta de la canción), Juan Gabriel (El divo de Juárez) y José José (El príncipe de la canción), además de compartir escenarios ocasionalmente, eran amigos. El primero debutó en 1970 con un álbum homónimo que más tarde se conoció como El grillo; el segundo editó su disco debut un año después bajo el título de El alma joven; y el último hizo lo mismo con Cuidado, en 1969, aunque fue un año más tarde cuando conoció el éxito con La nave del olvido.
Los tres coinciden discográficamente en 1978 cuando José José graba su decimotercera producción, Lo pasado, pasado para el cual Napoleón escribió “Lo que no fue, no será”; Juan Gabriel, por su parte, le dio los temas “Ahora no” y el que da el título al disco. Sus caminos comenzaron casi al mismo tiempo y luego se bifurcaron, pero la conexión entre ellos se mantiene y Napoleón constantemente lo recuerda, tanto que canciones que ellos popularizaran han pasado a formar parte de su repertorio, especialmente en los últimos años. (D.C.)

Programa
Intro / Popurrí: Ella se llamaba Martha – Eres - Nunca cambies / Amor de habitación / Deja / Después de tanto / De vez en vez / Celos / Leña verde / Hijo mío / Acéptame como soy / Quién eres tú / Hombre (con José María Napoleón Jr.) / 30 años / Pajarillo / El grillo / Canción del molino rojo / Corazón, corazón / Tu primera vez / Popurrí de José José: Lo que no fue no será - Mientras llueve - Y para qué / Sin tu amor / Vive.

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