jueves, 25 de agosto de 2016

Yoshio: De Japón a Yucatán



Lo maravi Yoshio de Manzanero / 25 de agosto, 2016 / Función única /
 2:30 hrs. de duración / Promotor: Marcela Hernández Yáñez.

Fernando Figueroa
Esta historia comienza en 1931, con la llegada del ciudadano nipón Yoshigei Nakatani Moriguchi al barrio de La Merced, en la Ciudad de México. Él era empleado de una fábrica de botones, pero quiso ser su propio jefe e inventó la botana que hoy se conoce como cacahuate japonés. Tenía muy buena voz y en sus ratos libres se distraía cantando temas tradicionales de su patria.
Don Yoshigei le heredó la empresa a su hijo Armando, y el talento artístico a otros dos de sus vástagos: Carlos y Gustavo. Carlos Nakatani (1934-2004) fue un destacado pintor que también incursionó en la dirección de cine y la escritura. Gustavo es el cantante que esta noche estrena con bombos y platillos su disco Lo maravi Yoshio de Manzanero, que contiene un puñado de canciones del artista yucateco.
Desde que Gustavo era niño, su padre lo llamaba Yoshio, que en japonés significa “hombre noble”. Eso tal vez no lo sepa Armando Manzanero, pero en el escenario le dice al anfitrión lo siguiente: “En esta vida se siembra lo que se cosecha, y usted siempre ha ofrecido cordialidad y cosas bonitas, por esto estoy aquí, acompañándolo en este lugar tan exquisito para la gente que nos dedicamos al espectáculo”. Con la humildad de los grandes, don Armando se sienta frente al teclado y pregunta: “¿Cuál es el tono?”. El bajista contesta: “La mayor”. A continuación, el compositor toca “Perdóname” y Yoshio pone la voz; luego hacen dueto en una versión jazzeada de “Voy a apagar la luz”, que genera el punto climático de la sesión.
Ya con el líder de la Sociedad de Autores y Compositores de México de regreso en su mesa, Yoshio ofrece de Manzanero “Por debajo de la mesa”, “No” y “Te extraño”. En este último tema, hay una parte de la letra que dice: “… como los árboles extrañan el otoño”. Una ráfaga de viento mece las hojas de un árbol que crece en el exterior del Lunario, pero puede verse al fondo del escenario a través de un cristal.
Además de esos temas del nuevo álbum, Yoshio repasa sus éxitos y rinde tributo a una generación de intérpretes y compositores que entre 1972 y 2000 giraron en torno al Festival de la Canción Iberoamericana (OTI). Con “Lo que pasó, pasó”, él ganó el certamen local y obtuvo el tercer sitio en la competencia internacional, celebrada en el Auditorio Nacional. Quien compuso esa canción fue Felipe Gil, que esta noche ocupa un asiento en el Lunario con su nueva personalidad de Felicia Garza. La ovación es estruendosa.
Yoshio recuerda que en 1977 grabó “El reencuentro” con Sonia Rivas, que contiene un ingenuo diálogo hablado entre una pareja de amantes. En esta ocasión lo acompaña Natalia Sosa, quien muestra simpatía a raudales y gran calidad interpretativa.
Buen entretenedor, Yoshio narra con picardía su incursión como actor y las reacciones de sus padres cuando les dijo que dejaría los estudios para dedicarse a la farándula. Sin andarse por las ramas, dice que le interesa apoyar la carrera de su hija Kaoru, una joven soprano que ofrece “El fantasma de la ópera” en dueto con el tenor José Luis Ordóñez.
Yoshio se despide con una sentida versión en japonés y español de “A mi manera”, pero ante la presión popular remata con “Reina de corazones”. Como telonero fungió Eduardo Ortega, un español que interpreta canciones mexicanas con voz muy potente y un ceceo que podría eliminar de este lado del Atlántico.

Programa
Eduardo Ortega: Urge / Un mundo raro / Regálame esta noche.
Yoshio: Samurái / Amo la vida / Podría darle más / Ámame / Con Natalia Sosa: El reencuentro / Natalia Sosa: Se nos rompió el amor / Por debajo de la mesa / Con Armando Manzanero: Perdóname – Voy a apagar la luz / No / Te extraño / Kaoru y José Luis Ordóñez: El fantasma de la ópera / Estreno / Como tú / Vive / Al final / La felicidad / Lo que pasó, pasó / A mi manera / Reina de corazones.

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