viernes, 23 de septiembre de 2016

5 Seconds of Summer: Sídney esquina con Liverpool



Sounds Good Feels Good / 23 y 24 de septiembre, 2016 / Dos funciones / 
1:55 hrs. de duración / Promotor: OCESA Promotora S.A. de C.V.

Julio Alejandro Quijano
El cuarteto entra corriendo. Miles de adolescentes gritan y brincan. La banda toma sus posiciones: dos guitarras, bajo y batería. Las jovencitas gritan más. El ruido obliga a los guardias, ajenos a la euforia, a taparse los oídos. Los músicos alzan los brazos para saludar a la multitud. Las muchachas más aguerridas forcejean para acercarse a sus ídolos. El bajista brinca y grita, instrumento en mano, para hacerse escuchar: “one, two, three, four...”. Comienza el concierto con Paul McCartney y George Harrison unidos en un micrófono para cantar “Twist and Shouts”, con John Lennon a la izquierda y, en una tarima, Ringo Starr en la batería.
Esta escena no es de 5 Seconds of Summer en el Auditorio Nacional sino de The Beatles en el antiguo Shea Stadium de Nueva York, pero podría serlo.
La descripción de esos primeros momentos coincide con lo que sucede cuando el bajista Calum Hood cuenta hasta cuatro para que los guitarristas Luke Hemmings y Michael Clifford interpreten “Carry On”, con Ashton Irwin detrás de ellos en la batería. Además, el volumen de los gritos también es comparable con el que quedó grabado en el documental de 1965 The Beatles at Shea Stadium.
Los integrantes de 5 Seconds of Summer lo saben. Ellos no desean ser como las boy bands tradicionales, no quieren ser la nueva One Direction o los sucesores de Jonas Brothers. Irwin lo dice claro: quieren ser como The Beatles. “Durante el setenta y cinco por ciento de nuestras vidas hemos probado que somos una banda real. No queremos ser sólo para chicas. Queremos ser para todos. Ésa es la gran misión que tenemos. Ya estamos viendo algunos fans hombres y eso es bueno. Si The Beatles y The Rolling Stones y todos esos chavos pueden hacerlo, nosotros podemos hacerlo también”.
Es evidente que una parte de esta misión —seguir el camino marcado por los de Liverpool— ya está hecha. Con apenas dos años de historia musical provocan histeria colectiva entre adolescentes, para quienes la tormenta que cae esta noche es, si acaso, el trasfondo melancólico con el que recordarán en el futuro su primer concierto de 5SOS. No así para sus padres, quienes se empapan, estoicos y dispuestos a esperar ciento diez minutos bajo la lluvia. Por fortuna, el Auditorio Nacional abre las puertas para guarecerlos en el vestíbulo. Se sientan en las escalinatas y, para matar el tiempo, comparten sus preocupaciones. “Para el concierto, mi hija me pidió un nuevo corte de cabello”, dice uno. “La mía me pidió maquillaje”, contesta otro. Un tercero se acerca para plantear una preocupación: “La mía me pidió un brasier… pero no sé para qué si todavía no lo necesita”.
La respuesta al apesadumbrado hombre está en el pedestal del micrófono de Calum. El bajista detiene el show antes de “Amnesia” para saludar en español: “¡Oh, Dios mío! Ya estamos aquí. Los extrañamos mucho, Ciudad de México”. Y entonces sale volando un sostén de una de las zonas VIP, que son dos espacios ubicados al pie del escenario. Imposible saber si es la prenda que compró el papá de la conversación porque, en el transcurso de “Amnesia”, Calum recibe otros tres brasieres. Todos evidentemente nuevos y muy grandes. Con entusiasmo, el bajista los atrapa y los cuelga.
El tendedero de prendas íntimas no es la única manifestación de culto hacia el cuarteto australiano. Cuando Michael Clifford plantea la posibilidad de quedarse a vivir en México —a propósito de “End Up Here”, historia de un noviazgo insólito que surge gracias a una camisa de Kurt Cobain—, las adolescentes enloquecen no veinte ni cincuenta segundos, sino hasta tres minutos. Es un alarido constante que obliga al ídolo a detenerse. Cada que quiere empezar “Permanent Vacation”, los gritos son más fuertes. Así que opta por quedarse quieto, como petrificado por efecto de la histeria.
Y así podría quedarse mucho tiempo porque en su camino a ser los nuevos Beatles, el cuarteto de Riverstone (barrio de Sídney en cuyo colegio comenzaron a tocar) ya tiene en México a sus summermaniacas. El resto ya es historia para los británicos, pero futuro para 5 Seconds of Summer.

Dueños de su destino
En medio de la euforia de beliebers (fans de Justin Bieber), directioners (seguidores de One Direction) y demás tribus congregadas en torno a los ídolos pop, 5 Seconds of Summer destaca por sus ideales rockeros. Usan playeras de Sex Pistols, Nirvana, The Rolling Stones y, en el caso del show en México, Iron Maiden y The Kinks.
Su talento, a pesar de que todos tienen veinte años (excepto Irwin de veintidós), va más allá de obedecer al manager o al productor. Durante los ensayos, ellos deciden la lista de canciones para los conciertos y poco a poco han encontrado su lugar. Irwin realizó el arte del segundo disco, Sounds Good Feels Good; Hood es el que mejor escribe letras; Clifford se hacer cargo del sonido, y Hemmings es el cantante carismático.
“Ahora sabemos qué es lo que queremos”, dijo Irwin en una entrevista con The Daily Telegraph. “Y si la regamos, será nuestra culpa”. (J.A.Q.)

Programa
Carry On / Hey Everybody! / Money / Don’t Stop / Disconnected / Long Way Home / Outer Space / Waste the Night / Vapor / Amnesia / Castaway / Jet Black Heart / End Up Here / Good Girls / Girls Talk Boys / Permanent Vacation / What I Like About You / She’s Kinda Hot / She Looks so Perfect.

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