jueves, 8 de septiembre de 2016

Alejandro Fernández: Al pop de los magueyales



Confidencias World Tour / 8, 9 y 10 de septiembre, 2016 / Tres funciones / 
2:20 hrs. de duración / Promotor: OCESA Promotora, S.A. de C.V.

Alejandro González Castillo
La mayoría de las mujeres que hoy han venido al Auditorio Nacional se calzaron sus tacones más altos y enfundaron sus vestidos más entallados; además, presumen un peinado y un delineado de ojos y labios acorde con su sofisticada indumentaria. Vaya, que las féminas evidentemente se han preparado frente al espejo para lucir deslumbrantes durante un reencuentro tan especial. “Hace tres años comenzamos la gira de Confidencias aquí mismo y hoy nos vemos nuevamente, en este lugar fabuloso, para el cierre”, comenta Alejandro Fernández cuando escapa de las penumbras para sonreír, entre gallardo y arrogante, ante el público.
Cuando las pantallas del recinto se activan y el cantante anuncia que recordará a Joan Sebastian con “Estuve”, es posible descubrir a qué obedece la fina facha del sector femenino. Con el cabello relamido y la camisa entreabierta tras las solapas del saco, dejando ver los trazos de un tatuaje indescifrable, Fernández recibe orondo la aguda ovación de bienvenida. Sabe que basta con tronar los dedos para desatar el griterío, la tanda de porras que la audiencia arrojará con la esperanza de que el adulado le dedique una mirada y entonces el esfuerzo a la hora de acicalarse se vea recompensado. Pero el jalisciense contiene su encanto. Entiende que no puede coquetear con descaro a tan temprana hora.
Sin embargo, el temario sí que resulta atrevido. Con títulos como “Hoy tengo ganas de ti” y “Sueño contigo”, el intérprete ofrece reverencias a los que le aplauden. De pronto dirige una sonrisa discreta a sus músicos o asiente serio ante sus coristas, pero lo que la fanaticada ansía es mucho más que eso. Son las congas de “Canta corazón” las que finalmente consiguen que El Potrillo se dirija a la orilla del escenario, acompañado de trombón, trompeta y saxofón, para estrechar las manos de un grupo de chicas que extravía la compostura con tal de ganarse un apretón de manos. “Ya entramos en calorcito, vamos a desnudarnos, ¿qué les parece?”, propone entonces el de Guadalajara, a sabiendas de que el único que va a deshacerse de la ropa es el corazón. 
Así, tras hurtar alientos con “Si tú supieras”, violines y trompetas sustituyen a guitarras eléctricas y sintetizadores gracias a la llegada del mariachi. Desafortunadamente para las damas, son los caballeros los destinatarios del mensaje del flamante charro, quien arriba con la idea de cometer un asesinato, usando la punta del afecto más empalagoso como arma. “Mátalas con una sobredosis de ternura, asfíxialas con besos y dulzuras, contágialas de todas tus locuras”, ordena el del micrófono, abandonando así las alturas de la “Nube viajera” del pop para hurgar en las raíces del llano de provincia, el sitio donde, él mismo solicita, debe sepultársele: “Que me entierren en la sierra, al pie de los magueyales”.
¿Y las mujeres? Pregunta al fin Alejandro, como si jamás se hubiera percatado de su elegante presencia. Y claro, todas saltan de su asiento para escuchar al cantor declarase irrestricto amante de la silueta femenina y, ya como despedida, ofrecer un candente baile, sin “Tantita pena” de por medio, antes de homenajear a Juan Gabriel y anunciarse bendecido. “Gracias a Dios por esta espectacular noche, por permitirme estar arriba de este escenario. Pero también gracias a ustedes, todas mis confidentes, por hacer esta cita mágica”. Se anuncian nuevas fechas para el 6 y 7 de octubre próximo.

Un chavo normal
Fue en 1992 cuando Alejandro Fernández debutó discográficamente como solista, con un álbum de título homónimo que operaría como el cimiento de una carrera que a la fecha le ha brindado infinidad de premios a nivel internacional y decenas de millones de discos vendidos en todo el planeta. Sin embargo, poco antes de grabar su primera obra, el hijo de Vicente Fernández se definía a sí mismo como “un chavo normal, un poquito introvertido” que solía estudiar arquitectura; cerca estaba de descubrir que en el futuro la normalidad y la timidez desaparecerían totalmente de su vida.
La primera aparición de Alejandro en un disco tuvo lugar al lado de su padre, cuando ambos interpretaron “Amor de los dos” (escrita por Gilberto Parra); aunque habría que apuntar que el día en que El Potrillo conoció los micrófonos fue cuando apenas contaba con ocho años de edad. El acto tuvo lugar frente a las cámaras de televisión y con Vicente al lado del entonces niño, quien, vale señalar, olvidó la letra del tema que interpretaba. (A.G.C.)

Programa
Cóncavo y convexo / Cuando digo tu nombre / Estuve / Qué voy a hacer con mi amor / No se me hace fácil / Me hace tanto bien / Hoy tengo ganas de ti / Se me va la voz / Te amaré / A manos llenas / Te voy a perder / Canta corazón / Me dediqué a perderte / Si tú supieras / No sé olvidar / Sueño contigo / Huapango de Moncayo / Guadalajara / México lindo y querido / Mátalas / Qué lástima / Que seas muy feliz / Abrázame / Es la mujer / No / Que digan misa / Loco / Si he sabido / Nube viajera / Tantita pena / Como quien pierde una estrella / Ya lo sé que tú te vas / La diferencia / Te sigo amando.

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