jueves, 18 de agosto de 2016

X Ambassadors: Canciones de magnitud épica


18 de agosto, 2016 / Función única / 1:10 hrs. de duración / 
Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional.

Alejandro González Castillo
La historia de X Ambassadors comenzó cuando los hermanos Sam y Casey Harris nacieron en Ithaca, Nueva York, pues la pareja creció con instrumentos musicales a su alrededor y con canciones firmadas por The Beatles, Billy Joel, Joni Mitchel y The Rolling Stones.

Sería hasta que el padre de la dupla le acercó a ésta discos de Woody Guthrie y Johnny Cash que Sam (voz, guitarra, saxofón) aprendió que basta con una canción para contar una historia de proporciones épicas. Desde entonces podía preverse el alumbramiento de un cantautor ansioso por hacerse de escuchas, cohesionando la narrativa fílmica, heredada del oficio de su padre, con los ganchos de la música pop.

“Quería hacer un disco que se sintiera como una película”, llegó a comentar Sam una vez que VHS (2015), el álbum debut de X Ambassadors, figuró en el mercado discográfico. Y vaya, desde el título de la obra se advierte que el cantante desea que su temario opere como una cinta cuyos protagonistas no sólo sean él mismo y sus compañeros en la banda, su hermano, Adam Levin y Noah Feldshuh, sino todos los seguidores que se han congregado alrededor de la música del cuarteto en el mundo entero. 
Naturalmente México no se ha aislado del fenómeno generado por los neoyorquinos y hoy centenas de fans se han encargado de llenar el Lunario. “Somos los X Ambassadors y ésta es nuestra primera vez aquí”, comunica el de la barba tupida apenas salta al escenario para así dar comienzo al filme de esta noche, haciéndole saber a quienes le aplauden que no puede dar más cariño, ayudado del coro de “Loveless”, mientras tubos de luces simulan ser las bandas de un ecualizador de audio colosal. El baile del autor de “Unsteady” se distingue por caótico, a ratos recuerda las evoluciones de Tim Booth (James) y en otros a un atleta llevando a cabo su rutina de calistenia. Por su parte, Casey (teclado), Adam (batería) y Noah (guitarra) tampoco escatiman energía al momento de atacar sus instrumentos, de modo que su despliegue coreográfico cautiva a los asistentes más jóvenes, quienes aprovechan “Gorgeous” para conocer cuál es el límite de sus cuerdas vocales.
El sonido de los XA —como sus fans los denominan afectuosamente— tiene aspiraciones claras: convocar a miles en estadios alrededor del planeta, algo que muy probablemente ocurra en algunos años (y “Jungle” sonará entonces, seguro que sí); sin embargo, más allá de las composiciones de coros heroicos, los músicos exponen su alto nivel de ejecución en canciones donde la influencia del soul y el rap son evidentes (“Naked” es el mejor ejemplo), que es cuando se descubre que, de llegar a su meta, el combo jamás lucirá como una pandilla de advenedizos sin talento. 
Cuando el de la cabeza afeitada toma el saxofón, antes de arrojar un falsete de potencia arrolladora, queda claro que la película de hoy está cerca de presumir los créditos. Entonces, el del instrumento metálico se acerca lo más que puede a la gente y le convida del poder de su micrófono para luego perderse tras bambalinas. Las luces de la sala se encienden cuando los amplificadores ya han sido apagados y los presentes, aún extasiados, se retiran deseando que la secuela de la cinta que hoy vivieron llegue lo más pronto posible.

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